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Full text of "Ramon Callorda Y Diaz 1980 Antologia Lirica"

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Ramón Callorda y Díaz 


Antología Lírica 

y 

Páginas en Prosa 


INTENDENCIA MUNICIPAL DE 
CANELONES 


- 1980 - 



la. Edición 

30 de Noviembre de 1980 
1.000 ejemplares 


Edición especial de la 
Intendencia Municipal de Canel 
por Resolución No. 1042 
del 9 de Mayo de 1978. 

Bajo los auspicios de la 
Academia Nacional de Letras. 



LIBROS QUE INTEGRAN ESTE VOLUMEN 

"LOS IDILIOS EN LA GRANJA " 

"CANTOS DE AMERICA" y "CANTOS PATRIOTICOS" 

"OTROS POEMAS" 

"LO QUE DICEN LAS COSAS" y " PAGINAS EN PROSA" 




DEDICATORIA 


A ti, amada mía, "desde el seno de Dios donde reposas ", te 
pido recojas tas emociones de este libro , que a nadie podría 
ofrecer con más legítimo orgullo que a ti, que fuiste ejemplo de 
bondad y amor. 


RAMON 




PROLOGO 


CANELONES tiene para mí un recuerdo afectuoso, inolvida- 
ble a través de una vida, porque en esta ciudad, capital del depar- 
tamento del mismo nombre, donde me inicié como profesor, dicté 
cátedra durante diez años, cátedra modesta y humana sin engola- 
miento de ninguna clase y por ella pasaron muchas generaciones 
de hijos de este departamento que se destacaron en las letras, en 
la diplomacia, en la política, en el foro y en muchos otros aspec- 
tos de la vida: ellos fueron Ochot eco, Braida, los Legnani, los 
Borbonet, losCallorda, Stelardo, etc.. 

Evoco el viejo Liceo, con su casona casi en ruinas, pero cor- 
dial y amable. Centro de cultura que proyectaba sobre el depar- 
tamento su magia eficiente, en las letras y en las ciencias. 

Llegaban al Liceo de Canelones, alumnos de Las Piedras, de 
Santa Lucía, de Pando, de Migues, que se confundían en abrazo 
fraternal con los hijos de la ciudad de Canelones, porque ninguna 
de aquellas ciudades tenía entonces centros de Enseñanza Secun- 
daria o Preparatoria. 

Debo recordar también a un hombre honesto y sincero que 
fue mi gran amigo, Jaime Borbonet, que durante todo el tiempo 
que fui profesor en Canelones hasta que me trasladaron a Monte- 
video, fue el único director que conocí. 

En aquel entrañable Liceo me vinculé con la familia Callorda 
que vivía en Canelones, a través de un discípulo distinguido: Ariel 
Callorda Verdaguer. Y a través de él conocí a su padre, don Ramón 
Callorda y Díaz, mucho mayor que yo, por el año 1930, pero nó 
por eso dejó de ser mi amigo, porque nos unía afinidades intelec- 
tivas. Debo recordar que en aquella época no tenía una idea tan 
cabal del valor intelectual de Don Ramón Callorda y Díaz, como 
lo tengo hoy en día, que he leído y seleccionado su obra inédita 
completa. Pero sí pude palpar su honradez, su sinceridad, su cora 
je cívico, su calidad de educador, sü lírico idealismo. 

Don Ramón Callorda y Díaz había nacido el 13 de noviembre 
de 1878, en Las Piedras. Pasó su niñez en Las Piedras donde con- 
currió a la escuela pública, trasladándose más tarde con sus padre: 
a la estancia de su abuelo, Juan Ramón Callorda que poseía er 
Cagancha, departamento de San José en cuyos campos se libró 1 í 
célebra batalla de Cagancha. 

Se graduó de maestro en 1 898. Formó en Canelones una fami 
lia tranquila y bien constituida, de su matrimonio con doñ 
Elodia Verdaguer Vidal, con la que tuvo tres hijos varones 

Ejerció el magisterio pos-vareliano en Santa Lucía, departa 
mentó de Canelones, hasta 1912, en la única escuela pública d 
aquella localidad. Desde 19 1 3 a 1933 desempeñó el cargo de Teso 
rero de Instrucción Pública. Fue miembro de la Junta Electoral d* 
Canelones y durante dos períodos, miembro de la Asamblea Re 
presentativa, organizando en 1922 un curso Nocturno para adu! 
tos en la misma ciudad. 


3 



Tal es la trayectoria cívica de don Ramón Callorda y Díaz, 
que si no llegó a ocupar más altos cargos, no fue porque no le so- 
braran condiciones sino por haber militado en la oposición del 
Partido Nacional. 

Nos dedicaremos en este prólogo más que nada a la silueta del 
poeta, dejando aparte al ciudadano y al hombre público. 

Don Ramón Callorda y Díaz escribió una serie de sonetos 
que tituló IDILIOS DE LA GRANJA y que hoy ven la luz junto 
a otras poesías y prosas de este autor, por la colaboración que a la 
publicación de su obra ha prestado generosamente la Intendencia 
de Canelones, con el apoyo del Sr. Intendente, don Gervasio 
González, al proyecto que yo presentara a la Academia Nacional 
de Letras, de la que soy miembro y que el Ministerio de Cultura y 
Educación ha hecho suyo, que fuera apoyado y aprobado, por la 
Academia y el Ministerio, creando dos premios para obras edita- 
das e inéditas, en apoyo de la labor de los escritores del interior. 

El caso presente es de estricta justicia, pues se trata de hacer 
conocer dentro y fuera del Departamento, la obra de uno de los 
poetas más preclaros de Canelones. 

En los sonetos de Callorda se canta a las animales de la 
granja; la vaca, la paloma, el perro, el conejo, las abejas, etc. y en 
:ada uno de estos hermosos sonetos, se cantan los amores, las 
pasiones y especialmente las características sicológicas de cada 
inimal. Sicología animal lírica expresada en bellos versos. La co- 
bertura de los sonetos de Callorda, tiene la fineza de expresión, 
a riqueza metafórica y el garbo ondulante de los sonetos de 
lerréra y Reissig. Tal vez este poeta fue su poeta predilecto, como 
o demuestra el poema que le dedica; pero Callorda no fue un 
gritador, sino un creador, porque por otra parte, Herrera y 
teissig es inimitable. 

En “Las abejas” dice Callorda, por ejemplo: 

“Zumban por tanto los enjambres bajo 

el mosaico de tintas meridianas” 

Del “Gallo”, dice: 

“Y el gallo desentume la prusiana 

apostura marcial que lo envanece” 

Podríamos citar muchos ejemplos más de hermosos versos y 
finales metáforas, pero no queremos hacer demasiado extenso 
|te prólogo . Y hasta cierto barroquismo de Herrera y Reissig lo 
icontramos en algún poema como el titulado: “En el cementerio 
cal, mirando a la muerte”, que mucho nos ha gustado por la 
ofundidad de sus conceptos. 

¡ La musa polifacética de Ramón Callorda y Díaz le impuso 
ros poemas de distintas formas métricas, en las que usó el verso 


4 



libre, la décima, etc. y temas muy diversos. Así son notables los 
poemas dedicados a América: el Vuelo de Cóndores, a las Playas 
de América y los cantos patrióticos: a la batalla de Sarandí, a 
Zabala, etc. El tema del amor fue tratado también por el autor de 
“Los idilios de la Granja”. 

¿Era el poeta un romántico? Creo que sí, pero también un 
realista, un fino observador y un ironista. 

En prosa también demostró su talento como lo prueban sus 
cuentos y diálogos. 

Ramón Callorda y Díaz es un poeta de verdad y eso es decir 
mucho. 


ILDEFONSO PEREDA VALDES 


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PARA EL LECTOR 


Siempre tuve por obra difícil la de escribir un libro. Dar a luz 
un hijo del pensamiento, quedó reservado en otros tiempos, para 
los predilectos del genio. 

No hay elaboración más ardua que la del cerebro, pormuni- 
ficente que éste sea. En sus complejos engranajes, el más ínfimo 
desvío puede desmoronar una obra prolija y fecunda. 

Nunca somos bastante sabios, para abordar las de esta clase: 
desde el bacterio que gira en mu tt i- millonésimo radio de acción, 
hasta el zodíaco que abarca palpitaciones luminosas, encuentra el 
hombre, en vorágines infinitas, un libro que la humanidad apenas 
deletrea. 

Sólo por amor a la PATRIA INTELECTUAL, o por dejar 
leve rastro de nuestra breve permanencia aquí, hemos de resolve- 
nos a concretar en unas cuantas páginas, líricas emociones recogi- 
das en nuestra peregrinación por los desfiladeros del mundo. Son 
páginas vividas en la trama ardiente de los seres asociados a 
nosotros, y de los cuales llevamos en nuestras pupflas la visión de 
ensueños, cuando no la inquieta y palpitante del fervor con que 
la VIDA realiza la perpetuidad admirable de sus criaturas. 

Páginas de amor que no deberán leer quienes hayan abomi- 
nado un instante siquiera de la fresca risa de las auroras, o quienes 
hayan desgarrado sus sentimientos en los odios que menguan la 
personalidad gris, existente en cada espíritu, pulido por el esmeril 
de las civilizaciones. 


EL AUTOR 




"Los idilios de la Granja” 




EN LA GRANJA 


La tierra generosa y cancionera 
Brindaban reparo con exceso: 
Contemplaron el intimo proceso 
Los gorriones que inundan la pradera . 

Muy tímida en su joven primavera 
la niña campesina pone un beso 
De lánguido y altísimo embeleso 
Del mancebo en la boca placentera. . . 

Deslíese en palabras la promesa 
De amarla con locura , hasta la muerte , 
Mientras vibran los cálices fecundos; 

Y ala hora misma en que la noche empieza, 

El esplendente cielo se divierte 

Con su ajedrez de inenarrables mundos . 


11 



LA VACA 


La noche es un embrujo de belleza - 
Donde vagan los gnomos del misterio; 
Fluye la evanescencia de un salterio 
En toda la sutil Naturaleza. 

Embriagan -vaso fino de tibieza 
Del ambiente -las flores con su imperio 
De perfumes. Plásticamente serio , 

El vaquero , flanqueando la maleza. 

Arrea la lechera exuberante 
Exclusa abierta de opúlénta ubre 
Que olfatea de lejos al ternero , 

Pedazo de su entraña , mendicante , 

Que ella alumbrara en el cercano octubre 
Sobre la gualda cama del ‘‘pajero 


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LA RATONERA 


Sencillo traje de color (i raido ” 
Mirándola parece que tuviera; 

En su vuelo fugaz la * ‘ratonera” 
Huye de los demás como un vencido. 

No es un pájaro ignaro y atrevido 
Como el tordo galán y calavera , 

Ni es la “doble laringe” cancionera 
Que del acento nítido ha vivido. 

Solo existe su amante para ella 
del viejo muro en la profunda grieta 
En donde crian la familia luego; 

El sol de estío acaso alguna estrella , 
Alumbrará su lecho que interpreta 
Aquel amor de corazón y juego. 


13 



LA PIARA 


Plasma su augusta majestad el cerdo 
Frente a la reina madre de la piara 
Que lo contempla con amante cara 
Ya que realizan fraternal acuerdo . 

‘ "Junto a la mesa del banquete pierdo 
-Gruñe aquel Sancho que a su prole ampara- 
Esta mi forma en apariencia avara , 

Este mi paso mesurado y lerdo. ” 

“Luego realizo el intimo Quijote 
De amor de carne , hondo hasta los huesos 
-Ritmo viviente, gráciles chicuelos- 

Del alma mía julgido lingote , 

Vaso insonoro que derrama excesos 
En la penumbra de invernales cielos . ” 


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LA PALOMA 


Emerge , mensajera silenciosa 
Del palomar lejano donde mora , 
Como si fuera la gentil señora 
De la consagración maravillosa . 

Cruza los campos sin tensión nerviosa 
Del porvenir en pos y de la aurora , 

Y al nido toma luego porque es hora 
De la nupcial salmodia religiosa. 

La noche de zafir los envolvía 
En túnica de astros y de soles 
Cubriéndoles el tálamo también. . . 

Cuando amanece cauteloso el día , 
Ensueñan los primeros arreboles 
Un beso tierno bajo aquel edén. 


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COLIBRI 


Gota de azul del cielo desprendida , 
Euritmia y bibelot , matiz de acero , 
Guiño fugaz del pálido boyero , 
Armonioso compendio de una vida; 

Simula un arabesco tu emprendida 
Carrera por las flores del sendero , 

Y llegas al nectario , caballero , 

En pos de una emoción desconocida 

Regresas en las cálidas mañanas 
Radiante de placeres a tu alhambra 
Colgante del extremo de una hoja , 

Cuando pasan las cántigas lejanas 
Entre compases de morisca zambra 
Del ritmo tuyo , eterna paradoja. 


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EL CANARIO 


Dice de luces alba primavera 
Junto a la jaula de oro del canario 
Que pulveriza -dulce estradivario- 
En armónico canto su quimera . 

Inflama su plumón la compañera 
De amor y de pasión y de calvario , 

En encendido lecho solitario 
Debajo de la riente enredadera \ 

Los grifos de cristal del árroyuelo. 
Arrastran sus canciones por el suelo 
Cuando eleva el canario su poema; 

Rivaliza después un contrapunto 
Al tiempo que la Urna como un punto 
Engarzada en el cielo, es una gema . 


17 



EL PERRO 


Duerme la tierra su profunda siesta 
De caliente verano en el regazo , 

Y en las húmedas cuencas del ribazo 
Un can celebra del amor ¡a fiesta. 

Su compañera con pasión le presta 
Toda la fiesta de sensual abrazo. 

Hasta que al fin en el postrer ocaso 
Se van tranquilos por la senda opuesta. 

Clausura el día con nocturno broche 
Las sensaciones del amor vivido 
De carne y hueso en la existencia toda; 

Da pena el perro en la profunda noche 
-Nuevo galeote a la cadena uncido- 
Ver cómo añora su galante boda. . .! 


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EL COCUYO 


Enmudece la granja en la postrera 
Extenuación del último celaje , 

Y se va por la puerta del paisaje 
La tarde de una rienté primavera. 

De los remansos triscan a la vera 
Blancos rebaños de rizado encaje , 
Que emprenden luego inusitado viaje 
Bajo el misterio de la azul esfera. 

Inclinan la cabeza cual devotos 

Y lánguidos y verdes saucedales 
Que tejen los ensueños de la fronda , 

Cuando surgen cocuyos de los sotos 
Con el oro estival de sus fanales, 
Hacia la noche perfumada y honda. 


19 



EL CABALLO 


Bajo el índigo cielo la faena 
Inician lentamente los peones , 

Y un gallardo ejemplar de los frisones 
Uncido corre a la fecunda escena. 

Alma de procer en la brega , llena 
De trabajo feraz las estaciones , 
Ligamento de amor de las naciones 
En el asombro amargo de su pena. 


Anuncia la campana en el alero 
La mesa puesta , la bullente vianda , 
Bajo el cielo esperanza de las parras , 

Mientras sube la cuesta del otero 
-La crin al aire como suelta banda- 
El ancho flete de robustas “garras”. 


20 



EL CONEJO 


Estereotipa su r m irada roja 
La inquietante pasión que le domina: 
La toma , la contempla y abomina, , 
Otelo que la cela y que se enoja. 

Luego , encendido , con desprecio arroja 
-En un gesto de rabia que fascma- 
De su volátil corazón la inquina 
Como si fuera una mortal congoja . 

Amanecen veranos promisores. 
Opulentos , de rara inflorescencia 
-Embriagante y sagrado pebetero- 

En la nueva Bagdad de encantadores 
Harenes de la erótica vehemencia „ 

En donde le mantienen prisionero. 


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LAS ABEJAS 


Las horas de la granja las aldeanas 
Celebran , canturreando en el trabajo; 
Zumban en tanto los enjambres bajo 
El mosaico de tintas meridianas. 

Tocan las doce en punto las campanas 
En dulces vibraciones a destajo , 

Y cuelga de los cielos el andrajo 
Que tiñe de mal tiempo las mañanas. 

Exploran los enjambres avizores 
En las tardes de nácar los nectarios 
Donde mojan el oro de su antena; 

Ante el arco de múltiples colores 
Geometrizan -insignes lapidarios- 
Los panales de miel de la colmena. 


22 



EL GALLO 


Dormita el vecindario y amanece 
En góndolas de encajes la mañana , 

Y el gallo desentume la prusiana 
Apostura marcial que lo envanece. 

Sumisa la gallina empalidece 
Delante su presencia soberana. 

Y humilla la diadema de sultana 
Que el seno y la cabeza le guarece. 

A manera de harenes musulmanes 
El tiempo se desliza sin desvelos 
Viviendo las delicias del serrallo , 

Y príncipe y sultán de los sultanes 
-Paterno bienhechor de sus polktelos- 
Es un Quijote convertido en gallo. 


23 



EL GATO 


Romancesco , sin capa y sin espada , 
Mensajero de amor , teta e/ tejado 
Escala con. apuesto desenfado , 

£>z caballero , Gte su amada. 

Inquiere en las tinieblas su mirada 
La presencia del bien idolatrado : 

En caricia noctámbula ha gustado 
La extrema conmoción de la llegada. . . 

Rubrican del amor aguda nota 
Consolatriz , extrañas emociones 
Sedantes y exquisitas en la hora 

De aquella madrugada ya remota , 

Qwe eternizan divinas sensaciones 
Que el romancesco caballero añora. 


24 



EL CORRIO 


En la escena pueril de la hondonada 
Trafican con la mies los labradores , 
Cuando queman de enero los calores 

Y madura la espiga sazonada . 

Taciturna la tarde y asoleada , 

Parece pensativa de esplendores ; 

Y al compás dé infinitos surtidores 
Abreva alegremente la bandada. 

La voz de la campana desde lejos , 
Rememora el ritual de tiempos viejos 

Y al cura solitario de la aldea: 

Emigran a esa hora los gorriones. 
Mendigando la voz de sus canciones 
A los fiilgores de la luz febea. 


25 



EL PATO 


Con tardo paso de invasor prudente 
Van hacia el lago los tranquilos patos 
Que por la senda marchan sin reatos 
Bajo el bochorno del verano ardiente. 

Galante parloteo de la gente 
Semejan sus menudos pizzicatos 
Que se dispersan en las sombras gratos. 
Quemados por la fiebre del relente. 

Abre la noche su sepulcro negro 

Y cierra el día las esclusas blancas 
Sobre la turbia vastedad del lago , 

Diluye el pato su primer alegro * 

Y en un borrón se funden las barrancas 
Gestos huraños del tranquilo pago. 


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MANGANGAES Y MARIPOSAS 


Abre su roja puerta primavera 
Al celeste cairel de las, glicinas, 

Y ensueñan como termes figulinas 
Tornasoles de luz en la pradera. 

Misioneros errantes en la esfera 
Rezongan como viejas adivinas , 
Mangangaes en pos de golosinas 
Que llevan a su nido en la tapera. 

En rubíes de fulgidas facetas 
Aparecen de noche los planetas ; 
Inquietos peregrinos del espacio; 

El silencio aterriza entre las cosas , 
En tanto las pintadas mariposas 
Se acogen al calor de su palacio . 


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LA LECHUZA 


Huye la tarde displicentemente 
Huraña de avaricias invernales , 

Y en íntimo conflicto los jarales 
Besan al río penitentemente. 

La noche maga , fervorosamente 
Celebra de sus bólidos astrales 
Sus noctámbulas fiestas ancestrales 
Cuando trafica las puerta del poniente. 

En los abismos de la sombra cruza 
En dubitante vuelo la lechuza 
Con el puñal de su mirada yerta , 

Y claman en la noche desolada 

Sus cantos que se pierden en la nada 
Junto a la tumba mística y desierta. 


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LA MULA 


Diluye el esfumino de la aurora 
El sangriento rubí de un sol de enero , 

Y al uncir las tres yuntas , el boyero 
La gris mañana silencioso explora. 

Danza la Vida en la temprana hora 
Sobre la verde grama del otero 

Y anímanse las flores del sendero 
Con el rocío que la noche llora. 

La muía de la granja -la curiosa 
Doncella de impecables castidades 
Despierta , cual filósofo discreto- 

Obra incompleta , acaso milagrosa , 
-La mentira mayor de las verdades- 
De la Madre Inmortal , raro secreto. 


29 



EL TERU-TERO 


En el extenso prado la pareja 
Agudiza su extrema vigilancia , 

Y en vuelo calculado, la distancia 
El teru-tero de su nido aleja. 

Cuida la esposa a la manera vieja 
Con arrogante y suma petulancia 
Su lecho que embalsama la fragancia 
Que en el ambiente la gramilla deja. 

Urde avizor su melopeya extraña 
Cuando sitia el rebaño su Rochela 
En medio de los campos extendida. 

En penumbras se envuelve la cabaña 
Cuando raya los cielos una estela 
Donde hiende la fiebre de la Vida. 


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EL HORNERO 


Saluda con cánticos nativos 
La presencia del sol de la mañana. 
Cuando cruzan silentes la sabana 
Los vacunos ariscos y agresivos. 

Arquetipo de orfebres redivivos , 

Es una maravilla que se ufam 
En el barro que moja la fontana 
Donde graba sus puntos suspensivos . . . 

Emmora la bella arquitectura 
Del palacio que labra febricente 
Cuando queman los hornos del verano; 

Y parece que juera um locura 
Que su nido surgiera del torrente 
De las negras arcillas del pantano. 


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LA HORMIGA 


Su pentagrama de color trasunta 
En rituales de encantos , Primavera , 

Y el Cuerno de Abundancia en l ’a pradera 
Se vuelca como signo de pregunta . 

Hunde el arado la bruñida punta 
Que guia el labrador con la mancera , 
Mientras marcha, tomando delantera 
Paso ante paso , la paciente yunta. 

Los enjambres de hormigas invasoras , 
Después de las molicies del invierno , 
Acometen los cálices abiertos , 

Y en ‘ [Flámulas de fuegos” las auroras , 
Dejan su beso de caricia eterno 
Sobre la frente de los tallos muertos. 


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LA CALANDRIA 


De mañana -temprano- cuando vierte 
Octubre el zumo de la noche fresco 
El cuadro se presenta pintoresco 
Alejando el fantasma de la muerte . 

Subráyase la vida de tal suerte 
El prado rememora un arabesco 
De luciente contorno principesco 
Junto al barranco de apariencia inerte . 

La joya del cristal de su garganta 
Vuelca en la onda de esplendor sonoro 
La calandria magnifica y amable. . . 

¡Y parece que habla cuando canta 
El más vidente pájaro canoro 
De la modulación incomparable! 


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LA LIEBRE 


La mies tapiza el suelo de la granja 
Cuando el verano se traduce en fiebres , 
Quedándose desiertos los pesebres 

Y seca la vertiente de la zanja. 

Madura lentamente la naranja 

Y asustadas despiértanse las liebres , 

A tiempo que magníficos orfebres 
Pintan los cielos de rojiza franja; 

Las orejas atrás en la carrera 

Por los campos desiertos de la hacienda 

Y el temor en la escena de los ojos , 

Cada liebre fugaz es misionera 
De la banalidad de una leyenda 
Que en la cárcel muriera entre cerrojos . 


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LAS CABRAS 


Envueltas en las túnicas de enero 
Bajan las cabras del cercano risco , 
Cubriendo la planicie del aprisco 
A los guiños del plácido boyero. 

El balido continuo y majadero 
Cabalga sobre el cálido ventisco 
Que sutilmente se retuerce arisco 
Con ruidos de imposible sonajero . 

Reposan de las diurnas inquietudes 
Y amanecen con nuevas juventudes 
Brindándoles las mamas al cabrito , 

Que retoza por toda la comarca 
Cual si fuera el botija de un monarca 
Adulado por todo el infinito. 


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EL BURRO 


No es el burro que implora Mesalina 
Con sus cárdenos labios de borracha , 

En los regios banquetes cortesanos ; 

Es el paciente de la oreja larga , 

El que soporta el huracán de palos , 

En las horas de plomo de la granja. 

No es el borrico de los reyes magos 
Que enalteciera la palabra santa , 

Ni el que enfrenan enfáticos los Sanchos 
Camino de opulenta Baratarla. 

Es el rucio de todos los mercados 
Sin Dios „ ni norte , ni oración , ni gracia , 
Que ignora las delicias y los salmos , 
Mientras paciente por (a senda marcha . . . 

El es el que ha dejado diez mil años 
En las grietas sangrantes de la fábrica 
-Regalados al hombre- de trabajos 
Sin que nunca , jamás , se le pagara. 

El tuvo la ironía de los Labios 
(de los burlescos labios de 1a. hampa) 

La ojeriza y el odio de los tantos 
que ya perdieron su conciencia humana. 


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la gallineta 


Canta la gallineta su argentino 
“Tiojuan” sonoro (la estridente nota!. . J 

Y en la penumbra del estío flota 
Toda la gama de su canto fino. 

Mana del cauce ( grifo diamantino) 

Al mismo tiempo que la planta brota „ 

La perdurable , cristalina gota 
Diluyéndose en ¡los de su destino. 

Copia los tintes del profundo cielo 
Su traje gris -color de cerebelo - 

Y cuando anida junta a la maleza, 

Rebosa de tesoro fecundada, 

De tal manera que semeja un hada 
Que en palacio celebra su riqueza. 


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EL BUEY 


Bajo el pu ¡izante clavo del implacable dueño 
El émulo de Apis resiste la fatiga , 

Regando con sus lágrimas ele infatigable empeño 
El tálamo en que brota la perdurable espiga. 

Con tardo paso trepa por la comarca abrupta , 

En el testuz condensa las diez mil abundancias: 
De aquel gigante esfuerzo ha de nacer la fruta 
De dulcidos sabores y nítidas fragancias. 

Y mando cae la sombra que véspero trasunta 

Y vuelve lentamente el buey a la cabaña , 

Se queda la comarca ¡ tan sola sin la yunta! 

Que lloran como niños el prado y la montaña. 


38 



LOS PAVOS 


Marcha la tropa lenta y displicente 
-(Un aire distraído la domina )- 
Al opulento prado que fascina 
Con su verde peiuch munificente; 

Voraces, picoteando la simiente 
-Bebiéndose la gota diamantina- 
Que la noche tiró galante y fina 
Desde el nítido cielo transparente . 

Inflama su plumón el pavo- jefe 
Imperativo, en ademán arcaico , 
Frente al grupo sumiso y obediente: 

Gira su cuello con perfil de F, 

Y continúa por aquel mosaico 
Que tornasola el cálido relente. 


39 



LA GRANJA 


Al devoto cariño del verano 
Rebosan de perfume los senderos 

Y en los valles ; la mies de los graneros 
Rima su acento m ístico y lejano . 

Al tajo del cuchillo cae el grano 
Envuelto en el clamor de los pamperos 

Y vierten , los racimos prisioneros 
Sangre y ensueño , flores y pantano. 

Vibrando de la granja los idilios 

En medio de aromáticos concilios 

Que embalsama el ambiente en la distancia , 

Es la vida más dulce y apacible , 

Porque todo lo trueca inconfundible 
El bendito sabor de la abundancia . 


40 



"Cantos de América” 


y 

'Cantos Patrióticos” 




VUELO DE CONDORES 


Sobre todos los abismos y las grietas sempiternas 
De montañas y de témpanos, 

Sobre pampas , sobre mares 

Y mil selvas misteriosas 
Del inmenso Continente Americano , 

Van los cóndores caudales , 

Persiguiendo el horizonte de la luz renovadora 

Y mirando cara a cara los sistemas planetarios t 

En que flotan como átomos 
Diez mil mundos fragmentados 
Sobre océanos y mares y sonantes cataratas , 

Y volcanes abrasados en el homo de sus llamas. 

Con sus picos aspirantes y las orlas de su cuello 
Como anillos de un planeta , 

Con sus garras contraídas ; 

Son los cóndores caudales 
Los señores soberanos de la eterna inmensidad . 

Nadie osó tocar sus nidos , 

Mano alguna quiso nunca , someterse a los abismos 
Donde moran los polkielos 
Ensayando sos volidos 
Sus volidos portentosos ; 

Aprendiendo lo insondable, dialogando con los soles 

Y escuchando ventisqueros 

Y orquestriones de montañas por las noches. . . 

Ni los gélidos pamperos arreciantes, 

Ni el caer despedazado del geológico picacho , 
Inmutaron a los cóndores tranquilos 
Desde el signo culminante donde posan , 
Restaurando sus fatigas > 

De cruzar sobre los mares y de hundirse 

Tras los cósmicos hervores 

De falanges de asteroides pensativos y fugaces. 


43 



HOMENAJE 


Es la América libre quien golpea 
De la Italia gigante en una tumba, 

Es la voz de la América que zumba 
A los fulgores de la luz febea; . 

Es la América libre , gigantea 
Quien remueve las horas de ultratumba, 
Quien rompe la siniestra catacumba 
Con los rayos ardientes de la Idea. 

Es la América libre la que arroja 
Entre los surcos de la vida intensa. 

El poema de todas las verdades ; 

Para que el nuevo numen las recoja 
En la fiebre de amores que condensa 
La conquista de grandes libertades. 


44 



12 de OCTUBRE - AMERICA 


La America dormía amurallada 
Por el azul oleaje de los mares, 

Turbando ¿a mudez de sus desiertos 
La plegaria infernal de sus volcanes; 

En ¡as ricas entrañas de su suelo, 

En sus selvas sombrías. 

Mansión de los felinos iracundos ; 

Los tesoros bullían . 

Mundial joyel que presintió el marino 
Que al Mundo Viejo le brindara un mundo 
Arrancado a la entraña del abismo. 

Del trópico en la hornaza 
Se evaporan i os ríos toirenciales , 

Para volcar en lluvias sus caudales 
Del Orbe en las comarcas. 

Los sabios y los solios 

En medio al esplendor de las coronas 

Y ai que irt'adia ia ciencia. 

Condenaron ai rudo peregrino , 

Y loco le llamaron 

Al que inflamó ¡a. Historia , 

¡Con la página bella de la Gloria ! 

Al que sintió el fermento formidable 
De ia clarovidencia alumbradora, 

Al que la envidia dijo “ ¡Miserable!” 

Al que surcó los mares de sargazos 

Y ai Viejo Mundo con el Mundo Nuevo 
¡ Confundió en mil abrazos! 

Al que plantó la antorcha de la Europa 
En medio de la noche de la América 
Al que jamás detuvo el i( non plus ulna ” 
Al de la colosal hazaña homérica. 

A Colón inmortal Al que saluda 
La tierra reverente, 

Al que nos diera el trópico candente; 
Aquel que a nuestras plantas 


45 



Con todo el corazón , 

Depusiera la virgen creación 
Que ignoraban los sabios y los solios 
Engastados en viejos capitalios. 


46 



PAMPAS Y MONTAÑAS 


Las montañas y las pampas . . . 

Las montañas y las pampas que se miran frente a frente , 

En la lengua de los dioses , con hipérboles magníficas 
Se traducen mil ensueños -los ensueños de mil siglos-, 

De mil razas que pasaron presurosas 

Por las rudas intemperies de incontables cataclismos , 

Y bebieron los ciclones portentosos 

Por sus picos congelados ; que al hundirse entre los cielos 
Se aproximan a los astros, 

Las montañas y las pampas que se miran frente afrente . . . 

Las montañas y las pampas 
Han dejado maravillas , indecibles maravillas 
Para el estro que se enflora 

Con lo grande y lo pequeño , con el átomo y el cosmos . . . 

Las montañas arrogantes , 

En geológicos banquetes arrojaron a las plantas 
De las Pampas, 

Las bandadas desús cóndores , los flamígeros cordajes 
De los hórridos volcanes , 

Los deshielos presurosos , y los vírgenes girones de los árboles 
Que nacieron entre abismos y peñascos y torrentes como mares . . . 

Y las pampas silenciosas -tornasoles de espejismos- 
Bajo todos los clamores -los clamores de la Vida- 

Se han tumbado para siempre a los pies de la montaña 
Cual lo hiciera en los harenes. 

En sus lúbricos harenes , la sultana ; 

Se han tumbado, pero envían sus mensajes , 

Sus mensajes misteriosos a las cumbres f a las cumbres más altivas 
Donde enhebran los ingentes monumentos 
En los ápises eternos, 

Filamentos estelares . . . 

Son las pampas silenciosas , tornasoles y espejismos . . . 


47 



PLA Y AS DE AMERICA 


PLA YASDE AMERICA que la mar burila 
En su taller de sombras. 

Entre abismos y cúspides 

Y tronar de volcanes 

Que modelan, fervientes, los titanes. 

PLAYAS DE AMERICA: tu cuadriga se acuesta 
Como el nítido sol en las espumas , 

Mientras el cobre de tu iodo tuesta 
El transparente cuarzo de las dunas . . . 

Atalaya que asombra , el Chimborazo 
Cúbrese con la clámide 
De sus nieves eternas. 

Montaña de ios nidos de los cóndores 
De incomparable y singu lar belleza, 

En la fragua incesante de los mares 
Se afelpan las arcillas , 

Y' de Neptuno en cada dentellada , 

Emerge una ensenada. 

Para que sirva de tranquilo puerto 
Al oceánico nauta peregrino. 

PLA Y AS DE AMERICA : 

Cuando el alfanje de la ciencia quiso 

Unir de un sólo tajo 

El fragor del Pacífico y Atlántico , 

Esas cumbres cayeron de rodillas 

Y quedaron abiertas las exclusas 
Enfermas de terribles desencantos. 

Playas de A mérica, en cuya escena trágica, 
Formidable , combate el Amazonas, 

Como fiero caimán en la contienda. 

Sobre palenque de infecunda arena . . . 

Dilatados encajes de las playas 
Donde el * Rapto de Europa ” se consuma, 

Y paga su tributo a la. conquista 
El azteca cetrino, Moctezuma. 


48 



Cañbanes perfiles donde canta 
El ave tropical su maravilla , 

Y en donde se levanta 

Un altar de emoción en cada antilla. 

Playas que zumban con extraños sones 
De invisibles orquestas ; 

Sonámbulas canciones 

Que el mundo canta en singulares fiestas . . . 

Playas de América : en el aduar risueño , 
Nació la libertad de tus riberas. 

Cuando el primer mtivo sobre un leño , 
Avanzó más allá de tus fronteras. 


49 



CANTO AZAVALA 


Sobre el ancho sepulcro de los mares , 

En pos del ensoñado NUEVO MUNDO , 

Atraviesan los frágiles bajeles , 

Buscando de las selvas misteriosas 
El intimo secreto , que su cofre , 

Encierra en la augusta creación. 

Las playas infinitas y lejanas , 

Las selvas perfumadas , 

£7 crótalo que repta , /os cóndores caudales , 

Zfe/o e/ arco efe Zwz americano. 

Son páginas vivientes , 

el genio de Colón entreveía 
En sus locos delirios de profeta 
Interrogantes del eterno arcano- 
impresos más allá de Finisterre 
Al borde de lejanos occidentes . . . 

De pronto , salvadora y prometida 
Del mar caribe la primera tierra 
Se brinda promisora , 

Cubriendo con su clámide de brumas 
A la fausta legión descubridora 
De aquel arcano que un tesoro encierra! 

La mañana de Octubre legendaria 
De espléndidos fulgores arrebata 
El alma de Colón . 

Hiende el espacio 

De ¡TIERRA, TIERRA! el clamoroso grito, 
Al puma despertando en su guarida , 

Y se abre para el mundo desde entonces 
i Un cauce nuevo de profunda VIDA ! 

La humana estirpe apagará en sus ríos 
La sed que la devora de expansiones, 

Y en sus comarcas saciará su hambre, 

Y en sus cumbres celestes 
Sabrá de libertades lo que ignora. 

El ritmo de los hórridos torrentes 
Que suena en el cordaje de los montes. 

Celebra el despertar del nuevo mundo 
Tras amplios horizontes. 


50 



Luego un remanso -una quietud que espera- ' 
¡Del alma occidental la sacudida . . / 

Como el beso de amor que da una boca 
Para infundir exuberante vida. 

Pasan los siglos, la conquista llega 
A cada palmo de la tierra ardiente 

Y en medio de las pampas 
Emergen las ciudades , 

Que trasuntan hervores de una etapa 
Tres veces milenaria . . . 

Brindan los montes cúspides eternas, 

Vastísima planicie el Continente, 

Festonan las arenas 

El arcén de los ríos 

Y truenan los oleajes. 

Como en el antro los feroces leones 

Y vibran las canciones 
Más raras y salvajes 

En el seno fecundo de la seh'a . . . 

La tranquila quietud de los aduares 
Turba el conquistador y por doquiera 
El ensueño de la Europa reverbera 
De la América inmensa en los altares. 

Pueblos que balbucean la palabra 

Que ha de trocar el pon-enir en VERBO: 

IGUALDADES, TRABAJO , DEMOCRACIA 

Y una, tan sólo , augusta aristocracia: 

La del noble talento soberano. 

Pueblos cuyo fervor clarovidente 
Han de ax'entar la ergástula 

Que man sillo la frente 

Y la conciencia humana , 

En el cetro “ infernal de TORQUEMADA 

Fue la CIUDAD “que delineó ZA VALA ” 

Uno de aquellos pueblos 
Febriles de inquietudes , 

-Cuna de libertades- 


51 



Que amasaron las gauchas multitudes 
De las nueras edades. 

Deslumbrante CIUDAD , MONTEVIDEO , 

En su seno fecundo „ 

Brotaron los nenúfares 

De la moderna libertad del mundo . 

Fw£ la insigne CIUDAD , conquistadora 
Cuando estuvo el derecho escarnecido , 
y vencida ¡Tan grande en su derecho ! 

Que la proclama el porvenir , 

/we ¿j Ciudad que el gran Zavala 
En esta tierra cimentó gallardo , 

¡Magnífica cósmópolis! 

Que diviniza la canción del bardo . 

Ella plasmó la montaraz leyenda 
Cuando el britano 

Frente a sus muros enclavó su tienda. 

La CIUDAD de Zavala, 

-Arúspice que explora las entrañas • 

De América Launa- 

Ha escrito en los anales del Estuario 

Los mitos indomables desús huestes . . . 

De aquél inquieto paladín heroico 
El recuerdo perdura en los pamperos 
Que vuelan por ¡as calles ciudadanas , 

Diluyendo los íntimos misterios 
Del ingente tronar de las montañas ! ... 

En cuna de granito infatigable , 

Al beso futurista de los soles 
El recuerdo será de aquel hispano 
Más recio que los robles 
Del suelo americano . 

Funda el gobernador inmarcesible 
La Ciudad que se juega su destino 
Teniendo por escudo las almenas , 

Frente al Guazú de costas dilatadas 
Eternos en los himnos de la historia , 

¡UNA HISTORIA GRANDIOSA Y SOBERANA ! 


52 



Un puñado de cálculos geométricos 
Tira Za\>ala en la feraz pradera 

Y abrazada a las fiebres del PROGRESO 

Nació Montevideo 
Pletórica de ensueños en América. 

Muerde el buril los mármoles natUos 
Fundiéndose los bronces del recuerdo , 

Para que surja el noble caballero 
A la perennidad de los fit turas 
Ambientes de la Historia. 

Graba el artista su genial concepto 
En el semblante del guerrero hispano, 

Y brotan los idilios de la VIDA 
En los altos reliei'es, 

Como brotan eglógicasy bellas 
Las flores del torrente y del pantano. 

Centinela marcial frente al Estuario 
“ ¡Levántate! parece que dijera el Futviador insigne 
A ia primer Ciudad del Continente 
* ‘ Reden tora y mu y fiel Mon tev ideo ’ 

La que alumbró “MOTIVOS DE PROTEO, 

El “CANTO A ARTIGAS", “LA LEYENDA PATRIA “ 

La estupenda conquista de “MISIONES", 

La primera en las rutas del derecho ; 

Es la Ciudad que enalteció Zavala 
Por mandato directo del destino, 

Y que hoy se vuelca en abna colectii’a 
Brindando al fundador este homenaje. 

Mientras al pie del monumento grava 

Esta leyenda: 

¡Para siempre libre, para nunca esclava! 


53 



A MAYO DE 1810 


Todo estaba cansado de opresiones, 
Del esclavo crujían las cadenas , 

Las libertades engendraban leones 
Con toque de victoria en las melenas . 

Y deshechos estaban los blasones 

Y tintos en la sangre de las venas , 

'bte manaron del Plata las naciones 
En la noche infinita de sus penas. 

i Misero amarrado Prometeo 
Al ingente peñasco de su atraso , 

La Libertad reclama un Chimborazo 
Formidable en la lucha, como Anteo . . 

Y de Mayo en los fastos redentores 
Cantan al porvenir, los ruiseñores. 


54 



25 de A COSTO . GRITO DE REDENCION 


Grito de Libertad, sublime grito 
Que se elevó como turbión de Gloria. 
Sobre el dorso escarpado del “Cénit o ”, 
Página augusta de la vieja historia. 

Grito de Libertad que fue a clavar , 

La inmortal tricolor en los bastiones 
En donde España hiciera tremolar 
A sus gualdos y rojos pabellones. 

Grito de Libertad que Gloria intensa 
En cada nota con ardor proclama. 

Grito que el alma de Nación condensa, 
Grito que enciende la nativa llama, 

Hasta la sierra , hasta la loma vas 
Abrevando en las ondas tu ardentía; 

El aborigen te pintó en su faz. 

Artigas en tu fiera valentía; 

Y Benavídez con el gaucho Viera 

De arrojo henchido el legendario pecho. 
Te vieron con asombro en la “ Calera ” 
Escalar los escaños del Derecho, 

Lai'alleja inmortal. Los Treinta y Tres 
Al desplegar a su bandera airada, 

Tu orgullo contemplaron otra vez 
En la arena sutil déla Agraciada. 

Grito de Libertad que en las regiones 
Del Sarandí poblaste de adalides 

Y que hiciste rugir los corazones 
En el rudo entrevero de tus lides; 

Grito de Libertad de inmensas alas 
Que exploraste las selvas y las cumbres. 
Atravesando de la luz las galas, 
Bañándote en sus nítidas vislumbres: 


55 



Tu clamaste en la lama de tijera, 

En la bola feroz, en el facón , 

Y ondulaste en la negra cabellera 
Del gaucho que nos dio ¡a Redención. 

Grito de Libertad que en medio giras 
Del espacio velado por los astros , 

Y que la dulce Redención inspiras 
Yendo tras ella por sus propios rastros, 

Llena de fe la Fatria te saluda 
Con entusiasnio joven como otrora , 

Y te promete que en la lucha ruda 
Será tu aurora, su eternal aurora. 


56 



LA BATALLA DE SARANDI 


De la otra margen surgirán los héroes 
Como el cóndor caudal de la monona , 

Para gravar sobre les bronces recios 
Las glorias eminentes de la Patria; 

El Río cruzarán como el destino 
Cruza por la intemperie de las almas , 

Para morir como cualquier charrúa , 

En esta orilla delprofitrtdo Plata. 

El inmenso Uruguay eritre las sombras 
Se ofrece generoso a la mesnada 
Que el rudo Lavalleja r enardecido 
Con ademán de bngadier comanda. 

Al pisar este suelo los nativos , 

Eñarbolan la enseña de ia franja 
Más roja que la sangre de sus venas 
Y más grande que el sol de Lusitania. 

A los vientos furentes se dispersan 
Por todos los senderos de la pampa , 

Los Heroicos cruzados que la historia 
En sus nítidas páginas exalta; 

Rebeldes y tenaces arribaron 

Con la vincha en la frente y con la espada , 

Flamígera de rayos vengadores , 

Pulidos en el homo de su fragua. . . 

El cuero a cuerpo , el violento choque , 

La montonera y atrevida lanza , 

Contra el fusil de los imperios regios 
En lo negro de cada encrucijada; 

La vida que se brinda como un cauce 
Por todas las arterias de la raza , 

Que funde en los crisoles de LAS PIEDRAS, 
Artigas con su joven Democracia . 


57 



De acentos y de arroyo culminaron 
De SARAN DI en la trágica pedana t 
Los gauchos que supieron de la GLORIA 
A la manera de la misma ESPARTA. 

¡“CARABINA A LA ESPALDA Y SABLE EN MANO”! . 
Fue el estupendo grito que la fama, 

Pregona por las trompas inmortales , 

Que tocan los pulmones de la PATRIA. 


58 



1811 - LA CALERA - 1930 


Son los gauchos de lama y tercerola 
Que su melena ajustan con la vincha , 
Unciendo de los fletes a la cincha 
El carro dé la augusta LIBERTAD ; 

Son los gauchos del suelo americano 
Que rompen las cadenas de los reyes , 
Para dictarse las augustas leyes 
En que se fundamenta la igualdad . 

Ajustada la espuela , bien apuesto 
Sobre el lomo del flete infatigable , 
Empuña el gaucho el acerado sable 
Que de España lo debe redimir; 

Como la misma chispa del incendio 
Altivamente surge en la Calera , 

En donde estalla por la vez primera 
Su acento de vencer o de morir. 

No importa de los tercios españoles 
Exaltadas leyendas de coraje: 

Le sobra corazón a ese gaucheje 
Para llevar a cabo la invasión; 

Porque es alma de América Latina 
Con un poco del gesto de Lutecia , 

Y porque tiene de la vieja Grecia 
Por lo sublime , natural pasión. 

Corriendo por las pampas errabundo 
En el semblante pinta su denuedo , 
Porque él no tiene en sus empujes miedo 
Para romper su esclava condición ; 

Y dijo en el fragor de las batallas 
Que sabe de las luchas espartanas , 

Y que han de ser las tiranías vanas 
Mientras no se domine el corazón. 


59 



RELACION 


En la gran Montevideo 
En un simbólico bronce , 

Al gaucho delaño once 
Se eterniza según creo ; 
Inmenso cual otro Anteo 
Es en perfiles el flete , 

Sobre su lomo un jinete 
-El gaucho de nuestra historia : 
Es un chispazo de gloria 
Un cielo rojo y celeste. 

América tropical 
Le puso al corcel de acero 
Vigor imperecedero , 
Impetuosidad inmortal; 

En cada gaucho ancestral 
Hay corazones de León , 

Que en vez de garra , el facón 
Esgrimid en los entreveros , 
Cuando cruzó sus aceros 
Con la española melón . 

En Rincón, Rivera erguido 
Cual otro Cid Campeador. 
Sobre su corcel , honor 
Brinda al terruño querido; 

El lusitano temido 
Cae envuelto en la derrota f 
Sobre aquellos campos flota 
Nuestra patricia bandera , 

En la mano de Rivera b 
Gran caudillo y gran patriota. 

Impetuoso Lavalleja 
En Sarandi es vendaval 
Y con su carga inmortal 
Redime a la * 'patria vieja”; 

Allá en “Das Cobras” no deja 
De ensoñar en su terruño: 

Los hombres de un solo cuño 
Son grandes en el exilio 


60 



Sin más escudo ni auxilio 
Que combatir arma en puño. 

Oribe, figura austera 
De perfiles espartanos , 

Honra la patria en sus manos , 
Como la honrara Rivera . . . 



61 



SONETO PATRIO 


Al Gaucho de la Independencia 

Fueron los gauchos bravos que rimaron 
vibrantes pericones en la gloria 
y si cayeron en la lid , dejaron 
de hazañas inmortales , la memoria ; 

Los gauchos que los ciclos pisotearon 
de los advenedizos de ia Historia , 
que sus negras melenas destrenzaron , 
para cubrir la sien de la victoria. 

De inmortales campeones la Agraciada , 
Rincón y Sarandi, son la epopeya , 
y alumbra Ituzaingó como la estrella 

de la Patria Artiguista emancipada , 
que teje para el triunfo de Las Piedras , 
sU corona de lauros y de hiedras. 


62 



RECUERDOS PA TRJOS 


Son los centauros de pujante brío, 
templados con rigores de pelea 
que sobre el cielo de su frente graban 
las emancipaciones de la idea. 

Son las turbas incultas emergidas 
de inflamado coraje , en la Calera , 
y la estival mañana de Febrero , 
al grito redentor de José Viera. 

Es la heroica leyenda que fulgura , 
en la moharra de la vieja lanza; 
el pampero salvaje que abanica 
la divisa de “Patria y Esperanza ” 

Es lo inmortal: jugo de las venas 
que tiñe en la agonía a nuestro suelo; 
Artigas , que tremola en cada brazo 
la Libertad , que se remonta al cielo. 

Es el Rincón y la suprema audacia ; 
choque romano , el encuentro mudo , 
los corceles que labran con sus cascos 
los ríen tes simbolismos del Escudo. 

Es Sarandi de luto y de Victoria 
que en el ambiente de la Patria flota , 
arpa del heroísmo, que en la brega, 
quedó sonando con la caja rota. 


63 



BRONCES DE GL ORIA 


Burilan con los bronces del pasado 
-Los bronces del Cerrito y de las Piedras- 
El caótico gesto de los gauchos , 

Señores de la homérica leyenda 
De Ituzaingó, de Sarandi que forja 
Alas de LIBERTAD „ cuando Rivera 
Con mano recia , con audaz arresto , 

Graba en la historia de Rincón de Haedo 
Un futurista canto de belleza. 

Tribuna redentora , la Florida 
Ofrece al numen del vidente pueblo 
Que desnuda su pecho más altivo 
Que el vuelo de los cóndores , 

Rumores de la selva , 

Granítica sonancia milenaria 
De la “PIEDRA ALT A , \ 

Donde cantaron su canción más honda 
Cruzados de la Patria , Quijotes de una Idea , 
Caballeros de un tiempo romancesco , 

Raros gigantes de inmortal presea. 


64 



Otros Poemas 




JULIO HERRERA Y REISSIG 


En la Eternidad 

¡Oh sensible f, ¡Oh poeta 
De lo exótico y lo raro!. 

De tus cósmicas estrofas marfüinas , 

-Filigranas armoniosas- 

Idealistas , do presientes LO INCREADO 

Diste al numen de tu lengua 

Diez mil óperas magníficas , 

Torrenciales , estupendas! 

En los dulces diapasones 
De tus cuerdas intocadas . . . 

Orquestriones son tus cantos , 
Clamorosos tus acentos, 

Y en tus mares las tormentas 
Embriagantes asfódelos. 

Tus rituales literarios 

De lejanas religiones f 
Son -acaso- violoncelos 
De magnificas visiones 
En pantalla extraterrena. 

Los rebaños de tus prados. 

El silencio en tus cavernas. 

Los encajes madrepóricos, 

El mecer de tus arenas , 

Se traducen en la caja 
Sensorial de tu emoción , 

En cadencias medulares , 

Y en Apolos y en Minervas 

Y en esencias 
Que destilan gota a gota, 

Todo el zumo de tu vida 
SOÑADORA, 

HIPNOTIZANTE, 

Como el canto del rapsoda . 


67 



FLORENCIO 


Fuiste como Jems , proscripto y raro 

Y sudaste tu sangre en el desierto , 

Y tu agonía culminó en el huerto 
Como ninguna, en triste desamo aro. 

Pero llevabas en tu frente un faro 
Como el destello entre la gema inserto , 

Tu vida toda -redentor-no ha muerto , 

Porque muere nomás , totfo /o ignaro. 

Viven “LOSMUER7VS”, "NUESTROS HIJOS ” viven 

Y tú con elfos . cow «i eterna 
Han de flotar como la luz del astro; 

Los que su pobre catadura exhiben , 

Miren su trágica visión interna , 

Donde FLORENCIO marcará su rastro. 


68 



A DELMIRA 


Por tu cuerpo fino y terso 
Como chorro cristalino 
Corre el verso, 

Corre el verso diamantino. 

Tus pupilas de metales 
Sustanciales de belleza , 

Y tu boca en que la fresa 
Exprimió su sangre avara 
De carmines y de alteza , 

Son la fuerza de tu estro 
Descreído y sensitivo , 

De tu numen redil' ivo, 

De tu fin loco y siniestro. 

Tu garganta 

Blanca , blanca como toda la Siberia , 
Sensualiza más tu histeria , 

Vulcaniza tu mirada 
—Horno hirviente- 
Donde pasa la corriente 
De tu ser que se difunde 
En los senos de la nada . 

Y tus cantos 
Como garfios 

Y perfumes penetrantes como espinas , 
Tus canciones peregrinas , 

Son esencias de tu sexo 
Anhelante en su agonía , 

Más sexual \ más errabundo r 
Más mujer , en que se funde 
La insoñada t inexistente , 

Embriagante , única Eva 
No llegada todavía . 

FUE TU MUERTE 
Como el tajo a una montaña 
Que vertiera en sus torrentes 
Glaucos tonos , marejadas 
De planetas de oro puro y destellante; 

Y fue, acaso „ tu dispersa 
Alma errante entre los astros, 

69 



La que enciende los fosfenos 
En tus discos papilares 
Y los clava en los altares 
De los mundos estelares . 


70 



EL MIRLO MUERTO 


Para mi hijo Ariel 

Es con la nota de tu canto egregio 
Que sueña mi porfiada fantasía . . . 

Recuerdo que en tu jaula parecía , 

Estallar tu garganta en un arpegio . 

Desconocido diapasón rompía 
El tímido silencio entre las parras : 

Un magnífico ritmo de guitarras , 

Tu canto entre la urdimbre parecía . . . 

Pero de pronto tu mudez me inquieta: 

Ya no suena tu dulce 4Í estradivario . . 

Tu jaula se ha trocado en el santuario 
De los tristes despojos del poeta . 

Tu cuerpo embalsamado , todo yerto 
En artística pose desafía , 

Al espacio , y al tiempo que podría 
Ni sospechar acaso, que hayas muerto. 


71 



A UNA MUÑECA DE CONFITURAS 


Toda muñeca de confituras 
-Divina reina de escaparate— 
Morenas manos de chocolate , 

Y en las mejillas tantas alburas 
Que suprimirlas es disparate . 

Labios sensuales de pura fresa , 
Chocolatines color turquesa 
Forman la cuenca de los ojazos , 
Por donde manan dos lamparazos 
Mas rutilantes que la cetveza. 

Blanco merengue bien traducido 
En falda blanca de su vestido 
Llégale en ondas a la rodilla , 

Y el lampo rojo en su mejilla 
En amapola se ha convertido. 

Toda la frente son azucenas 
De peladillas dulces t rellenas 
De las abnendras apetitosas , 

Tan delicadas , tan olorosas 
Que causan risas y quitan penas . 
Son las caderas de btcochuelo 
Bien imitadas , franco modelo 
De ¡as que talla naturaleza; 
Tienen los senos tanta realeza 
Como la comba del vasto cielo. 

Los piececitos son miniaturas 
Imitativas de confituras 
Todas cubiertas de papel-plomo , 
Brinda la boca como un asomo 
De risa y gracia en sus comisuras. 

Y son torneados los antebrazos 
Como si fueran divinos lazos 
Férreas cadenas para el amor. 
Luego traduce tanto candor 
Por las pupilas desús ojazos. . . 


72 



Que tas respetan ios pan ¿agine les, 

Los Heleogábaios siempre crueles 
Y los glotones de alto coturno . , . 

Pero MUÑECA, te llega el tumo 
Como a emparuidas , como a pasteles. . . 

Al fin la vida no es otra cosa: 

Morir marchita como la rosa 
O siendo esbozo morir también , 

Morir muñeca, ser un edén, 

Morir en verso , morir en prosa , 
Diciendo a todo -por siempre- AMEN. 


73 



EN EL CEMENTERIO MIRANDO LA MUERTE 


El látigo del pinar 
Anuncia los huracanes , 

Como a los ciegos afanes 
Fuerte obsesión de pensar; 
gn su trágico ulular , 

Remeda las tempestades , 

Y en las quietas soledades 
El ondulante cordaje , 

Tiñe de verde el paisaje 
De augustas eternidades. 

La necrópolis silente 
Circuida de los pinares ; 

Guarda los tristes altares 
Bajo sol resplandeciente; 

Y cuando tras del poniente 
Chorreando sangre de sol , 

Llega el último arrebol 

A manchar la blanca lápida , 
Despliega la sombra rápida , 
Amplísimo quitasol. 

Un in-eternum palpita 
En la fúnebre quietud , 

Y luego , triste, un laúd 
Entre insosiego crepita. 

La música precipita 
En el alma devaneos , 

Y despierta los deseos 

Y engrandece las pasiones , 

Y enciende las rebeliones 
De famélicos Anteos. 

Hondos tesoros mentales 
Captan las meditaciones 
Al 'Locar” desilusiones 
En las grietas sepulcrales. . . 
Yacen frías las señales 
Del DOLOR y el INTERES . . . 
A veces un nombre es ; 

La historia de todo un drama , 


74 



Que se ha quemado en la llama 
Que prende el supremo JUEZ . 


75 



CRISTO REDENTOR 


En la giba del Gólgota enmudece 
De CRISTO la palabra redentora , 

Y Magdalena triste y soñadora 
Al pie del sacrificio resplandece. 

La figura virtual, divina, crece 
Porque es la cumbre del deber , autora 
De intenso drama que en aquella hora 
Al mundo cruel , fatídico estremece. 

La noche de Pila tos desolada 
Le oprime como un perno el corazón , 
Al ver que la soberbia se derrumba ; 

Cristo marcha camino de la NADA 

Y deja al mundo el único blasón: 

La CRUZ al borde de la tumba. 


76 



LO QUE SE ESFUMA 


Enmudece el boyero entre los bosques 
Al rítmico vibrar de i a tristeza 

Y callan de la linfa los murmurios 
Si resplandece fiera la tormenta. 

La música del grillo agudizante 
Deja de ser , oculta en la maleza 

Y el trovero de fáciles arrestos 

Canta en sus cuerdas la postrer endecha . 

El blanco dia su carmín diluye 

En los carbones de la muerta hoguera. . . 

Y allá en el arco que pasó lejano 
Brota la fauce de la noche negra. 

La golondrina busca su nav io 
Que ha de llevarla por remotas playas. 
Porque lleva en su pico la perenne 
Renovación de bellas esperanzas. 


77 



ARIADNA 


Su página es el rincón 
Frondoso de los misterios , 

Que ya risueños o serios 
Emergen del corazón 

Yo también llevo prendido 
A mi ser desventurado 
Todo mi amargo pasado 
En el tiempo que he vivido. 

Damas bellas en los años 
De la existencia viriles , 
Lamentan desús abriles 

Y alegan mil desengaños. 

Y yo que soy de una edad 
Que ya no tiene reservas , 
Dígame Ud. con que yerbas 
Se cura esta enfermedad?. 

Pasé las mil y una noche 
Allá por la Guerra Grande , 
Cuando sonaba en el Ande 
De Sarmiento los reproches. 

La Patríame vid tendida 
En los caminos desiertos , 
Siempre rezando a los muertos 
O restañando una herida . 

No tuve más compañero 
Ni más esposo adorable , 

Que mi flete y que mi sable 
En cada recio entrevero... 

Cuando , de vuelta a mis lares ; 
Llegué con mil cicatrices , 
Pensé en las horas felices 
Para endulzar m is pesares . 


78 



Y hasta me dije: un amado 
Será mi gloria suprema, 

Y desde entonces me quema 
El tiempo vil que ha pasado. 

Ninguno vino a ofrendar 
Su mano a esta solterona , 

Que filé en algún tiempo “mona” 
Para poderse casar. 

Luego de \q que ha leído 

Y a pesar de la verdad , 

No habrá ni por caridad 

Un roto “pa ”un descosido?... 

Pongo en sus manos , Ariadna, 

Tal así el destino mió , 

Antes que congele el frío 
El agua de la fontana. 


79 



LA ERMITA 


Era la noche aún: ronca el Estuario 
A los sones de música lejana, 

Y amanece llamando la campana 
A la humilde devota del santuario. 

Fijos los ojos, pone en el Breviario 
Todo el fervor de su pasión pagana , 

La mujer dulce que moteja “hermana” 
Sin distinciones , todo el vecindario. 

Vanse los feligreses por las sendas 
-Niños, zagalas bellas y señoras - 
Solemnes todos , con pausado paso , 

Mientras abren sus pórticos las tiendas , 

Y se rompe el rubí de las auroras 
En mil ensueños de pulido raso. 


80 



ANHELO 


Quiero pulsar las singulares notas 
De los dulces cordajes de mi manen 

Y darte de mis versos el resumen 
En esencia , en encanto y, vibración; 

Voy glosando, mujer , en los jardines 
Per jumes y armonías y colores 

Y en los nidos sintiendo los amores 
En que vive , quemando, la ef?ioción. 

He nacido, mi vida, con las alas 
Con que nacen los cóndores andinos 

Y he librado en los néctares divinos 
Do palpita la vida universal ; 

Y peregrino en la materna seh-a 
Fui catador de mieles y de endechas 
Mientras pulía las indianas flechas 
Al canto del boyero y del zorzal 

Y en tanto se destuerce la corriente 
Al beso primitivo de la aurora 
Ensueño en los misterios con que ahora 
Te ama con locura el corazón... 

Me parece que vengo del pasado 
Tu boca con mi boca 
En infantil arresto que provoca 
Del sagrario del abría la oración. 

Y si a los recios golpes de la vida 
Se fragmentara mi gallardo esquife 

Y me dieran por lecho un arrecife 
Eterno, junto al inquietante mar ; 

No olvides que te aguardo con mis brazos 
De par en par inmensamente abiertos 
Para irnos los dos hacia los puertos 
De donde no podremos retornar. 


SI 



ESTIVAL 


CANTAN los ríes sus canciones tibias. 
El capullo rizado se entreabre , 

Y enhebran trovadores notas místicas 
Al caer las cortinas de la tarde . 

Punza la abeja en dúlcidos nectarios 
-Pomas fragantes de sutiles mieles- 

Y el noctámbulo beso de los astros 
En rumores de amor, se desvanece. 

Doran los trigos su carcaj de espigas 
Al rezongo virtual del abejorro, 

En tanto llueven las caricias finas 
De las auroras al primer esbozo. 

De absintio claro los cardales tiñen 
Las placideces de la p&tipa inmensa, 

Y en los pezones de sus pechos vwe 
Todo el ensueño de la Vida plena. 


82 



GA V ROCHE 


La Diosa de la Hampa y el Dios del A nabal 
Quien sabe en qué marmitas fundieron tu metal!. 
Condensas en tus carnes mil noches desoladas . 
Cantando por los barrios cabe las barricadas, 

Los himnos m ages ticosos que dicen “ LIBER JAD 
En tanto a sangre y fuego combate la Ciudad. 

Grav roches de Parises, de Londres y de Viena, 
Surgidos en hen'ores de crimen y de pena . 

Acaso alguna mueca de corte libertino 
Cambió de las mesnadas fatales su destino, 

Y echaron con sus manos callosas y sencillas 
Abajo a los tiranos y a todas las bastillas. 


83 



DE MI PASADO 


¡Oh tiempos de mi ayer , años de mozo 
Que pasaron nomás llenos de gozo 
Imprimiendo su huella en mi semblante , 
Comi si fuera el caballero andante 
Soñando con su dama del Toboso! 

Religión del amor , única y santa, 
-Como flámula ardiente se levanta - 
Lo mismo que impetuoso torbellino , 

En las breñas undosas del camino. 

Por donde el barco sus canciones canta. 

Grácil mujer , herniosa y hechicera , 

Que veo todavía en la frontera 
De mis sueñoa de amor y de esperanza , 
Como nave ligera en lontananza 
Que se aleja fugaz a otra ribera. 

Escrutando en la noche de mis sueños. 
Encuentro más alegres y risueños 
Vaguedades y amores que pasaron ; 

Con la grata emoción que nos dejaron 
Sus ligeros y frágiles empeños. 

Lozanas juventudes que vibraron 
En los días divinos cuando amaron 
Con el alma lo bello de las cosas, 

Y que al irse , lo mismo que las rosas 
Perfumes a la rama le dejaron. 

Espectro del ayer soy todavía 
Bajo la escarcha pertinaz y fría 
Del peso de la Vida que me abruma: 

La juventud se fue como la espuma 
Que muere cuando toca la bahía . 


84 



EL MEMBRILLERO 


De flores de rubí el membrillero 
Se cubre en el jardín, mientras espera 
Que llegue con fervores primal' era 

Y zumbe de la abeja el somjero. 

Después que el estribillo majadero 
De la mínima fauna cancionera 
Que invade la embrujada enredadera , 
Rememore sus murgas por Febrero 

Vuelque la nube de fecundo riego 
Cuando se encuentre de volar transida 
Su gris ropaje donde el surco se abra ; 

Y el astro de la flámula de fuego , 

Nos dirá de las fuentes de la Vida 
En colores y formas , la palabra . 


85 



MI CANARIO 


Modula en extrañas gamas 
Sus armonías mejores, 

Cuando despiertan las flores 
Del sol ardiendo entre llamas; 
Torrenciales melodramas 
Emergen de su garganta „ 

Y su dutura levanta 
Inflamado comentario, 

De cómo puede un canario 
Orquestar con gracia tánta ... 

Como torrente que brota 
Para diluirse en cristales , 

Sus empeños musicales 
Son salmos en cada nota: 

En la tierra escala ignota 
Que se aleja en el vacio. 

Hay calor y desvario 

Y entre su plumaje de oro, 
Vibra acaso como un coro 
De crepitante rocío. 


86 



EL NARDO 


Con el estío alegre en dulce desposorio 
Su búcaro rebosa de celestial fragancia : 

Yo adoro ese perfume intenso y amatorio 
Que vela los queridos recuerdos de mi infancia. 

Su paso entre las flores, fugaz o perentorio, 
Volcando va el tesoro que su seno escancia, 

Y quema los sentidos como un espejo ustorio 
La esencia embriagadora que mana en abundancia. 

Del transparente nardo donde el lucero riela, 
Donde la noche pone las perlas de su lloro, 

Olvido mis pesares , a meditar me entrego. 

Allí la luna deja su luminosa estela , 

Allí el cordaje estalla de mi laúd sonoro 
Tocado por la musa de mi rñnar de fuego. 


87 



ROSARIO 


El rancho del domador 

Con un gesto episcopal 
Don Rosario el domador , 

Mira al nido de su amor 
Caer de “ cubito dorsal 
Ya no retoza el bagual 
En la extendida pradera , 

Y la misma enredadera 
Que perfiima el ambiente , 

Se marchó con la corriente 
Al faltarle la cumbrera. 

Rosario meditabundo 
Contempla el agua estancada , 

Paralítica , infestada , 

£>? to corrientes del mundo; 

Nubla sus sienes profundo 
Examen de su conciencia , 

7 a/íte hermética ciencia 
De su dolor solitario, 

Llora la faz de Rosario 
Con un llanto de clemencia . 

Sus devaneos cerebrales 
Repiten todo un pasado 
De domador \ y soldado 
De la patria en los umbrales , 

7 también los musicales 
Cantos de los trovadores , 

La mocedad , sws amores , 
las ter miras de su madre 

Y el beso, que , cowo patfre, 

a sws “gurisas” traidores... 

Cuántas veces de boiracho 
Sobre los lomos del flete, 

Jineteó hasta de juguete 
Con flexuras de muchacho; 

Indio duro cual lapacho 
Que alimentó la barranca, 

Usó la divisa ... franca 
88 



De nuestros partidos leales ; 
Que en la frente de Orientales 
Una es roja , la otra blanca. 


La música de Chopin 
La supo el rudo selvático... 

El amó todo lo estático 
Del bosque , supremo edén ; 

El gran músico también , 

Supo extraer de la entraña 
De la seh>ay su maraña 
Las supremas armonías, 

De volcanes y montañas. 

Así \ diversos afanes 
De tan opuestas adturas 
Pueden tener estructuras 
Semejantes en sus manes; 

Son acervos de titanes 
Sentir uno y traducir 

Y hondo sentir y sufrir 

Y no poder expresar , 

Lo que se quiere cantar 

Y no se sabe decir. 

En ese fondo insondable 
En donde bogan las almas , 
Donde hay borrascas y calmas 
En sucesión perdurable; 
Donde todo lo inestable 
Se transfonna en negación. 
Nos grita la maldición 
Con su léxico perverso, 

Que en la faz del universo 
Solo reina la traición. 

En el bronce del semblante 
Muestra Rosario la pena 
Que lo embarga . que lo llena 
Como ifn infierno del Dante; 
Ya. ni siquiera el desplante 

89 



Le queda del gaucho fiero: 
Dejó de ser altanero 
Y como el agua estancada , 
Solo lleva su mirada 
Imposible derrotero. 


90 



EL CIEGO SANTOS 


Desde mis sueños de niño 
-Dulces años ya lejanos- 
Te vi, tendidas las manos 

Y tu barba en desaliño. 

Siempre tu faz en un guiño 
Casi plasmando un Gwynplaine , 
Marchar en el mimo tren 
Cauto contando los pasos , 

Hacia d versos ocasos 

De Canelones , tu eden. 

¡ Yo no sé qué tempestades 
Bajo tu cráneo estallaron ! 

Y en tu semblante dejaron 
El surco de eternidades. 

¡El cerebro! En las edades 
Nada cupo tan complejo: 

Es el más nítido espejo 
De lo raro , délo exótico. 

De lo infernal y caótico 
En lo nuevo y en lo viejo . 

Cayó en tus ojos la sombra 
Por fatal determinismo , 

Para hundirse en el abismo 
Hasta el nombre que te nombra; 
Pero te sirve de alfombra 
Para cmzar el camino , 

La llaga de tu destino, 

Ya que se engasta el dolor, 
Donde se engasta el amor: 

En lo bello y lo divino. 

Mientras pasan por tus hombros 
Acres gestos del destino. 

En las sirtes del camino 
Van quedando tus escombros. 
Con indecibles asombros 
Palpando a la vida vas... 

Quedan, Santos, muy atrás 
Para igualarte en bondades. 


91 



Las ignaras sociedades, 
Que nunca comprenderás. 


Acaso concomitante 
Fuiste un día con Verlaine 

Y en el humiide almacén 

Te emborrachaste , un instante ... 
/ Cómo deriva el gigante 
A las burdas pequeneces , 

Y el p equ eñ o ¡cu án tas veces ! 
En su misma pequeñez. 

Se trueca en conciencia, juez 
De vanas esplendideces. 


92 



PANCHO 


Quien ve tu cara de ciown 
En desgarbado esqueleto , 

Nadie supone al sujeto 
Que fué doquier un Sansón. 
Mas... inicias con tesón 
Implacable “ cañoneo ”, 

Mientras tu entraña de Anteo 
Renueva la lucha diana. 

Ante la eterna plegaria 
De tu insaciable deseo. 

Hoy los pámpanos sagrados 
Orlan tu frente triunfal , 
Manteniendo un ideal 
Propios de los esforzados... 

Deja que estén apostados 
A la vera de la senda 
Quien , Pancho , no te comprenda 
Puesto que eres una cosa , 
Sustancial, maravillosa... 

(Que mi numen no te ofenda) 

Ha filtrado tu organismo 
Ríos hervientes de alcohol 
Que tú evaporaste al soi 
De tu risueño optimismo . 

“Te estás cavando un abismo " 
Te decían: ' 7 Que tontera : 

Me paso la vida entera 
Doblando a mi gusto el codo... 
Vivan otros de otro modo 
Que yo vivo a mi manera 

Tu que insumes un Quijote 
Sin bacía y sin adarga , 

Llevas en hombros tu carga 
Como su beso , Iscariote: 

Jamás podrá el monigote 
De la humana creación, 

Escapar a la sanción 
De su terrible ananké , 

Ni aún guarecido en la fé 
De su triste corazón. 

93 



JESUS 


De Pilatos bs siervos no supieron quien era ... 
Loque dijo su labio no lo oyeron jamás: 
Aquel hombre sentía la piadosa quimera 
De los verbos que aman con su llama voraz. 

Trasudando en el huerto de los viejos olivos, 
Vierte sangre de vida por bs poros humanos; 
La oración quelevanta por los tristes cautivos 
No ha tocado la arcilla de los negros pantanos. 

Redentor fulgurante de las viejas cadenas , 
Estremista fecundo , semi Dios adorable. 

En tu fiero martirio condenaste las penas 
De la muerte viviente , de la muerte admirable. 

Veinte siglos cruzaron de la vida el desierto 
Y el madero de cristo permanece intocado... 
Es que marchan las almas al simbólico puerto 
Donde llega el cobarde fatalmente cansado. 


94 



ASONANCIAS 


I 

Yo voy como el boyero 
A entonar mis canciones en la selva , 
Cuando la aurora besa los penachos 
Que el viento balancea; 

Y vivo en los perfumes 
Que embriagan como esencias , 
Dialogando en las frondas misteriosas. 
Con todas sus querellas. 

Después... sobre la duna 
Recuesto mi cabeza, 

Mientras las brisas abanican suave 
Mi frente que no duerme porque piensa... 

Piensa en lo Ignoto, indescifrable y mudo 
Mar sin orillas en que el hombre sueña , 
Infinito que lleva en sus auroras 
El verbo que las crea. 



II 


En el castillo de almenada torre 
De la médula gris , triunfa la idea 
A cuya fuerza obedeciendo el mundo. 
En infinitas mutaciones rueda. 

Tus alas bate de caudales regios s 
Sobre el tumulto de la humana raza , 
Rie del freno de acerados gonces 
Que el torpe siendo maniatado tasca. 

Vibre tu acento imperativo y rudo 
con los triunfales entonar de alondras, 

Y que tu numen como faro inmenso 
Sea de aquellas que disipan sombras. 

Atrás la turba que se dobla ciega 
Antes los dioses de pequeña talla, 

Ola enturbiada que sumisa muere 
informe , triste , sin poder ni ansia, 

Salvemos a esa turba de pueriles 
Frentes de prejuicios calcinadas , 

Y d emoles el riego de la ¡dea 

En vez del triste riego de las lágrimas. 


96 



EN LA ROCA INACCESIBLE 


Después de tus fatales treinta años 
-Ese Gibo, mujer , de las Tonnentas- 
Ya no “pasaste” en tu rosario , cuentas 
De tus inconsolables desengaños . 

Grises, muy grises, como nunca huraños , 
Son para tí los días que lamentas, 

Cuyo recuerdo , ni siquiera intentas , 
Porque te saben sumamente extraños. 

Cuando te cerque la vejez maleva , 

Mira, te pido , el último recodo , 

Y el término fatal verás cercano; 

Grave , medita , sugerente Eva , 

Que será pronto delesnable lodo 
Lo que tuviste por gentil y ufano. 


97 



QUISIERA ... 


Quisiera ser el sol que te deslumbra , 
Rosada estrofa que en tu pecho arde , 
la vida de un idilio en la penumbra. 

Y tristeza dolienta de la tarde . 

Quisiera ser el cóndor que en sus garras 
tremola el explandor de las montañas ; 
El dúo popular de las guitarras 
Que alienta el trovador en sus entrañas . 

Quisiera... los despeños del torrente 
de todas las mundiales cataratas , 

Las luces estelares que en tu frente 
Se quiebran con reflejos escarlatas. 

Yo quisiera bajar hasta el abismo 
con una antorcha en mi siniestra mano 
I quisiera saber quien soy yo mismo 
En el tumulto del hervor humano. 


98 



PSIQUICAS 


Yo escalo de la vida 
La ignorada montaña , 

Donde anida Ja Idea , 

Donde anida la Idea emancipada. 

Yo trepo desgarrando 
El muro de mi alma , 

A siéndose a sus grietas como se ase 
El pájaro a sus alas. 

Yo soy la madreseh'a 
Que perfuma el follaje , 

Y la abeja que empapa las antenas 
En las mieles que esparce. 

Soy la brisa que pasa 
Columpiando las flores, 

Y el capullo rosado y entreabierto 
De locas ilusiones. 

A veces soy la cumbre 
que se viste de hielo. 

En tanto que convulsan sus entrañas 
Las furias del infierno. 

O suelo ser el cóndor 
Que va a posar la garra. 

En la nwada selva de pinachos 
Donde la humanidad llega cansada. 

El choque de los astros 
Rodando en las elipses dilatadas, 

Y los soles inmensos que proyectan 
Fantásticas figuras en los cielos. 


99 



CONVICCIONES 


Vencerme no podria la torpeza 
Por más que ronde ¡a pasión arrecie: 
Mi grandeza será siempre grandeza 
Aunque la humana recua me desprecie. 

Así como se yergue la montaña 
Me yergo sin temor a los cartujos: 

Que se rompa sin lástima la entraña 
Sin temores a estólidos embrujos . 

Glosemos al peñón de la ribera 
Que soporta el embate de la ola: 

Que sea el alma nítida y austera 
Si ha de quedarse netamente sola. 

Al golpe del martillo centellea 
En la cantera el tosco monolito: 
Transfórmese la piedra con la Idea , 
Reduzcamos en algo el infinito. 


100 



INVERNAL 


Ayer las rosas lozanas 
Sorbiendo el fresco rocío 
Del verano en las mañanas , 
Alardearon de atax'io ; 

Hoy no perfiiman ufanas 
Como en las tardes de estío , 
Y las que fueron galanas 
Flores , desmayan de hastio. 

Ya no habrá más marejadas 
De alas vibrando en las hojas , 
Están ¡as corolas muertas: 

Las ilusiones doradas 
Darán paso a las congojas 
En nuestras almas desiertas. 


101 



EL ENJAMBRE 


Cuadro vulgar: un verjel, 
Una noche muy serena 
Y, junto a mi una colmena 
Elaborando su miel. 

Dentro de ella una babel 
Que acaso me causa pena. 
Mientras va la luna llena 
De nubes en un tropel. 
Noche de recia tarea: 

Al encenderse la tea 
Del viejo tronco de oriente , 

Alumbra un blasón de oro: 
El ambarino tesoro 
Medular, de la simiente. 


102 



RESURRECCION 


Después de Magdalena arrepentida 
Cayó Jesús del Gólgota, inmolado , 
Quedando su divino apostolado 
Como el único encanto de la VIDA. 

Su palabra prof ética, encendida , 

De la muerte deicida en el estrado , 
Marca la sangre del maestro amado , 
Colmando del martirio o la medida. 

El recio verbo de su vida austera , 

La exudación de sangre en los olivos, 
El “ consumatum est ” sobre la cruz , 
De Galilea pasa la frontera , 

Salva de las montañas los estribos 
Y al mundo entero le esparcid su luz. 


103 



INVOCACION 


Flor estival , Incensario 
De inigualado vergel , 

Sabrosa fuente de miel 
En que se trueca el nectario ; 

Rincón de policromías 
En donde esboza el amor , 
Todo el sagrado esplendor 
De juventud y poesías ; 

Hojas de verde matiz 
Que trasmutáis esperanzas, 

Y que vais en lontananzas 
Juntos con el cielo gris; 

Pétalos que el viento lleva 
Jugando por los caminos. 
Como van los peregrinos 
Pulverizando la gleba 

Perfumes que a los sentidos 
Arrancáis evocaciones, 

Como a los nidos canciones , 
Si hay polluelos en los nidos; 

A vuestro pié en oración 
Cae el espíritu m ío , 

Como gota de rocío 
Que parte del corazón 


104 



RUMORES 


Preanuncia el Pentateuco 
Rumor de creaciones... 
Mosaicos increíbles: 

La Vida y sus hervores!. 

Nos dice del cansancio 
Lejano de la nube , 

Que el gran punzón de fuego 
Pacientemente pule!. 

Ignora el pentagrama 
Rampante de los antros , 

Y tiembla como siervo 
Su turbio Dios esclavo...! 

Estruja sus murallas 
Con invisibles manos: 

No quiere que sus fieras 
Las pueda ver el astro... 


105 



GOLONDRINAS QUE LLEGAN 


Cuando empiezan las tintas aurórales 
Su sangre a destilar , 

Y se amacan las arpas de los sauces 
Besadas por el Imlito estival; 

Cuando llegan las mansas golondrinas 
Con sus cuerpos azules a alegrar 
Las calles y campiñas , 

Cruzándolas en rápidos zig-zags, 

Y vutven a colgar de los aleros 
El caliente y el cómodo nidal 
Al lúcido compás de los acentos 
Con que riegan las ondas al pasar; 

Las eternas viajeras ,a los climas 
De profundo solaz, 

A contarles irán a las ondinas 
En las tardes del mar. 

La ternura encantada de ¡a bella 
Hija del Uruguay , 

Que burila en las almas una estela 
De amor sentimental. 


106 



SE VAN 


Tomaron pasaje en buque mercante 
Que salva mil leguas de viaje marino: 

Con vuelo pausado , con rítmico trino , 

Se van de conserva con el nax'egante. 

Al mástil se prende la dulce bandera 
En tanto la ola se tuerce epiléptica : 

No sé lo que tiene de ave pro f ética 
Al verla tan mansa, tan buena y tan “ dada 
Nos atenta la Biblia que el gran Nazareno, 
Sacó de l afrenta la espina punzante... 
Horrible suplicio, -suplicio del Dante - 
Del Gólgota triste, 

Regresan a Europa, buscando el verano 
- La ropa caliente del temo pichon- 
ear iño de madre , cariño y perdón! 

Más grande, más bello que el mistno océano. 


107 



CUADRO 


La tarde expira en el suntuoso encaja 
De nubes grises que ensangrienta 
Y tu con tu risa de gentil mancebo 
Vas a mi lado por aquel paisaje 

Un muro que trasmuta el coloniaje 
- V viente extenuación del medio evo 
Así que nos escuda , yo me atrevo , 

A quemarte en un beso de coraje 

Postrero resplandor adormecido 
Con levísimas sedas de penumbras , 

Se acuesta blandamente en tus ojeras , 

En tanto en un momento , hemos vivido 
Aquella vida de vivir que alumbras 
Del alma nuestra , todas las fronteras. 



FLOR DE BOULEVAR 


flor de París enferma de tristeza , 
Clorótica de tedio y boulevares , 
Sultana del 4 "Cantar de los Cantares”, 
Ampona de la sádica vileza ; 

Tus rituales marchitos de torpeza , 
Exangües en tus ojos estelares , 

Ya no postran al pié de tus altares 
A principes del genio y la realeza. 

Vagabunda en nocturna encrucijada , 
Con toda ¡a amargura de tu mirada , 
Semejas un ocaso indefinido . 

De cálices de sangre y desencanto , 
Mojados por los ríos de tu llanto 
Que corren presurosos al Olvido. 



109 



EL PRISMA DE LA PAMPA 


A la memoria sacra de Ricardo Güiraldes. 

Tras la inmensa , solitaria 
Pampa que el Ande acaricia 
Brota como una delicia 
Que se traduce en plegaria , 

La imponente luminaria 
Del intenso cielo azul 
Cuando recoge su tul, 

Para borrar las estrellas , 

La ñocha , que imprime en ellas , 

Los fosfenos de Stambul. 

Pasan cóndores volando 
Con las alas bien tendidas 
Tras las montañas erguidas 
Con sus volcanes tronando; 

Los ríos que van pasando 
Como ignotas avalanchas , 

Parecen cintas muy anchas 
De metales bien bruñidos , 

Recogiendo los bramidos 
De las fieras en sus canchas. 

Como divino cordaje 
Allá , en la altura remota, 

Estalla la nieve rota 
Entre la escena salvaje, 

Y como fiel homenaje 
Al que hizo todo aquello. 

Se desmorona en un sello 
De grave postemación. 

Para rezar la oración 

De lo grande y de lo bello. 

Besa el mar al pié pampeano 
Con indecible cadencia... 

Parece la omnipotencia 
Del solar americano; 

Se tornasola aquel llano 
Con el más raro espejismo, 

Y ata un abismo a otro abismo 


110 



Un riel de acero tendido, 
Entre puebles que han mcido 
Del vientre del HEROISMO. 


Mas allá, en la frontera 
Del aftiable Paraguay \ 

Donde se extienda Amambay 
Sin esfiierzos ni fatigas, 

El viejo patriarca Artigas 
Medita en el Uruguay . 

Todos esos gladiadores 
Ciñeron vinchas en la frente 

Y fueron al Continente 

Lo que la tierra a las flores; 
Todos cayeron de amores 
Ante la diosa Nación, 

Cada uno puso un girón 
De su alma en la bandera, 

Y ala libertad austera 
Le dieron el corazón . 


111 



LA VIOLETA 


Cuando todo en el cantero 
Es una triste agonía. 

En ti bulle silenciosa , 
Poéticamente la vida. 

Cuando las otras desmayan 
En contorciones de frió , 

Tu corola juguetea 
Entre guedejas de limbos. 

Cuando las otras exangües 
En pétalos se dispersan , 

Tu búcaro su tiliza 
Embriagadoras esencias. 

Las otras dejan espinas 
En las tristes ramazones ; 

Tú en el imborrable recuerdo 
De inolvidables amores. 


112 



LO QUE SE ESFUMA 


Enmudece él boyero entre los bosques 
Al rítmico vibrar de la tristeza 

Y callan de la linfa los murmurios 
Si resplandece fiera la tormenta. 

Im música del grillo agudizante 
Deja de ser , oculta en la maleza 

Y el trovero de fáciles arrestos 

Canta en sus cuerdas la postrer endecha. 

El blanco dia su carmín diluye 
En los carbones de la muerta hoguera ... 

Y allá en el arco que pasó lejano 
Brota la fauce de la noche negra. 

La golondrina busca su navio 
Que ha de llevarla por remotas playas , 
Porque lleva en su pico la perenne 
Renovación de bellas esperanzas. 


113 



EL INVIERNO 


Albores invernales volcando sus tibiezas 
En llanos dilatados, silentes y dormidos; 

Las rosas desmayadas que inclinan sus cabezas, 
Las aves en desbando que vuelan a sus nidos; 

Misérrimos cantares de orugas cancioneras 
En árboles exangües : sin savia ni verdor; 
Torciendo las olas que azotan las riberas , 

Los Cielos y la Tierra gimiendo de dolor; 

El gélido pampero golpeando los picachos 
Envueltos en las albas nevadas del invierno; 

Las selvas que sacuden airadas sus penachos , 
Contemplan las estrellas en éxtasis eterno; 

Las vírgenes otrora de eróticos excesos 
En medio a las penumbras languideciendo van , 
Sus bocas sin las fiebres ardientes de los besos. 
Sus besos sin quemantes furores de volcán . 


114 



SONETO 


En que euritmia prodigiosa 
Juntaron tanta belleza , 
Para formar la realeza 
De tu garganta armoniosa? 

En que fronda misteriosa 
Tomó la naturaleza 
Con rara delicadeza 
Para tu boca una rosa? 

Y que risueñas Sev illas 
Del mantón y de la gracia 
Copiaron tu faz morena? 

La eterna de maravillas , 

La gentil de aristocracia 
Del salero y la verbena. 



EMOCION PLAYERA 


Quietas las aguas del inmenso RIO , 
Quietas las aguas con quietud de piedra , 
Siempra a mi lado tu divino busto 
Burilando sus formas en la arena... 

Musicación de un beso en el misterio 
Que errabunda se fue sobre las alas 
De un entretenimiento , 

Que rosa la tersura de las aguas. 

En el arco lejano , palpitante 
Cruza un navio de remoto imperio , 

En tanto que tus manos me acarician 
Y a sus caricias deliciosas, sueño. 

Es la hora sonámbula que suena 
En el guiño azulado de los astros , 
Vamos -me dices displicentemente 
A otros lugares bellos y lejanos ... 


116 



lo. DE MAYO 


Ruja la tarde de la vida obrera 
Con asonada y protestas miles 

Y hasta la flor que tiemla en los pemiles 
Ecos repita de su redención; 

Ruja la lengua en los talleres muda 

Y siempre muda en la sombría mina , 

Con bronca voz , y no con argentina 
Voz que corea la burgués canción. 

Flámulas pidan a la nueva gloria 
Los huracanes de la nueva idea 
Para que el fuego de su triunfo sea 
Holocausto sin fin de la verdad; 

Rayos que anuncien cual guerra trompa 
Los despertares de un profundo sueño , 
Para que rompan con porfiado empeño 
El manto de su densa oscuridad. 

Como alciones que van hasta la playa 
Donde jugando se acostó la ola , 

Asi del triunfo hasta la playa , sola 
Llega la turba del trabajador; 

Tejan sus dedos el gigante lauro!! 

Que al mundo atruena en la presente hora 

Y a los destellos de la roja aurora 
Irradie al mundo de lo bienhechor. 

En un abrazo de amistad emblema 
Vuelva el obrero a los esfuerzos nobles 

Y marche como el son de los redobles 
Que anuncien él avance más triunfal , 

Y cuando caigan en acordes lides 
Circundando de amores sus afanes , 

Que vengan otros brazos de titanes 
A levantar su eterno pedestal . 


117 



JOSE PEDRO VARELA 


Como un profeta desplegó la enseña 
Que el ansia popular con furia agita; 
Fué de los pocos que trocó la peña 
En verbo tremebundo que palpita. 

“Rodó sobre su escudo ” desgarrando 
En la lucha su vida legendaria t 
Se apagó como un sol: iluminado 
Con la fé ideal de una plegaria. 

Como lauro triunfante que agiganta 
La garra de la lucha llevó impresa . 
Por eso es diva la memoria santa 
Que palpita en la noche de su huesa. 

Potente luchador de inmenso vuelo , 
Fibra de acero que el dolor no abate , 
En sus alas de cóndor , hasta el cielo 
Arrasa en la tendencia que combate. 


118 



VERSOS A MI AMIGO EUGENIO CASANOVA , 
CON MOTIVO DEL ENVIO DE UN MATE 
AR Tisnc AMENTE BORDADO , A/£ REGALO 


Como agradezco tu envió! 

Un mate que es puro arte: 
Deveras , no alcanza a darte 
Gracias ; este verso wno: 

£7 rancho es todo un estio, 

Y a su frente la pradera, 

Y luego la cancionera 
Calandria dentro del follaje , 
Pintan divino paisaje 

De una feraz primavera. 

Pero como en esta vida 
No ha}> un principio sin fin. 
Graba un sol en el confin 
Que es como una despedida; 
Una barca en la partida 
Sobre las aguas navega , 

Y un cañaveral que entrega 
Su caricia a la corriente, 

Al pasar bajo del puente 

4 Por la solitaria vega ” 

La mano que grabó aquello 
No es una mano cualquiera: 

Es por demás hechicera, 

Tiene del alma un destello; 
Hay arte y hay arte bello. 

Hay sensación delicada, 

Y hasta en la frase bordada 
Brinda espiritualidad : 

Es grande, hermano, en verdad 
Tener el alma encumbrada. 

Lo dejare <l pa ” el amargo 
( quiere Ud. lo que yo quiero) 

Y he de tomar el p ranero 
Con Ud. como de encargo: 

Será un mate lindo v largo 


119 



De viejo cuño criollo , 

Y si acaso no me abollo 
Antes que el mate se rompa , 
Hemos de menearle trompa 
Con torta frita y con bollo. 


120 



VIEJO SILLON 


Cuantas veces, lo recuerdas? 
Entre tus rígidos brazos , 
Zurció mi madre las medias 

Y me lustró los zapatos?... 
Cuántas, ella , me enseñó 
Mi deber de ciudadano , 

Con el enérgico acento 
Noble, de ilustre soldado f 
Cuántas, en tiempos precarios 
Respaldada en tu respaldo. 
Leyó la prensa del día 
Condenando a los tiranos. 

De los tiempos que se fueron 
Eres, mi viejo sillón. 

Una historia palpitante 
De la Patria y del honor. 

Diez mil veces me senté 
Sobre tu asiento calado , 
Debajo del limonero 
Que perfitmaba mi atarto. 

En tanto los mangangaes 
Pasaban siempre zumbando , 
Mientras finge tornasoles 
El ambiente de verano, 

Y el moscardón con su música 
Nos interrumpe el descanso . 

En tu hamaca milagrosa 
Soñé los sueños más gratos, 

Y recordé de mi padre 
Los consejos moderados, 

Y la voz de la experiencia 
Que brotaba de sus labios , 

Me dijo el< Kit ente mente, 

'El mundo, hijo, es amargo 
Como el zumo del ajenjo. 
Como el carácter del diablo 

Y todo es una mentira 
Hija del mentido espasmo... 


121 



Oh sillón de mis recuerdos 
-De mis recnerdos pasados 

Hoy te contemplo ya viejo 
Como imagen que los años 
Sus bellas lineas borraron , 

Y tu pata rota veo 

Y flojos tus fuertes brazos ; 

Y rasgada la esterilla 

Que nos sirvió de respaldo , 

Y apagado tu color 

Y herido por los costados. 
En el abandono triste 

Del que vivió muchos años , 

Y que al fin de la jomada 
Lo dejaron los ingratos, 

En los últimos rincones 
Tristemente abandonado ... 


122 



CUADROS 


Musitan los cercanos manantiales 
Esparciendo su linfa entre la grama , 

Y tañen su divino pentagrama 
En el bosque cercano , los zorzales. 

Disputan sus perfumes los rosales 
Entre los arabescos de su trama, 

En tanto que a lo lejos arde en dama 
El exangüe ramaje en los juncales . 

Silencio religioso en los senderos 
Debajo de los amplios limoneros 
Donde vivo la vida de estos versos 

Que luego han de sonar en tu garganta 
-Cuando jueguen las flores a tu planta- 
Un juguete de pétalos dispersos. 


123 



ANATEMA TERA TO LOGICO 

Versos cortados > para los truanes sin repeto ni 
consideración hacia los demás. 

No tenéis manes ni jui \ 

Estúp idos rhozalvé, 

No mantenéis el repé t 

Sois tontos, sois atreví. 

Es innoble el cometí 
De actitud tan misera, :: 

Y si algún día llegá 

A tener hijos, idió, 

“Sabréis de manos a bó 
Que hay que dar más en el clá ”. 



CARTA EN VERSO 

A BERNARDO PEREZ DE LOS CAMPOS 


Me acompaña la intención .. . . 

De remitirle una carta , 

Pero , exangüe mi cerebro ; i, 

Busca y no encuéntra la causa , ; ; i V . 
Queme de ingente 'motivo .' .. 

Para una poesía alta, ; ^ 

Por las significaciones 

Que pueda infundirle el alma; 

Todo lo cual me concita. 

A decirte “sobre nada ’* 

Será el tema que tendré ~ . 
tei esto torear ingrata ; , 

De racfo wos te o D/os 
Desde su cumbre lejana , 

Y nada significamos 

Con la envoltura que pasa 

Como ye/oz nubecilla . ' 

£?we e?í ¿7 se desgarra, , 

Cuando nada el huracán 
En los campos de la 'fiada’’! 

Nada son esos vapores , 

7mtos juguetes del agua t , - ... , 
rac/tf ¿V vapor que. sale 
De miestras propias entrañas!. 

Nada vive ni un segiitxdo. 

Cuando el infinito tala , 

Con la segur de la muerte :1 
/teto la misma montaña!. •• 

Somos ^ . j - 

De /o que termina en hada] t : v :v 
K la gloria más risueia 
Que simboliza la palma , 
te nada más que un fragmento 
Que fiada pierde ni gana f 
Aunque se hundan los mundos 
En que viven tantas patrias!. 

Nada es el mar que traduce 
En las armonías santas , 

Un átomo universal 
Que llena plams v planas , 

d25 



De inopia desesperante 
De nuestras humanas castas , 

Tan dadas a la soberbia 
Que alimentan con patatas , 
Zanahorias , y con papas , 

En el hervor de las prosas 
De nuestras vidas infaustas , 

De nuestros torpes engaños , 

De nuestras necias macanas , 

Los que irremediablemente 
Se liquidan en la nada , 

Como él canto del zorzal 
O el tañer de la guitarra!. 

Adiós hermano Bernardo: 

Tú eres más “nada” que “nada” 
Porque tiras el sonido 
Como su rumor la pampa , 

Que los cóndores contemplan 
Con sus punzantes miradas , 
Cuando ruedan las estrellas 
Sobre las olas amargas , 

Y brotan las florecidas 
En los senos de las chacras , 

Que los soles atormentan 
Convirtiéndolas en nada , 

Cual una nuez que pretende 
Que su miserable cáscara 

Es insolente navio , 

Unidad de una batalla , 

Que el gimnoto deslumbrante 
Entre la mar alumbrara A 


126 



A UNA MASCARA 


Tú que calzas antifaz 
O que llevas la careta , 

Es tu conciencia correcta 
O dentro va un cachafaz?. . . 

Quieres al mundo engañar 
O te muestras como eres? 

No esperes , tonta , no esperes 
Con la mentira triunfar !. . . 

Desentume el animal 
Que se enrosca en tus arterias 
Mismo lecho de miseria 
De negra herencia ancestral. 

Vive el único momento 
De verdad , grotesco Sancho , 
Y después, como el carancho 
Devora el vientre al jumento. 

No invoques al Dios Supremo 
En imploración senil. 

Que en el divino pensil 
De ira sucumbe el blasfemo. 


127 



A Mí PADR E ; 


Plinto de su vejez,, ... y.- 
Rayo de auroran -.•••>: ’• *: . " 

Misteriosa deidad . i- r . 

Que se aproxüna * ; V 

Como la luz del astro prisionera 
Para correr las sombras de la sima. 

Sólo su/mano de capullo terso 

Puedo tocar 

Mis viejos diapasones , 

Para que vierta y ■ v/u-, v , yv-.\^vv ■ 

Con sonoro verso. 

Mi silenciosa liray • • v 
Sus canciones; • • vy. 

Como los magos del oriente , ella 
Con indice de^rosa muy pequeño. 
Puede enseñarte k polar estrella 
Cabe a las, flores de galante su eño. 


128 



SALMO A m TORTA FRITA 

Torta- fritas con grasa y sal de cocina 
Aplastadas y grandes como la luna , 

Pan de todos los pobres en las tormentas , 

Cuando el mísero rancho gime en las lluvias 
De las trágicas noches de los inviernos , 

Y mastican sus hambres las criaturas 
Chapoteando descalzos todos los cienos. 

Yo te canto mi salmo, oh torta frita! 

Impagable y rugosa gran golosina! 

Que gustaron los gauchos de otras edades 
En fogones de estancia, junto a las chinas , 

O en el éxodo ardiente de los patriotas 

Siempre en pos del chambergo del viejo ARTIGAS. . . 

Salve a ti torta frita, criba de poros. 

Inmanente delicia de miserables. 

Hostia rica y sabrosa de feligreses 

De las mil religiones de ahora y de antes !. . . 

Salve a ti compañera de los troperos , 

Del amargo criollo junto a la hoguera 
En las noches de ronda -noches nervio sas- 
Cuando muge el novillo, bajo la estrella 

Y el tropero le silba , calmo, a la tropa !. . . 

Cuántas veces los grandes, esos “macotas” 

Que gustaron sabores de cosas finas 
Engulleron voraces como ninguno 

De vosotras las tortas, hasta las migas. . . 

Salve a ti torta frita de los desvanes 
Donde hierven las fiebres de los poetas, 

Donde viven maduros los IDEALES 

Y caudan, como cóndores pensativos 
Hasta el borde ignescente de los volcanes !. . . 

Sabe a ti torta frita, ¡oh pan de infames. 

De protervos y mines y de raleas 

De Sanchos y Quijotes y Dulcineas!. . . 


129 



DISCULPE 


Estoy como cansao: este camino 
Me ha endurecido , viejo, hasta las tabas 
Y en la esponja del alma ya no cabe 
Ni una gotita de la turbia agua . 

Que gusto vía tener de armar la honda 
Del bien trenzado lazo de la fama , 

Si hay una fronda de las penas grandes 
Que pesan como plomo y que me aplastan. 

Yo no soy como Ud.: Ud. es más duro 
Que los renuevos de los viejos talas . . . 

Por eso siento como envidia noble 
De los que llevan la cabeza blanca. 

Es que yo siento como envidia y tengo 
Pa todos los “vichocos” de su laya , 
Adentro de mi cuerpo admiraciones 
A medida que bajan de ¡a montaña . 


130 



AMISTAD 


La amistad es un astro que fulgura 
En el cielo brumoso de la vida, 

Es su hiz, esa luz de la ternura 

Que ardiente y bella el corazón nos brinda. 

Condensa el sentimiento de hidalguía 
Que al hombre torna superior y fuerte; 

La amistad nos deslumbra como el día: 

Es principio y es fin ; es inmanente. 

Es la amistad parnaso cuyas musas 
Son la Firmeza, Protección y Fe; 

No se viste de gracias andaluzas, 

Y tiene su alcotán: “juzgar y creer ” 

No fía en la torpeza aduladora 
Ni al fausto quema perfumado incienso , 
Ama en la vida ¡a Verdad y adora 
Estos dioses no más: Virtud y Talento . 

Amigas: en vuestras almas encontré 
En viva encarnación a las Tres Gracias: 

Por eso a vuestras plantas arrojé 
De la amistad las flores perfumadas. 


131 



VEINTE AÑOS 

Cuando veo en torno mío 
Bullir ¡a vida animosa, 

Cuando contemplo radiosa 
Una mañana de estío , ■. 

Es cuando siento más frío 
En mi corazón doliente , . 

Y al congelarse la fuente - . 
De todas mis alegrías, •. . 

Veo que se VAN mis días 
Con rapidez sorprendente. 

¿Qué habéis hecho veinte años 
En el humano concierto ¿ . . ?, 

El tiempo pasado ha muerto 
Entre muchos desengaños; 

Hoy que se toman huraños 
Los que jueron infantiles , 

Los que amaron los abriles 
De la vida primorosa, 

Digan: una mariposa 
No hace más en los pensiles? 

Por la intemperie social 
Se pasa como un beodo; 

El hombre malogra todo: 

La verdad y la moral; 

Pretende ser inmortal 
En su necio orgullo vano , 

Y en ese gran océano 
Del mundo se señorea , 

Donde apenas deletrea 
El desmesurado arcano. 

Todo es mentida ilusión , 

Todo en la vida es demencia; 

Y muere la inteligencia . . . 

Ya no late el corazón. . . 
Fecundiza la extensión 
Su materia desgranada; 

Su lucha desesperada 

El tiempo trueca en escoria; 


132 



Misero rastro de GLORIA h 
Deja el hombre en la jornada. 



LA MISION 


Subir rasgando ¡a tiniebla oscura 
Con la antorcha sin par del pensamiento 

Y asistir al festín del hundimiento 

de la “torpe avutarda la inconciencia , 
Amontonar sin tregua los escombros 
Para trocarlos en cenizas luego 
Al calor abrasante de ese fuego 
Que brota de la entraña de la Ciencia. 

Instaurar los destinos elevados 
Para los cuales fue creado el hombre. 
Pulverizando la maldad sin nombre 
Que se llama egoísmo y ambición , 
Destruir la bacteria de la envidia 
Que locamente ; sin piedad nos roe 
Ahogándonos en sus brazos de Tifoe, 

De la humana hidalguía , es la misión . 

Reverente evocar todo lo grande 
Aplastando misérrimas ideas , 

Y cantar con Homeros.odiseas 
En la fuente insaciable del saber , 
Desplegar entusiasta los pendones 
De la Diosa Minerva en su Atalaya, 

Y pisar como alciones esa playa 
En do alumbra un eterno amanecer. 

Subir, subir en alas de un emporio 
De inspiraciones sin cabal medida 

Y en ascensiones terminar la vida 
Constituye del hombre la misión; 

Subir , subir hasta encontrar el astro 
Más irradiante en la celeste comba 
Donde la Idea estalle como bomba 

Y reviente entusiasta el corazón. 


134 



MISERIAS 


Nazarenos dolores vibrantes 
En el pueblo doliente que mana. 

El sudor de su pálido rostro 

Por todo el enconó que bulle en su llaga! 

Igualdades que busca y no encuentra 
Y agosta el valor de su ansia 
Marco infame que en medio te pone 
Haciendo del Mundo , millares de patrias! 

Mi oración ideal de los sueños 
Aleteos en cumbres lejanas, 

Increyente pensar de los cráneos 

Que danzan del mundo , la danza macabra ! 

Miserere que brota del alma 
Doloroso extensión que te aplasta: 

Ya no puedes pulir el nenúfar 

Que en medio del pantano mefítico , estalla! 

Iracunda canción que se eleva. 

En el pecho viril de las masas, 

Como furias de cóndor gigante 

Que lleva volando, la Muerte, en sus garras! 

Madriguera maldita que abre 
unafauce terrible que traga 
El esfuerzo sangriento y Horrible 
Del brazo que brega, de nuestra canalla! 

Montoneras de hambrientos chiquillos 
Vacilantes, de estúpida facha, 

Monigotes en manos del rico 

Brotados un día ¿ quién sabe en que charca! 


135 



HWmSDJELRlO 


En su smil despeñaderos , l: 
Por sus gafantes de plata . , • v. 
Sus arrullantes canciones 
¿Qué dicen en lengua extraña? 

, ¿Qm ién traduce los misterios 
Del seno de su v orágine ? 

, ¿Qué van clamando sus olas 
En impertérrito avance? 

¿Qu ién detiene sus raudales 
En sonantes cataratas . . <? 

Al progreso son los. Himnos, 

Son los himnos de sus aguas. „ 



MiS CANCIONES 

¡Oh mis canciones? Son tan alegres 
Cómo bandadas de páj arillos 
Que ván en busca de compañeras 
Que les ayuden a tejer nidos 
En los penachos de nuestras selvas. 

Y sóñ torrentes murmuradores , 
Música intensa demilviolihes, 

Y son arpegios de ruiseñores, 

Y serenatas de serafines. 

Y mis canciones son tan alegres 
Como algazara de rapazu elos 
En contoneos tras la charanga , 

O romerías de los gallegos 
Rememorando costumbres patrias. 

Y, son estrellas titiladoras. 

Alfas y Omegas de la alegría; 

De dos amantes las dulces horas 

Y de sus besos la sinfonía. 



AL PASAR 


Inenarrable , alucinantemente 
Pasaste frente a mí: tal \in meteoro 
Que raya el cielo con crayón de oro 
Hasta el ocaso , inconfundiblemente . 

Hunde el RECUERDO su implacable diente 
De aquella historia en el pulmón sonoro , 

Y yo recojo todavía el tesoro 
Que me persigue inexorablemente. 

Después me alejo con tranquilo paso 
Hacia la fronda del invierno triste 
Viviendo un tiempo que pasara ya, 

Y bajo un cielo de pulido raso 
Pienso que vuelve lo que ayer no existe 
Menos la vida que no volverá. 



CONSONANCIAS 


Todo el hervor de la vida 
Puse en tus ojos , mujer , 

£>z ese ayer 

Que el corazón no ¡o olvida 

Glorias fueron del pasado 
Tus señoriales perfiles. 

En que rieron los abriles 
Que aún el tiempo no ha secado . 

Desde el jardín a tu pecho 
Voló el pétalo encendido , 

Y allí se tendió dormido 
Como un ángel en su lecho . 

Y el sol -el gran soberano- 
De la silente pradera , 

En los cauces de tu ojera 
Se convirtió en un tirano . 


139 



ROSA DE OCTUBRE 


¿Recuerdas tú?: trepaban por el muro 
De octubre clamorosos los rosales , 

Y un incendio cundía de vestales 
Bajo la placidez del cielo puro. 

Túrne decías con fervor “te juro 
Que estas flores , mi amor ; son ideales: 
Son las primeras: trepan los umbrales 
De alma Primavera a su conjuro ” 

Quisiera contemplar todas las tardes 
Al acostarse el sol en los ocasos 
Sus rosadas urdimbres cariñosas , 

Y tenderme después sin más alardes 
En los tiernos cojines de tus brazos 
Como el mismo rosal entre las rosas. 


140 



AYER 


Paréceme que vivo todavía 
Aquella tarde de violeta ocaso: 

Su mano bella de pulido raso 
Apreté mucho con la mano m ía. 

“No te vayas aún” me repetía: 

“No romperá la ausencia nuestro lazo, 
“Irá contigo mi constante abrazo ”, 
Mientras la tarde desaparecía. . . 

Véspero alegre la amplitud del llano 
Por donde corre de la grama el beso , 
Mientras detone, lenta, la oración. . . 

Este romance del ayer lejano , 

Si ella viviera lo llevara impreso 
Sobre la carne de su corazón . 


141 



PAISAJES 


La tarde vierte el zumo 
Violeta de su ensueño , 
Panojas asteroides 
Retozan en los cielos . 

Palustres avecillas 
Celebran los inviernos , 
Con opios monocordes 
Del fondo de los cienos 

Demódoco no embruja 
Sonancias en su lira , 

Ni vibran metaloides 
Debajo de la mina. 

La flor que llega tarde 
Descuella por lo exigua: 
Semeja un parpadeo 
Exangüe de la Vida. 


142 



EL SAPO Y LA RANA 


Un sapo muy hermoso por lo feo 
Aúna rana del charco muy coqueta 
La sitiaba de fino galanteo, 

Y ella muy pizpireta 

Excitaba, con requiebros, su deseo. 

Con frecuencia le ocurre al sapo humano , 
De ranas de su especie enamorarse; 

Pero luego -con ellas- de casarse , 
Percibirse que vienen del pantano . 


143 



LA PERDIZ Y LA PALOMA 


Una perdiz detrás de una vidriera , 
Hablaba a una paloma mensajera 

Y con acento triste le decía: 

Palomita más blanca que la leche , 

Me tienen condenada al escabeche. 

Tú que eres del SEÑOR un simbolismo 
No podrías sacarme de este abismo ? 

Y la tierna paloma muy ufana 
Replica buenamente: si mañana 
Vuelvo , volando , a mis queridos lares , 
Te llevaré a mi grupa tras los mares. 
Pero ocurrió lo menos esperado : 

Un perdigón sin rumbo disparado 
A ¡a nivea paloma dióle muerte , 

Siendo mejor la suerte 

De la perdiz parlera 

Que come trigo aún en la vidriera. 


144 



EL LEGA 


Puso la selva un soto en sur melena. 

En sus garras, Sansón la fuerza ignota; 

El bronco acento de su pecho suena 
Sin cobarde temor a la derrota; 

Y temblando a su paso la azucena 
De hiz solar entre el ramaje flota; 

En los médanos , deja, de la arena 
Dé su ágil planta ; inconfundible nota. 

En el surco de luz de su pupila 
Reverberan los soles africanos . . . 

Y con la audacia que envidiara A tila 
Al estrujar la Europa entre sus manos , 

Se impone del desierto en lo profundo 

Tal como el hombre se le impone al mundo. 


145 



EL ZORRO Y LA COMADREJA 


Un zorro muy enfático y político , 
Rondaba de un vecino el gallinero , 
Pero una comadreja que posaba 
Del rancho en el alero , 

Se dijo sigilosa: iré primero 
Que el zorro de uña fina; 

Si me antecede , no deja una gallina. 

El zorro y comadreja ; bis bis: 

-No vaya amigo zorro : la escopeta 
Del dueño es muy certera 
Y el perro del corral , es una fiera . 
—Ud. qué hace aquí tan vigilante 
Amiga comadreja? 

Su corazón tan tierno en tal desplante 
Confundido me deja . . . 


146 



LA COMADREJA 


Era una comadreja muy cumplida 
Que protocolizaba su lenguaje 
Para luego lanzarse al “ abordaje ” 

Del polhielo inocente en su guarida . 

“ Joven polhielo , ta plumón dé seda 
Magnifica tu linea apetitosa, 

Es tu nítida piel como de rosa 

Que a las flechas del sol , marchita queda” 

En cambio el ditirambo prodigaba 
Se relamia voluptuosamente, 

Y devorábase eleogabalmente 
La prole que hace poco ponderaba . 

Como la comadreja, de afectuosas 
Cuántas nos comen las mejores cosas . 


147 



EL CERDO Y EL PATO 


Un cerdo placentero 
De su negra pocilga sobre el limo , 

Y en la tersa laguna un pato hundía 

Su quilla en el abismo. 

Con severo lenguaje el pato dijo: 

¿Por qué manchas tu blanca indumentaria , 
Imposible haragán , te gusta el cieno? 

-No te engañes así tranquilo pato: 

Este fétido limo en que a mis anchas 
Me tiendo Musulmán y satisfecho , 

Me libra de otras manchas: 

La traición , el incesto y el cohecho. 

Más allá de la piel otra eminencia 
Mantengo sin “temores”: la conciencia . 

En cambio tú, si el parásito te abruma , 

Lo disimulas con blancor de espuma , 

Y hasta sueles mirar a la distancia 
A otros como tú, con petulancia. 


148 



AL CLARO DE LUNA 


¿Recuerdas?. . . fue en el estío 
Ciando al pie de tu ventana , 
Quemó tu boca de grana 
Con un beso al labio m ío. 

Complicábase el ocaso 
A este santuario de amor , 

Y al perfume de la flor 
Con su pétalo de raso. 

Y tu voz como un salterio 
Rítmicamente diluido 
En la noche solitaria , 

Dijo no sé que misterio 
Que penetraba en mi oído 
Con la unción de una plegaria, . 


149 



CLARO DE LUNA 


Claro de luna que besa 
Tu bello rostro moreno 
Cuando se aduerme en tu seno 
Ensoñando , mi cabeza. 

Quietud de la noche honda 
De abismos inigualados , 

En que rien los collados 
Con la risa de Gioconda. 
Estrella que se diluye 
En el mar de tus ojeras , 

Como las sombras postreras 
En el día que concluye. 

Dadme tus alas caudales 
Para , en remotos países r 
Ser como nunca felices 
En tus brazos ideales. 



ESTIVAL 


Cantan los ríos sus canciones tibias , . 
El capullo rizado se entreabre , 

Y enhebran trovadores notas místicas 
Al caer las cortinas de la tarde. 

Punza la abeja en dulcidos nectarios 
-Pomas fragantes de sutiles mieles- 

Y el noctámbulo beso de los astros 
En rumores de amor , se desvanece. 

Doran los trigos su carcaj de espigas 
Al rezongo virtual del abejorro , 

En tanto llueven las caricias finas 
De las auroras al primer esbozo. 

De absintio claro los cardales tmen 
Las placideces de la pampa inmensa , 

Y en los pezones de sus pechos vive 
Todo el ensueño de la Vida plena. 


151 



EN LA PLAYA 


Como una cautelosa mensajera , 

Pisa tu planta la cercana playa, 
Mientras el cielo que el azul ensaya , 

Lo copias en el arco de tu ojera. 

Cruza lánguidamente la ribera 
- Donde el peñasco sirve de atalaya - 
La marina gaviota cuando ensaya 
Su vuelo que simula una quimera. 

Se alargan hacia ti como serpientes 
Los amargos oleajes confidentes 
De tus sueños de amor y de mis sueños. 

Que se van en derrota , de la Vida, 

Cual la sangre que sale de una herida 
Rubricando sus trágicos empeños. 


152 



TRES EMINENCIAS 


Alado soy , asombra mi grandeza, 

Y rasgo los crespones del misterio ; 
Penetro el espesor de la molécula: 

Yo soy el pensamiento. 

Me formo de cadencias infinitas 
En las que vibra con ardor el alma; 

Vivo escalando las eternas brisas: 

Me llamo la Palabra. 

Impero en el instinto , no razono; 

Me anego en el raudal de mis ensueños; 
No me deslumbra el esplendor del oro: 
Yo soy el sentimiento. 


153 



RUBENDARIO 


El ruiseñor de Nicaragua canta 
En su mágica lengua cuanto raro 
Puede pensar el pensamiento avaro 
De belleza , de arte y gloria santa. 

El ruiseñor de Nicaragua encanta 
Con el donaire de su verso caro . 

Más luminoso que brillante faro 
Que en la ru ta marina se levanta. . . 

Y en las rémiges de oro que despliega 
En un volido al infinito llega 
Donde la musa con su dedo labra , 

La media luna del laurel glorioso 
Que ha de ceñir la frente del coloso 

Y mago trovador de la palabra . 



ENSUENO 


Beso con loca fruición 
TU roja boca encendida 
Por el fuego de la Vida 
Que le da tu corazón; 

Pongo a manera de airón 
Tu bello brazo en mi frente 

Y la impetuosa corriente 
De la sangre de mis venas , 

Es como sensual Atenas 
En el placer de Occidente. 

Dejo caer en tus plantas 
Esfuerzos de gladiadores 
Entre excéntricos rumores 
Que surgen de mil gargantas; 
Cuelgo devociones santas 
De tu aurífero rosario , 

Y al sonar el campanario 
Bajo el techo de la noche , 
tiro mi adusto reproche , 

En su infinito breviario. 

Sueño un hondísimo sueño 
Lejos, lejos de la Vida . . . 

Voy jugando una partida 
De inestimables empeños; 
Palpo sutiles ensueños 
Que son tus encantos mismos. 
Quiero asirme en los abismos 

Y no encuentro donde asirme 

Y siento despierto , hundirme 
En medio a mil cataclismos. 


155 



MUÑECA LINDA 


Linda muñeca , dulce embeleso , 
Fragante rosa de mis cantares , 

£>? tas mejillas de porcelana , 

Fb/có sw tata? w/w mañana 
Enloquecida de boulevares ; 

Sobre ios arcos maravillosos 
De tus ojeras hondas y azules 
Grabó la vida su interrogante , 
y en tus pupilas ; robo «w desplante 
De primaveras y de estambules ; 

Muñeca linda de escaparate: 

Ríes con risa de la Gioconda 
Cuando con ane prendes tu moña 
Al son alegre de la zampona , 
Vertiendo escalas bajo la fronda; 

No te conviertas en solterona 
Con negros odios por norte y fin , 
Renueva siempre tus juventudes , 

Y serán bellas tus actitudes 
Aunque estés llena con aserrín . 


156 



EN INVIERNO 


Campiñas desoladas , 

Selvas que arrasa el huracán violento; 

Eternas nubes blancas 

Sobre los hombres del eterno viento. 

El astro de las sombras 

Que en el Ande recuesta su cabeza , 

Fulgurando en las hondas , 

En el lecho del mar t también se acuesta. 

Ventarrones helados 
Alientos pavorosos de las Pampas , 
Besando los collados 
Solitarios y bellos de la Patria. 

Las escuálidas garzas 
-Azucenas de armiño del pantano- 
Se posan en las lianas , 

Soberbias enarcando el cuello blanco. 

Las almas ya no arden 

En la hoguera fatal del erotismo , 

Y la sangre no baten 
Los morbos adormidos. 


157 



ORACION 


A la memoria de mi Esposa , 
santa compañera de mi vida . 

Con qué resignación de santa y fuerte , 
Esposa, me dijiste: 4 'Ya me alejo ”... 
mientras se empaña el transparente espejo 
de tus garzas pupilas , con la muerte. 

Corrimos en trágica aventura , 
juntos los dos , en este valle infausto , 
llego al final de la jomada exhausto 
sin la dulce verdad de tu alma pura. 

Cuando en el dorso de tus amplias alas 
quieras llevarme para siempre a ti, 
recuérdalo mi amor: no hay para mí 
galas más bellas, que tus bellas galas. 

Recoge mi clamor , Dios te acompaña: 
cuando tú quieras que a tu diestra sea, 
pídele por mi alma, que es Idea: 
la IDEA, es astro, que ninguno empaña. 


158 



CON EL ALA ROTA 


RICARDO DETOMASÍ -A su memoria 

Cóndor Chaná; desde tu cumbre ignota 
Donde distiendes tus sutiles alas r 
Mira la comunión de vuestro pueblo 
Junto al altar de tu sublime hazaña , 

Y a través de los tiempos que pasaron 

Ve cómo enciende a tu memoria un salmo. 
Evoca San José visiones santas 

Y el ángel de las alas hechas trizas , 

Y de su pecho una oración arranca 
Que llega dulcemente a tus cenizas. 

Con la pupila sobre el cielo puesta 
Tocar quisiste 

De los astros lejanos las esferas , 

Donde fulguran 

Del sol fecundo las extrañas galas. 

La GLORIA que pasó sobre tus sienes 
Encendidas de nobles entusiasmos , 

Puso un lauro traidor en tu camino , 

Pero al tomarlo tu serena diestra 
Un zig-zag de la suerte , 

Te condujo a los antros de la muerte. 

La lira del dolor vibró en el alma 
De San José -tu pedestal de gloria- 
Quehoy levanta, devoto t a tu memoria 
Caudal de cóndor con el ala rota. 

En el sonoro bronce eternizada. 


159 



TUPIANO 


Extraña sustanciación 
-Honda- tu pupila inflama 
Cuando arrancas a la gama 
De tu piano, una emoción. 

En el supremo cordaje 
Donde riela tu alma joven , 
Hay encantos de Beethoven 
Junto a rumores de oleaje. 

Fuga tu mano nerviosa 
en la nieve del teclado 
Con insinuantes querellas 

Buscando en el alba rosa 
De tu numen constelado 
De fulgores , una estrella. 


160 



HABLA UN MUERTO DE HACE 1000 AÑOS 


Acaso termina aquí 
La vida , tal como creo? 

Acaso este mausoleo 
Será eterno , siempre así? 
Durante el tiempo en que fui 
Un habitué terrenal 
Me reí del Carnaval 
Humano , ¡que me hizo gracia! 
Su pretensa aristocracia 
Con ribetes de genial. 

Por lápida me pusieron 
Un inmenso monolito 

Y me arrojaron proscrito 
Con los otros que cayeron , 

Mi cuerpo no contuvieron 
En su eterna evolución 

Y yo filtrándome al son 
De una música imprecisa , 

En alas fui de Ja brisa 

No sé a qué ignota región. . . 

Desde aquella inmensidad 
Aún percibo mi cabeza , 

Vacía . dentro la huesa 
Que le dio la humanidad; 

Toda la triste verdad 
Ahora alcanzo a comprender 
¿ Porqué , mi Dios, no entender 
En nuestros pasos primeros 
Los diez mü y un derroteros 
Que debemos conocer? 

Efluvios moleculares 
Seré en la consumación 
O quizá una vibración 
De luces tentaculares; 

Los eclipses estelares 
No es raro , acaso, que integre 
Porque de una rara fiebre 
Que se funde en electrones 
Emergen constelaciones 
Del Sumo Hacedor Orfebre. 

161 



TIEMPO 


No es el año más viejo el que se acaba: 

El más viejo es el año que atropella 
Con el cincel del desengaño y graba 
En nuestras almas , del dolor su huella. 

Del Año Nuevo , al descorrer la aldaba 
Abro la puerta; y en el fondo , aquella 
Esperanza risueña que animaba 
Mi espíritu de ayer ; tórnase estrella 

Contra el férreo rejón de la experiencia , 
Contra el lírico ensueño de la nada , 

Contra toda fantástica ilusión; 

Porque no hay años nuevos: hay la Ciencia; 
Porque miente la vida en su jornada , 
Porque miente y engaña él corazón. 


162 



PRIMAVERA 


La bandada canturrea 
El más sonoroso alegro 

Y de rosado se tiñe 
El fecundo duraznero. 

El pez encuentra en la playa 
Mullido lecho al desove , 

Y sus redes extendidas 

4 El lobo de mar” recoge. 

Las aromas de las flores 
Narcotizan los sentidos, 

Y en el Parnaso las Musas 
Inspiran cantos divinos. 

Para formar las espumas 
Neptuno bate las olas, 

De donde emerge Afrodita 
Diosa inmortal de las Diosas. 

¡ Salve a ti Primal' era! La vibrante 
Arpa del numen en tu seno canta 
Omnímodo y grandioso y centelleante; 
De colores un himno exuberante 
En tu gran trayectoria se levanta. 


163 



LA PRIMAVERA 


Es explosión que colora 
Como el pincel la paleta , 
Las bellas nupcias de Flora , 
La inspiración del poeta. 

En cada cáliz la aurora , 
Breve como una saeta , 

Pone su luz bienhechora 
Solemnizando su fiesta. 

Todo , todo resplandece 
En la feraz Primavera , 

Vaso de resurrección: 

Sólo el dolor enmudece , 

Y la risa es cancionera 
Que le canta al corazón . 


164 



IMPROVISACION ANTE “LA CARRETA” DE BELLONI 


Plasma en la dulce y discreta 
soledad de la hondonada , 
una centuria esforzada , 
la nativista carreta ; 
eUa clavó en la meseta 
y en el llano , su pendón; 
ella puso corazón , 
en las horas del desierto , 
respetable tradición . 

Rígido el recio testuz , 
e/ £wey semeja un titán „ 
cae/ lo evoca Pelletán 
del Sol intenso , <3 ¿7 /wz; 

&Ü70 e/ s¡g7?o efe la Cruz 
que en el cielo centellea , 

¿7 carreta en su odisea , 
es de & pampa , señora; 
del suelo donde se enflora , 
campera Pentesilea. 


165 



EL BORRACHO 


Es su gloria la copeja donde boga una ilusión , 

Es la mesa más pringosa , su “querencia ” en la taberna ; 

Una gota preferida de su alcohol es la linterna 
Que ilumina los transportes de su triste corazón. 

Junto siempre a la ‘"vasera” con su cara de Sileno, 

En el hígado , hiperemia , por la torpe reincidencia , 

Va perdiendo poco a poco de la vida la conciencia , 
Mientras sorbe “buche a buche”, la impudicia sobre cieno. 

En sus días de sonámbulo -inconsciente vagabundo!- 
Va sembrando los andrajos de su mísero indumento , 

Y sus frases recortadas en las páginas del viento , 

Van al libro de los tristes que circulan por el mundo. 

Ya no importa que mecido fuera en cuna de marfiles 
Ni cubra su miseria con enfático abolengo , 

Ni que ostente las presillas de Austerlitz o de Marengo 
Ni de Baco rozagante , los auténticos abriles. 

Ya se fueron los que fueron como Poe tan geniales! 

Sólo cruzan tambaleantes por el gran ambulatorio , 

Los borrachos sin lirismo ni posturas de Tenorio , 

Los piltrafas insufribles , por demás insustanciales. . . 


166 



GRIS PERLA 


Aquella mañana ardiente , 
Quemaba el sol las arenas , 
Como se queman las penas 
En tu espíritu vidente. 

Por el lejano poniente 
Rodaban las nubes plenas 
De matices de azucenas 

Y azules resplandecientes. 

Epiléptica la mar f 
En su incesante ulular 
Teñíase de gris perla; 
Presentiste los abismos 
De los recios vigorismos 

Y te fuiste por no vería. . .! 


167 



AYER 


Paréceme que vivo todavía 
Aquella tarde de violeta ocaso: 

Su mano bella de pulido raso 
Apreté mucho con la mano mía . 

“No te vayas aún ” me repetía: 

“No romperá la ausencia nuestro lazo , 
“Irá contigo mi constante abrazo ", 
Mientras la tarde desaparecía. . . 

Véspero alegra la amplitud del llano 
Por donde corre de la grama el beso , 
Mientras detona , lenta , la oración . . . 

Este romance del ayer lejano , 

Si ella viviera lo llevara impreso 
Sobre la carne de su corazón. 


168 



SONETO 


A Ramón y Cajal 

No le alcanza a tu espíritu profundo 
Bregar sobre su escudo noche y día: 

Te mata la fatal monotonía, 

Pide tu alma por escena un mundo. 

Y burilas segundo por segundo 
Madrepóricamente tu elegía , 

Y clavas tu bandera de vigía 

En tu Himalaya , hacedor fecundo. 

En el bronce la GLORIA te ha esculpido ; 

Y el Sol te besa desde el alto solio , 

De todos los eternos universos ; 

Pocos nacieron como tú, nacido, 

Para ser en gigante capitolio 
El monarca de todos los esfuerzos. 


169 



DIVINO JARDINERO 


Divino Jardinero , cultivador de estrellas 
en los vergeles del azul ignoto , 
vuelve hasta mí, Divino Jardinero, 
las creadoras fiebres de tus ojos . 

Desbroza de malezas ios ásperos senderos 
por donde cruza peregrino y solo 
y esculpe , como artífice , en la selva , 
la vida en cada broto. 

Afina los cordajes soñadores 
de los coros alados en los sotos , 
musicaliza luego su etopeya, 
y armoniza la gama de sus tonos . 

Divino Jardinero del Imperio celeste: 

un pétalo se ha roto 

constelado de penas , 

que se van por la puerta de un esporo. . . 


170 



M ROSAL 


Mi rosal, el rosal de mis horas 
de más luchas y glorias y ansias, 
ya ño brota , ni arena ni espina, 
del ensueño de las copas brindadas. 

Ya no traza con tiernos zarcillos 
en el aire sus rúbricas raras, 
ni su tronco severo y adusto 
por la noche declama una estancia. 

Ya no viene la rubia colmena 
a chupar del capullo el pezón, 
que una planta sin savia es el hombre 
sin la vida genial del amor, 
ni la ardiente poesía que vibra 
en los blancos pinceles del Sol 


171 



TUFLORERO 


Las flores son las musas ; su fragancia , 
el numen , el deleite , los placeres. . . 
Que divinas y bellas las mujeres; 
las que dieron perfumes a tu estancia.- 

El florero de nácar donde escancia 
el pomo de tu vida sus quereres 
y la mano adorable de los seres 
que mecieron tus sueños en la infancia , 

Le piden el encanto de mi verso 
el Mundo, el Infinito, el Universo 
donde el perfume del pistilo narra 

las pulsaciones del amante exceso, 
que vive, como vive cada beso 
en la reja en que suena una guitarra. 


172 



FUGAZ 


No sé cómo te llamas, no sé de donde vienes. 

Ni sé tus alegrías: tampoco de tus penas 
Conozco los motivos, ni menos tus cadenas. 

Ni sé, yo te lo juro, la historia que tú tienes . 

Modestamente bella, con tus cabellos grises. 
Pasaste por mi lado ; bordaba una sonrisa 
Tu boca en que la gracia jugaba con la brisa. 
Quizá como en tus días más bellos y felices . . . 
Y luego, lentamente, se aleja tu silueta 
Por la estirada calle, bajo el bochorno recio. 
Dejándome en el alma, no sé que dulce aprecio, 
Ensueño que presiente mi numen de poeta. 


173 



“SIENTNUBES” 

-Como lasnubes- 

Tenue, vagarosa , transparente , 

Polícroma y alada, multiforme , 

7w numen de myjer no está conforme 
Con nada, y se diluye indiferente . . . 

“QU ASI NAVES” 

-como las naves- 

Oh padre mar K anciano con melenas 
Bruñidas , marginas los desiertos 
En donde quedan de los tiempos muertos. 
Insepultas, las naves de las penas. 

“VELUTUMBRA” 

-como las sombras- 

Confusión y babel, disentimiento 
Embarga en esta hora al mundo entero. . . 
¿Qué esfumino ha borrado el derrotero 
De luz sobre la tierra, en un momento?. . . 


174 



LA TISIS 


En el cauce de la corteña hada el infierno 
boga el nauta misterioso del microbio 
con las flores enzarces de su averno 
desplegadas como enseñas del oprobio. 

Con su mueca de satánica señora 
nos deshüa con sus garfios la existencia, 
y nos brinda los venenos de su flora, 
en el vaso de su impúdica demencia. 

Son apaches sus famélicas legiones 
que amordazan a la pobre humanidad 
cuando vuelcan en los tristes corazones 
su tremenda , soporífera verdad . . . 
Combatamos en los mares de la arteria 
a la tisis que nos brinda la miseria. 


175 



CARNAVAL 


Epilepsias grotescas y simuladas risas , 

Carmines y carbones en el rostro exudante , 
Algunos -pero pocos- de caballero andante , 
De Sanchos , cas/ todos, cow espantadas prisas . 

r no faltan las poses de beberse las brisas , 
Haciendo el pistolero, arlequín o atorrante , 
y alguna vejancona asaz desesperante , 

Cubierta con los polvos de las viejas repisas. 

Jovencitas que muestran curvaturas muy flacas , 
Señoritas maduras con diez mil temporales 
Y mamás con pretensas intenciones muchachas; 

Efebülosmuy tiesos como tiesas estacas , 
Viejecitos risueños como cuadros murales , 
Exponiendo contentos sus ridiculas fachas. 


176 



LOS PINOS 


Cruje el pinar al empuje 
del favonio pertinaz, 
y el pájaro más audaz , 
también en la rama cruje ; 
se retuerce -tal un buje- 
la esbelta columna cónica , 
y el chasquido es una armónica 
fina nota musical, 
que imita - sabio- el zorzal, 
en la extensión cosmogónica. 

Infantes son los pinares 
bajo del manto estelar, 
que parecen soportar, 
sus destinos seculares; 
mismo frente de los mares 
son apuestos contendores; 
hablan no sé de que amores 
a la gran vegetación, 
y es el pinar corazón, 
perfume, música y flores. 

Su sangre es fuego en sus venas 
y en sus ramas llamarada, 
cuando cruza la hondonada 
el huracán sin cadenas; 
en su tronco no hay almenas 
para el insecto agresor; 
es el pinar un Señor 
del inquieto medioevo, 
tronco viejo, siempre nuevo, 
donde trina el ruiseñor. 


177 



LIRIO ENFERMO 


Hay rumores de agonía 
en tu acento que se queja , 
cual peregrino que deja , 
a su pesar , fe alquería. 

No muestres en tu semblante 
-triste como flor de loto- 
todo el horror a lo ignoto 
de tu médula pensante. 

Emerjan las placenteras 
horas de amor en tus alas 
que a tus excesos entrego; 

piensa que tus primaveras 
se queman en las escalas 
de tu corazón de juego. 


178 



EVOCACION 


En la triste oración que al tiempo ido 
Elevo al Cielo con fervor profundo. 

Te siento a ti no más, porque tú has sido 
Mi feliz emotiva en este mundo. 

Umbrales son de juventud pasada 
Los que traspuse en mi primer aurora 
De mi lírica , casta y ensoñada 
Visión más honda que percibo ahora. 

Todas aquellas santas claridades 
De ti vinieron para mí tan sólo . . . 

No creas que abrasaron mis ciudades 
Los recios frisos que traduce el polo. 

Ven a mi: burlemos la comedia 
Tenebroso fantasma del camino . . . 

Sin tener a la turba que me asedia , 

Soy un ariete contra mi destino . 


179 



AL SEÑOR SONETO 


Limpio blasón de clásico embeleso 
Fuiste señor romántico y gallardo , 

Tu flámula de fuego teje al bardo 
Para cantar la inmensidad de un beso. 

No tuviste jamás un retroceso 
Ni un atajo jamás ; ningún petardo 
Tú nunca „ como el numen de Leonardo 
Dióse a la vida en delirante exceso. 

El perfume que embriaga en el cuarteto 
Es médula sonora en el terceto 
Para ganar la literal batalla , 

Donde juegan la forma y pensamiento. 
Sin que asome a tus labios el lamento 
Indigno de tu línea y de tu talla. 


180 



AL OCASO 


Flor de fuego eres , telón 
En el véspero portal: 
Semejas mi corazón 
Que sangra , sangre ideal 

Negro sudario fatal 
Teje la sombra nocturna , 
Que sustituye el fanal 
De tu incandescencia diurna . 


181 



CRISALIDA 


Su blando segmento deja de arrastrarse 
Porque siente alas para remontarse 
Hacia las auroras , y en noches muy blancas 
Vaga por las frondas, sobre las borrascas , 
Junto a los arroyos de linfas muy tersas. 
De frondas gallardas y flores diversas. 

Deja su sepulcro la que fue crisálida 
Y se va en un vuelo, .todavía pálida 
Por la nueva forma de sus transiciones. 
Hacia los enjambres de constelaciones 
Que mancha la seda del cielo prístino 
Con límpido tono del azul marino. 


182 



CANTARES 


Dejadme ser torrente en mis arrestos 
y montañas también de ese torrente: 
el vencedor se muestra en los aprestos 
con un beso de Dios sobre la frente. 

No queman las arenas calcinadas 
Mis errabundas plantas por la vida ; 
no alcanzan las arenas abrasadas 
para matar una pasión vivida. 

La densa bruma , transfundida en sombra 
la luz apaga del divino astro , 
mas, cuando el alma con amor te nombra ; 
deja en la sombra , de la luz , un rastro. 

La selva es un misterio donde brama 
el bronco pecho de la fiera herida; 
mi pecho es una selva con su llama; 
yo soy la fiera „ tú eres la guarida. 


183 




“Lo que dicen las Cosas * 

y 

Páginas en Prosa 




YO Y MI BUFETE 


¡Cuántas veces quedamos solos en el hondo silencio de la 

noche! 

El, serio, soportando la presión de mis codos; yo, abismado, 
frente a la desierta playa del desencanto. 

Recuerdo cuando mi padre llamó al carpintero de obra y le 
dijo: “Quiero una mesa escritorio sencilla, cómoda, de madera 
eterna”. Y fue así: don Ambrosio, el hábil mueblero de la Villa, 
cumplió su cometido a entera satisfacción del cliente. 

¡Y tuve desde entonces mi bufete! 

Sobre su pulida y reluciente mesa, inicié mi vida de colegial, 
sufrí las primeras mortificaciones intelectuales y soporté el rigor 
de los autores, que habría de aprender, quiera que no, para llenar 
mi desocupado cerebro, como se llenan de mercancías los estantes 
destinados al almacenaje. . “después ahondarás”, me decían. 

El primer lustro me pareció eterno, pues creía no llegar 
nunca a mi ansiada adolescencia. Luego noté que el tiempo corría 
vertiginosamente y que dejaba en mi semblante huellas inconfun- 
dibles de su trayectoria. Una noche —aquéllo me pareció inaudi- 
to— pensaba en casos y cosas extrañas, cuando mi viejo bufete, 
produjo un raro movimiento oscilante y de pronto lo sentí 
vibrar. Sus vibraciones eran articuladas como las que producen 
esas cajas de Edison. De modo, pues, que habló con frase clara 
y expresión diversa. 

“Oye, me dijo: conozco todos tus pensamientos, vertidos 
sobre mí desde tu niñez. He seguido paso a paso tus evoluciones 
psíquicas, me he apoderado de tus secretos más íntimos; tus 
luchas, tus dudas, me demuestran cómo ha cambiado tu yo. 
Recuerdo todo el cuadro de tu primer amor. De memoria podría 
repetir tu primera carta. ¡Ingenuo! ¡Volcaste en ella tu noble 
sinceridad, sin pensar en que muy pronto habría de olvidarte la 
que te juró eterna fe! ¡Creiste en el ángel— mujer! Y pasaron las 
bíblicas magdalenas. La únicá estrella polar de la mujer, bien lo 
sabes, es ocultar la verdad de su historia. Ninguna confesará lo 
que signifique su desmedro. ¡La Eva futura de que nos habla un 
autor, no es otra que la Eterna Eva! Siempre con el cambuj 
calado, ella es la histeria, la tragedizante enferma que pone nota 
cruel en el alma humana. Ella penetra como un efluvio en tus 
reconditeces; simula, como el táctico, una retirada, y, sin embar- 
go, pone incesante sitio a tu atalaya. Esto es para ella un deleite. 
De las pocas que han escrito sobre mí, he podido captar como de 
un sepulcro, sus despojos morales, el enjambre de sus larvas, la 
caída de su virtud grabada en la fría expresión de una sonrisa 
falaz”. 

De pronto mi bufete calló fatigado de su largo discurso, lo 
que me dio tiempo para acometerlo con esta pregunta: 

“Pero. . . ¿No es una mujer tu madre?” “Sí, repuso, mi madre 

187 



mantiene el cetro de la hembra: ¡mi madre es la Tierra! Hembra 
de admirable gestación, es la única hembra que no engaña. No 
hagas símiles. Mi formidable madre, es apóstol augusto de la 
verdad; la disección de su regazo es la página más pura del desen- 
gaño. Su obra es de conciencia integral y fecunda. La máquina 
solar y estelar colaboran con ella en la formación universal de las 
cosas. Nosotros absorbemos.de sus pezones pletóricos, energías 
constructivas. Es la santa madre para quien la muerte no existe. 
La susceptible de ser transformada tiene vida de evolución infinita 
en sus manos admirables”. 

Mi bufete rió con tristeza, y continuó de esta manera: “Sé 
cómo piensas en materia educacional. No podré echar en olvido 
lo que expresaste hace algunos años, cuando empezó a acentuarse 
la decadencia de la enseñanza primaria. Todo se reducía al bombo 
mutuo, cuando no al reflejo. Se quiso, como hoy, deslumbrar 
con fácil verborrea; solucionar el problema con palabras -y se 
mantenía el secreto de la verdad. 

Alguien te gritó al oído: “es que faltan maestros”. Tu repli- 
caste: “Sobran”; pero te argüyeron: “falta calidad”.- Y es cierto: 
no se seleccionó.- Se hizo modus-vivendi de la profesión. Se pen- 
saba en obtener el título para atrapar un empleo. Del “apostola- 
do”, jamás notamos la sensación Esta releba ansia de vida fácil, 
ubicación cómoda, viajes a graneL Alguna excepción respetable, 
era señalada como índice singular entre los mejores del gremio. 
En lugar de formar un “criterio”, se presume suficiente un pro- 
grama y muchas “denominaciones”, se habla de sistemas de en- 
señanza, de “escuelas”, pero no se piensa que un gran institutor 
lleva en sí todos los sistemas y todos los programas, —hagamos 
grandes institutores. La enseñanza del niño por el adolecente, ha 
costado a nuestra niñez educando, más ignorancia y mala orienta- 
ción, que lo que podría suponerse. Ahora bien: sosteniendo esos 
fervores, ecollaste. Frente a personas de incapacidad notoria, que 
todo lo reducían al experimento, petulantes simuladores de vir- 
tudes que jamás poseyeron, sumisos al “amo” de quien esperaban 
prenda mejor que la mantenida en sus garras de simples burócra- 
tas creiste ser escuchado. Error, amigo, error! De tu hondo marti- 
rio moral, podría sacarse tema para muchas páginas. Cuantas pe- 
nas me has causado desde que sirvo tus intereses intelectuales! 
Otra cosa que censuro en tí es tu ojeriza por el pordiosero moral, 
por los masacrados por toda suerte de afrentas... no oficies de re^ 
dentor... ¿Cómo podría distinguirse el valiente, si no existiese el 
cobarde?. 

“Tú has vivido preocupado con todo lo que dice relación con 
la “cuestión social”. Las cuestiones sociales te han quitado el sue- 
ño. Eso de la igualdad ha laminado tu. cerebro. Sostuviste que la 
igualdad no es sino una de las muchas mentiras con que se quiere 
conquistar más libertad y más justicia. Aquí pensé los hombres 
como se agrupen, la igualdad no pasará de un ideaL Dentro mismo 
de una tendencia social, se produce la desinteligencia hecho que 

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aleja el triunfo de lo que denominamos lucha de clases.- 

Tu-bien lo recuerdo, sostenías para las clases sufrientes, hi- 
giene en empiísima extensión, trabajo, de acuerdo con el vigor fí- 
sico del obrero; educación e ilustración elemental de ésa clase, ha- 
ciendo preferencia de los excepcionales; y horas de labor en con- 
secuencia con factores difíciles de pautarlos, porque escapan a la 
más atenta previsión. Creiste, y me consta que aún lo crees, que 
lo mismos que hoy sufren las consecuencias de los estallidos so- 
ciales más violentos, fueron los responsables del cataclismo re- 
volucionario que ha volcado la balanza al extremo opuesto: no 
cabe duda de que el término medio es la situación que el hombre 
puede mantener por más tiempo y con mayor éxito. Fíjate: La 
Ciencia te muestra todos los días el ejemplo de un nuevo triunfo, 
y sin embargo, en el abstruso campo, no aparece el bálsamo para 
serenar el abatido espíritu del hombre, no aparece la panacea que 
prolongue la vida de nuestra organizada materia; baja el promedio 
de la existencia; nuestros errores, sustentados como verdades, du- 
rante siglos, se desmoronan, minados por una célula mental que 
interpuso un signo donde había un espacio. Después de todo, un 
poco de placer, nos redime de “un mucho” de dolor”. Gocemos 
con la más exacta sensación de que no desbordamos hacia el de- 
leite que ofende y destruye, - 

La serenidad y el placer, produce como una prolongación de 
la personalidad física, y trueca en responsable soberano, al incon- 
fundible yo de cada ser pensante.- 


189 



LA PEÑOLA Y EL TINTERO 


Después que el maestro terminó su última explicación sobre 
“el hombre y su lugar en la naturaleza” quedó aletargado, como 
desvanecido, a consecuencia de un esfuerzo mental superior a sus 
energías. El viejo dómine entregaba la guardia que durante trein- 
ta años, había mantenido incólumne frente a dos generaciones. 
Larga filé su postración. Despierto por fin, narró el diálogo man- 
tenido entre su vieja péñola y el arcaico tintero, con los cuales 
viajó mil veces, dentro de los cuatro muros del recinto escolar. 

-Por fin, dijo la peñóla, depués de seis lustros de navegar 
entre tus negras y azules linfas, me concederán un merecido des- 
canxo. He vertido en el papel millones de conceptos, he prestado 
difusión a todo pensamiento, grande o pequeño, que mantuvo 
despierto al sensario humano; fui eslabón entre dos sentimientos, 
entre dos o más voluntades y pesé horas viajando sobre el pulido 
papel, frío y recio, como el trineo sobre la estepa tapizada por la 
nieve. De vez en cuando me detenía: la falta de dinamismo; gris, 
apagaba el tema, decretándose mi reposo, hasta que volviendo a 
funcionar el criterio, y la elocuencia, continuaba, dejando caer 
caracteres videntes en las páginas. 

Parecía un animal sediento, con sus labios sobre el agua fres- 
ca de la vertiente. Me hundí miles de veces en tus oscuras entra- 
ñas, para marcar los caracteres trasuntadores del pensamiento. 

En las blancas páginas del block, devoradas en mi carrera incesan- 
te, en mi sed de agotarme, sustrayendo al cerebro su montaña de 
energías, y secándolas al calor del “mucho pensamiento que pre- 
cisa el mundo” para su emancipación m oral. 

Y que dice el mundo de tí? preguntó el tintero. 

—El mundo... el mundo somos nosotros; nosotros que hemos 
sido la vía, el vehículo por donde se volcó en la tierra, todo lo que 
filé “pensado” por el cerebro universal. -El hombre transforma 
lo que percibe en conceptos, vulcaniza sus efluvios que disparan 
vertiginosamente en su cerebro, y, de esas vulcanizaciones emer- 
gen las visiones pro teiformes de cuanto existe.- 

-Es muy cierto, afirmó el tintero- aquí sin ir muy lejos, yo 
he agotado mi caudal de negra tinta tantas veces, me “he tocado” 
al calor del pensamiento, y, nuevos cauces volcados en mí, hanme 
provisto de “nueva sangre”, para que marcaras rutas intermina- 
bles en el alma joven de los educadores.- 

Ellos experimentan un cierto orgullo cuando nos ponemos a 
su disposición, y es entonces que, con placer, siento que mi fuen- 
te se agota en su beneficio, - 

— Y yo un gran bienestar cuando mis puntas se mellan en su 
infantil obsequip. Algunos son tap esmerados que me cuidan co- 
mo a persona de mayor efecto; pero tales tontos, sólo pertenecen 
a los inteligentes. 


190 



-Es que tu eres muy querida de los niños. A mi me respetan, 
quizá mi severa exteriorización pero y a veces ocurren cosas ra- 
ras: si se les cae una gota de tinta, me culpan de su descuido, y 
hasta se permiten alguna admonición. Una vez. hasta el viejo ma- 
estro perdió su paciencia por un asunto baladí, y, yo me propuse 
darle una severa lección, volcándome sobre una cuartilla llena de 
pensamientos filosóficos; la mancha negra corrió como un río de 
presagios sobre el blanco papel; muchos pensamientos quedaron 
truncos; otros confusos, detrás de mis tinieblas. Estuve al borde 
de mi ruina total, cuando el dómine desencadenaba su furor con- 
tra mi inestabilidad, pero, calmándose luego, exclamó: si no hu- 
biera sido de mi padre... Es frecuente confesó la péñola, que ten- 
gamos que pagar hasta la carencia de pensamientos de nuestros 
jefes: Que a ellos no se les ocurre nada? pues pagamos nosotros* 
soportando los malos tratos a que nos somete la impotencia de 
algún “raté”. Aquí no más , han habido maestros que nos han 
hecho pagar su incapacidad, hincando en nuestro cuerpo sus 
afilados colmillos, empañando nuestro lustre con frases desco- 
medidas, o arrojándolos al pavimento, junto a los papeles que 
se descartan como desperdicios. La incapacidad mental engen- 
dra una furia desonocida. Son los brazos de la herencia; raigam- 
bre en el alma de las malezas de un pasado confuso no tocado 
por el puntero de las investigaciones historiológicas. 

-Ahora dice el tintlro, pienso, cosas que parecen parado- 
jales: ¿como, por ejemplo por las tinieblas de mis entrañas, 
he arrojado tanta luz sobre la humanidad?. Desde la investi- 
gación filosofal hasta aprisionar las pautas gráficas del sonido 
y la palabra no hay nada que nos pertenezca. 

En nuestros mares, las borrascas han asumido formas trá- 
gicas y balsámicas, risueñas y horrorizantes; no ha faltado la 
atonía y ha sobrado la fuerza. Es que yo tengo algo del mar. 
Cuántas veces, todo un cuadro, imponente y singular, de la 
augusta creación, pueda traducirse con una gota de mis entra- 
ñas!. Y, a tí no te ocurre algo parecido?. 

¡Como no!, exclamó la péñola. Cuando un cataclismo, me 
enseña el corazón, donde nací, corazón aterrado de profundida- 
des abismales, antójaseme imposible lo que contigo hemos hecho 
ya que, en íntimo connubio, nos dimos al bufete de los pensado- 
res, a la banca del colegial, al pupitre del maestro, al libro y a 
la prensa. 

-hemos difundido el bien y el mal, expone con dolor el 
tintero. En algo nos parecemos al limo: “es impuro pero en- 
flora la comarca”. 

Si bien hemos encendido la luz civilizadora, contraste in- 
comprensible! también hemos enfermado al hombre, estimulan- 
do sus gérmenes de perversión con el libro, con la escena, con la 
caricatura!. La Misma mano que endulza, amarga la existencia. 
El mismo sol que prodiga la vida, seca las fuentes, calcina el 

191 



ñuto, amustia la flor. 

Meditativa, la péñola, de un salto convulsivo, se rompió 
longitudinalmente, y, el tintero triste y descreído, se arrojó 
al pavimento fragmentándose, al mismo tiempo que dejó una 
huella negra en su trayecto, de donde partió un rayito de luz 
que filé a posarse sobre la venerable frente del viejo dómine. - 


192 



EL PERRO Y LA CADENA 


Fulge la luna en mitad de su camino, seguida de una ténue nube- 
cilla, en tanto el perro, sujeto a su cadena de pulido acero, añora 
su libertad, y rezonga en su lengua “hipérboles y elipsis”. Abo- 
mina de la cadena. Esta, molestada, le interroga: Y que más quie- 
res? Acaso tu livertad vale más que la mía?. Yo viajé miles de 
años, flanqueada por diversas estraficaciones geológicas, hasta 
un día el hombre me captó, sometiéndome a sus caprichos civili- 
zados que no son otra cosa que limitaciones de la libertad.- 
Pero tú eres metal y no sufres. - 

Te equivocas: mis electrones se mueven. Porque me niegas el fe- 
bricente aliento de la Vida?. Acaso tú o alguien ha penetrado tan 
adentro del misterio, que pueda negar o conceder la Vida?. Voso- 
tros los perros sois unos atrevidos... 

No es atrevimiento opinar con modestia. Cada uno pugna por 
su libertad. Pero no olvides que los extremos confinan con los vi- 
cios. Supon la libertad absoluta, y el Mundo se despedazaría. Y 
porque entonces los hombres rechazan las cadenas?. 

“Porque la libertad absoluta es un ideal y como toda supre- 
ma aspiración no la obtengas, por que obtenida, la pierdes como 
ideal”. “No olvides el aforismo nipón. “Pero yo reclamo una li- 
bertad limitada a los impulsos de mi corazón para consagrarme a 
mi especie, que necesita de mí, como la fragua, de tí. “Yo aspiro 
a que mi especie tan perseguida por la letal estrignina, perdure y 
se consagre a la comañía del hombre”. 

“El hombre refina su especie para su diletantismo, para go- 
zarte mejor”. “Agudiza tu olfato, y tu oído; estira, mediante in- 
teligentes cruzamientos tus patas y te lanza tras liebres y venados, 
por campos abruptos, donde te romperás las patas y los dientes y 
donde caerás extenuado por un trabajo brutal”. 

“Pero, cómo? Es tan malo el hombre? 

No has observado al hombre, destruyéndose por millones, 
con una fiereza y cobardía indecibles, con más fobia que a la que 
Uds. ataca?” 

“De cuando acá, nadie ha sospechado que un hombre es mejor 
que un perro?” 

“No recuerdas lo que afirma Schopenhauer?” 

“Yo se, pero muy poco”.“Nunca he leído a esos pensadores”. 
“Mis patrones me dedicaron a comer las ratas y los ratones de la 
despensa, y, luego de esa tarea me entregaban a tí, que nunca me 
hiciste la gracia de reventar un eslabón por mí”.“Si yo reventara 
un eslabón por tí, mi salud se quebrantaría al faltarme ésta tarea 
de mantenerte preso” .“Me vería devorada por el orín que llevan a 
su grupa los meteoros. Yo tengo en tí a un galeote”. “El cons- 
tante ejercicio de esta misión, me mantiene lozana y pulida como 
la luna de un espejo”.“Si te diera soltura sin permiso del amo, me 
colgarían por incumplimiento de mi cometido, de un clavo del 

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taller, o me arrojarían a un rincón, de donde nadie me libertaría 
y el ocio devoraría mi vigorosa estructura, hasta que un día me 
arrojaran al horno de las incineraciones.” 

Ya ves por qué no puedo hacer por tí, lo que yo desearía”. 
“Te aconsejo que esperes”. “La ley fatal se acerca.” “Cual es esa 
ley fatal?”. “La vejez, antecámara de la muerte.” “-Cuando tu 
libertad no estorbe a nadie, y tus dientes ya gastados, no sirvan 
para inmolar a los roedores, entonces los amos te darán plena 
libertad”. “Ya no servirás siquiera para ser imprudente”. “Pero* 
según te expresas, ¿no existe consideración humana para nadie?” 
“No, no existe consideración. La humanidad se desplaza hacia 
una barbarie refinada, que le permita cubrir la pústula moral que 
la devora”. 

“Ese canto a la palinodia de las sociedades actuales; esa enverga- 
dura de las naciones frente a la paz humana, no es otra cosa que la 
máscara sonriente de la decadencia de los estados y la afirmación 
de las mentiras convencionales de la Civilización”. 

“El lobo de la estepa silente, acosado por el hambre, preten- 
de devorar al hombre y pobre de aquél: es el hombre quien lo en- 
gulle”. “Entre la actual sociedad, y nosotras las cadenas, ya no 
hay marco divisorio; aquélla es una ergástula, secundada por nues- 
tros cerrojos”. “No se puede creer en nada”. 

“Yo creo en el amor, -expresó el perro-, porque mi 
delicada nariz me señala en el ambiente, el derrotero que sigue 
una de las tantas compañeras empeñadas en la proliferación; pero 
tú dices, nacemos para pasto de placeres crueles es mejor extirpar 
los símbolos, evitando así, la incesante renovación del dolor”. 

“Veo que me entiendes, aunque no hay que extremar las 
medidas. “El raciocinio impone otra cosa”. 

“¿Qué es lo que el raciocinio impone?” 

“La sensatez, la cordura, dentro de un carácter que evite los 
extremos y se ajuste al selecticismo, decidor intelectual que con- 
templa los campos opuestos en que se debaten los intereses de la 
“Torpe recua Humana”. 

Extenuado por los diversos raciocinios, el perro dejó caer la 
cabeza, apoyándola entre sus patas, mientras la cadena, con sordo 
rumor de eslabones, sin afán, se esfumó tras la sombra del perro. 

La nueva aurora, desperezó sobre la cóncava bóveda celeste. 


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LA GOLONDRINA, LA ANTENA Y EL MASTIL 


El otoño dábale a los paisajes glaucos tonos y la quietud 
imprimía en los bosques y en las playas sello desolador y frío. 

La última golondrina de la postrer bandada que había 
emigrado de los centros de Europa, alzóse en sus azuladas alitas y 
después de cruzar un amplio espacio del Mediterráneo, fue a po- 
sarse sobre una antena, tendida sobre dos mástiles de una podero- 
sa nave mercante que enfilaba su proa hacia las playas de SUR 
AMERICA. 

Cuando jadearon las calderas, para poner en marcha la dan- 
tesca nave sobre el vasto mar, la golondrinita daba, con un suspi- 
ro, su adiós a las playas que dejara y meditaba sobre el esfuerzo 
que realizaron sus antepasados, para sustraer de la frente del Re- 
dentor, algunas espinas que en algo mitigaron su dolor y, al pensar 
así, sintió un poco de orgullo por pertenecer a la familia que 
realizó aquella obra de inaudita piedad. 

“Es indudable -dijo para sí- que desciendo de muy buena 
familia”. De pronto interrumpe la antena el soliloquio de la go- 
londrina, preguntándole hacia dónde se dirige y por qué se va. 

“Me voy —expresa la golondrina- porque desciende la tem- 
peratura, el sol se torna pálido y las gentes ríen menos. Y tú, an- 
tena, ¿qué haces aquí soportando el frío del mar o los soles tro- 
picales, aferrada a esos enormes mástiles que parecen querer en- 
hebrar las nubes? 

“ ¡Ah! Yo tengo una misión muy seria para cumplir: capto 
las ondas, en cuyas alas cabalga la palabra humana para ponerlas 
en un receptor a fin de que los hombres de las diversas latitudes 
del Orbe puedan comunicarse entre sí y contarse las mil historias 
que les entretienen en sus veladas”. 

“¿Y qué les trasmites a los hombres por tan ingenioso me- 
dio?” 

“Generalmente, cosas de poca importancia: noticias sobre 
el desarme universal, suicidios de personajes, la estabilización de 
la república en algún país que fue durante siglos, reinado tolerable 
o hermética autocracia.” 

“¿Y cuáles son, querida antena, las noticias importantes, 
ésas que así podemos denominar?” 

“Son -contestó la antena- la modificación ideada por 
Paquín a la pollerita actual; las que enseñan cómo ha de esparcirse 
el “rouge” en las mejillas y en los labios, las que nos ilustran sobre 
las falsas turgencias de los senos fláccidos, las que describen cómo 
se construye un túnel. . .” 

“¿Para los ferrocarriles?” -preguntó la golondrina-, 

“No. Me refiero a los que liberan al presidiario encerrado en 
esa escarcela social que llamamos penitenciaría. Aunque es muy 
cierto que de los que sufren el tormento del encierro, un crecido 
número está emparedado por errores judiciales, falsedad de testi- 

195 



gos, diversas vesanías sustentadas en los sucios infolios de los 
anales del crimen”. 

Un raro estremecimiento agita hasta la tensión vibratoria, 
a la vigilante antena. Era el mástil enorme, que se balanceaba de 
babor a estribor con rabia inexplicable. “Hace cinco horas —gritó 
airado- que Uds. dialogan sobre múltiples temas sin que se hayan 
dignado dirigirme una mirada, tal como si yo no fuera quien soy. 
Tú, antena, si no fuera por mí, serias un informe montón de 
alambre en el ignorado olvido de algún oscuro rincón de las bode- 
gas; tú, golondrinita, jamás hubieras trabado amistad con esa an- 
tena, si yo no la hubiera soportado en mis cúspides titánicas”. 

“Es cierto -afirmó la golondrina— tú estás muy cambiado, 
causa por la cual no te conocí. La última vez que pasé volando 
sobre ti formabas parte de un bosque de gigantes árboles de la 
lejana Australia. Recuerdo que a mi vuelta pude observar que el 
lugar ocupado por Uds. estaba vacío”. 

“¿Con que me conocías desde tiempos pretéritos? -excla- 
mó el mástil-. ¿Sabes lo que pasó? Cuando me encontraba más 
ufano de mis flores y de mi follaje, llegó a mis dominios una com- 
pañía inglesa, explotadora de bosques y sin más razón que sus 
conveniencias, nos acometió despiadadamente en son de conquis- 
ta y muy pronto yo e innúmeros hermanos míos fuimos derriba- 
dos por el implacable ariete de los astilleros de Albión, acostándo- 
senos después en el fondo de un barco grande que nos condujo 
salvando mares, a los muelles bullentes del Támesis. En mi bella 
región australiana, quedaron exangües mis hojas y mis flores, 
entre los negros fangos del camino. Un día me irguieron sobre el 
puente de este navio comercial y parecióme un delirio mi desnu- 
dez rodeada de tantos tesoros como los que aquí existen; despo- 
jado de mi poético indumento, parecíame ser el blanco esqueleto 
de un megaterio durmiendo su eterno sueño sobre una llanura 
silente. 

Pero mi pobreza, junto a la pobreza del hombre puede 
causar, bienestar. Es tan completo el pauperismo humano; jamás 
me doblé'; combatí contra los vientos, pero caí vencido por 
audaces tiranuelos. . .” 

“No entiendo bien lo que me dices” -expresó la golondri- 
na-. 

“Son nuestros tiranos, los mismos que viven cerca de nos- 
otros en este cofrecito que ambula en el infinito espacio. Somos 
tontos los árboles, tontos conatos elementos de una piara joven: 
nos nutrimos de la generosa saria de la tierra y cuando embelle- 
cemos, nos ocurre lo que a las 1 damas en pleno florecimiento de 
juventud: nos derriba la codicia, el deseo, con mentidas simulacio- 
nes de amor”. 


196 



EL ORO Y LAS ARENAS 


En las ondas de un río africano, la estrella de cine Srta. X 
hunde sus curvilíneas ocultas por elegante indumento de baño. 

En su diestra mano blanca de marquesita fulgura una sortija 
de oro de subidos quilates, donde habilísimo orfebre grabó suges- 
tivos simbolismos. 

La mano blanca de ía “estrella” hurga el lecho del río en 
busca de guijas, que el esmeril de las aguas ha pulido hasta darles 
tacto sedeño. 

De improviso, una voz clara, emergida del fondo del río, 
pregunta a la maravillosa sortija: ¿nos conoces. . .? 

El dialoguito es interrumpido cuando la diminuta mano 
sube a la superficie de la clara y fugitiva linfa, para reanudarse así 
aquélla se hunde, procurando una guija con la cual, como el em- 
perador en Santa Elena hace “patitos”, para matar su cansancio 
de mujer moderna. 

—No conozco a vosotras —responde el oro de la sortija—. 

—Debieras conocernos —arguyen las arenas— tú estabas “en 
nosotras” desde tiempos remotos, pero un día fuimos llevadas a 
los talleres de un a magnífica urbe y luego de habérsenos sometido 
a diversos procedimientos, nos arrojaron a estas playas desiertas, 
visitadas de tarde en tarde por turistas de países lejanos; percibi- 
mos que algo nos faltaba; nos dimos cuenta de que éramos más 
ligeras al empuje de las olas pero no sospechamos que la ausencia 
de nuestra antigua pereza consistía en que tú ya no integrabas 
nuestro ser. 

—Cosa rara, y otros ¡tanto que me extrañan. . .! 

De pronto un pececito con los colores del arcoiris cruza 
fugaz en medio de las arenas y de la sortija. El ebúrneo brazo de 
la actriz rompe la onda, en tanto su cuerpo reposa sobre el muelle 
cojín del río. 

— ¿Es rara -expresan las arenas- tu situación de privilegio 
en la sociedad humana? ¿Qué has hecho para merecer tales 
distinciones? 

-Soy dúctil y maleable: Uds. se asombrarían oyendo mis 
triunfos. Después que dejé las montañas y los ríos no hubo acon- 
tecimiento sobre la tierra, en el que yo no fuera factor exclusivo. 
Desde mi estado natural de “pepita” o de “lingote” hasta la for- 
ma de disco impreso en diversos ^cteres, hasta “mi conversión” 
en caprichosas y brillantes fon no hay quien no me sonría, 
quien no se arrodille, quien no Sucumba ante mis gualdas grada- 
ciones; todos los metales congéiieres míos quieren aliarse a mí. 
Soy, en una palabra, el rey de la creación. 

-Es cierto -replican las arenas—; hemos oído de ti todo 
eso, aunque nosotras creíamos que la cohesión, la firmeza, la 
alianza de los caracteres eminentes fuerí lo que triunfa en el 
ecuánime espíritu de las cosas. 

197 



- ¡Qué error! -expresó el oro- ¿No ven Uds. lo que hacen 
con el hierro y con otros metales resistentes a doblarse? Son víc- 
timas de los hornos de cuatro mil grados y sólo desempeñan ofi- 
cios tan groseros como el de la sartén» caldera, horno, rueda, pu- 
ñal . . Exclamaron la 

ñaL . . Exclamaron las arenas: —no abomines de menaje y en seres 
tan útiles en el imperativo de la existencia. 

-Ríanse Uds. -exclamó el oro-. Nada es tan apreciado 
como lo que nos brinda el placer banaL Vive el hombre de sus va- 
nidades. La insidia es en él una necesidad; el interés y la envidia, 
sus cualidades más ponderables; el chisme, la simulación y el em- 
buste, piedras preciosas engastadas en su espíritu. 

-Imposible, grifaron las arenas indignadas. Nosotras hemos 
recorrido los mares, atravesado los continentes a la grupa de los 
vientos, rugido en las tempestades del desierto, caído en las furen- 
tes cortinas de las cataratas y no valemos nada, ni siquiera porque 
hemos contribuido a levantar esa mole inmensurable que modela 
el brazo del hombre y a la cual domina, ciudades, urbes, monu- 
mentos, pirámides, esfinges, puentes, catacumbas. . . No valemos 
nada a pesar de que sostenemos y protegemos los refugios del 
hombre, cenáculos del espíritu, de la ciencia, de la belleza; adhe- 
ridas a los muros eternos de las más viejas creaciones del esfuerzo 
inteligente ni siquiera llamamos la atención. Admiran las obras del 
pincel puestas sobre nosotras, pasando siglos y siglos desapercibi- 
das en medio al fragor humano; recibimos en silencio las heridas 
del tiempo y de las evoluciones del cerebro en el incesante correr 
de las horas sin que ni una caricia de gratitud nos muestre un 
cauce de amor: pero tú, en cambio, vives en cofres de rosa, en es- 
tuches de hijo oriental, en cajas de seguridad y las mujeres más be- 
llas te llevan sobre el corazón o pendiente de su cuello o de sus 
rosados lóbulos auditivos. . . 

-Creedme vosotras, argüyó el oro, que soy el SOL mismo 
condensado en- el seno de la tierra. Mi origen es solar. Soy ascua 
transformada por las convulsiones del planeta, en materia supre- 
ma. La creación tiene también sus preferencias, que el hombre 
copia al pie de la letra, en su decurso terreno. La tuvo conmigo. 
Valgo más que el hombre y sin él nada valdría. Por eso me deifica. 
Mi aliado más poderoso es la necesidad. El amor, con raras excep- 
ciones se rinde a mis plantas. La tranquilidad de los pueblos, su 
escasez o su abundancia dependen de mí. Doy impulso a la vida, 
descubro las virtudes y los vicios, siendo, en este terreno, supremo 
señor. 

-¿Es cierto, preguntan las arenas, que todo lo que te abrogas, es 
en ti viviente realidad? 

El oro contestó muy quedo: -ni engaño ni me engañan. Soy el 
gran confidente. El hombre me conoce desde la cueva de Auri- 
gnac. 


198 



-Nosotras cerramos esa cueva, declaran las arenas, por espacio de 
miles de años, hasta que un día unos curiosos franceses, levanta- 
ron la lápida que formábamos, y con la cual mantuvimos ocultos 
por espacio de diez mil años los huesos de los tiempos orgiásticos 
del hombre cavernal. 

-Ah, exclamó impresionado el oro, yo dormía en vosotras mis- 
mas y también en las montañas un sueño cuya iniciación se pierde 
en los confines solares. Rodeado de gemas lucientes y caprichosas, 
en palacios subterráneos, en el espesor de las cordilleras, percibí la 
exploración del hombre en aquellos lugares, pero no hice mayor 
acopio de informes y^ continúo en mi ensoñar delicioso. Pronto 
esta mano me paseará en las pantallas de los cines y mi fulgor 
despertará la envidia y la codicia de los tontos y los vanos. 

A éstos no les temo. Pero temo, sí, al desinterés, a la probidad, a 
la altivez; como éstos escasean tanto, sigo tranquilo mi peregri- 
naje filtrándome al través de la mentira codificada. 


199 



EL ARBOL Y LA HOJA 
(Cuento). 

Desde la alta rama, cayó la hoja ya exangüe, al pie robusto 
del tala secular. ¿Me dejas? —interroga el tronco a la hojita que 
juega con las briznas a la fresca sombra de las ramas. 

—No te dejo: crees tü que no quieres prestarme el jugo toni- 
ficante de tu savia y me abandonas a mi suerte, frente a los mete- 
oros con que el destino me amenaza. 

—No te abandono. Son tantos tus congéneres recién nacidos 
a los que debo nutrir, que es preciso alejarte, para que ocupe tu 
situación en la rama, otra más joven; más bella; más fuerte que tú, 
otra que me dé oxígeno más puro que el que tú me dabas; otra 
que sorba con más fruición el rayo solar que irá presuroso hasta 
mi férreo corazón a transfundirse en energía, es decir: en amor. 

—Sin embargo, tronco adusto, yo fui un día no lejano, niña 
mimada en el follaje; a mi sombra, el cetrino aborigen cargó su 
carcaj de flechas para batir al intruso hispano; a mi sombra tejió 
su diadema de plumas para ornar su frente y atisbo su presa a la 
vera de ese mismo río, a donde es posible que vaya a sepultarme, 
arrastrada por el huracán o por las aguas turbulentas de las fre- 
cuentes crecidas. Veo que tus afanes para conmigo, terminaron 
cuando mi juventud se extinguió después de haberte dado el teso- 
ro de mis energías juveniles. —No atribuyas hjjita, a mi proceso 
deliberado de molestarte, mi conducta para contigo. Una auto- 
ridad suprema, me ordena ser así contigo. Dependo de factores 
ocultos; subalterno soy en la misteriosa escala de las fuerzas 
creadoras y transformadoras. 

Tú y yo somos el nudo de quien se valen esas fuerzss, para man- 
tener la armonía universal. Mi resistencia aparente, no vale más 
que tu debüidad real. 

-Pero yo desapareceré. . . 

— ¡No! Tú irás sobre el cristalino dorso de una ola a enriquecer las 
tierras y te verás transfundida en pomo de perfumes, en tanto que 
yo iré a convertirme en cenizas en el rústico hogar de algún cam- 
pesino cruel, de esos que con ojos de codicia parecen reconvenir-' 
nos en esta forma: “Yo traeré mi hacha, le haré añicos y después 
serás llama, brasas, cenizas. . 

Ya ves cómo mi suerte nada tiene que envidiarle a la* tuya. . . 

De pronto una ráfaga huracanada, eleva la gualda hojita en direc- 
ción a las nubes mientras el tronco pensaba: — ¡Qué feliz es ella 
que marcha hacia el sol! La hoja exclamó: —¡Oh tronco, tú 
quedas en tu reino, mientras yo seré pasto del rayo de las alturas! 


200 



VIEJO RELOJ DE NUESTRA SEÑORA 

No es que vayamos a denunciar municipalmente al viejo 
reloj de la Virgen de Guadalupe, ni que al marcar la expresión 
“Nuestra Señora ”, refiramos a la de París con su torre dél 
“ananké”, donde el arcediano de Josas se imbuía en su piedra 
filosofal, atormentado por el amor de aquella Esmeralda, emergi- 
da del vientre de la señora Gudula, no. 

Vamos a evocar al viejo reloj que, desde la feliz infancia a 
las primeras estribaciones de la vejez repite y cuenta las horas con 
sus isócronas vibraciones, mostrándonos su faz de albayalde, 
teñida de valores romanos y rememorando la floración de vida de 
la niñez, seguidas por las de la entusiasta adolescencia, internadas 
más tarde en la mocedad lejana, y, alcanzando hoy, en tu ritmo 
imperecedero, las que dicen de tantos desengaños como emocio- 
nes nos dejara la existencia. 

Ese* viejo reloj nos anunció las obligaciones escolares, la 
hora de la lección, de donde, con ingenio , más que con genio , 
salíamos frente al severo y humano maestro; leemos en esas horas 
que marcó implacablemente el índice de la esfera, la pertinaz 
animación de nuestro espíritu para la quietud, para el febricente 
dinamismo que se resolvía, inexorable, en admoniciones que 
tallaban, con decoro docente, al hombre futuro. 

Bellas horas que anuncian “el recreo”, la “salida”, el do- 
mingo inmediato, el descanso que habríamos de tomar en las 
venideras vacaciones, paladeadas con feivor de primaveras, 
cuando las golondrinas regresan, y alumbran los cocuyos, fugaces 
actores en la escena que cubre con su telón de boca, el arabesco 
de las auroras. 

Horas que rieron a los siete años, que aturdieron en las 
pubertades y que anunciaron el divino despertar cuando 1a 
vorágine de la Vida, nos conducía al pie de la primera reja exor- 
nada por las pálidas flores de la luna. Horas de obligación y de 
martirio que nos atan a la ley de las fracasadas sociedades» cuando 
éstas quieran alisar con el rasero de sus impremeditaciones, 
injustas y vulgares, el vértigo incontenible de los espíritus supe- 
riores y a los cuales se pretende sujetar, con la capacidad fría, 
filosófica o geométrica, de las extensiones limitadas. 

Horas nerviosas que nos decían: “te esperan”; decepcio- 
nantes que gritan: “no vayas”; desesperantes que repiten: <l vete”; 
horas irreconciliables de lucha íntima en las que el severo JUEZ, 
no sabe qué auto dictar en suprema instancia. Horas que habéis 
estremecido nuestro sensorio más hondo, al tiempo mismo que 
habéis electronizado las torres de nuestra Señora, yo vuelvo a 
oiros, corridos que son los"años, con un poco del deseo infantil, 
con un adarme de aspiración moza y con un ápice del viejo que 
empieza a descender en la montaña abismal, por donde cruzan 
todo género de torrentes. Viejo reloj: muestra tu semblante dé 
albayalde, pero no infundas en las almas los desengaños del 
tiempo y la distancia. 


201 



ANALFABETISMO 


El milagro de redimir a los pueblos del analfabetismo, es 
más arduo que redimirlos del pecado, porque a veces, el pecado es 
la contravención a una convenció preestablecida por un prejui- 
cio, mentida deidad de cerebros convalecientes en el largo derro- 
tero de las enfermedades sociales. La tiniebla de los cerebros, 
preocupó siempre a los hombres cumbres. Por desgracia, no todos 
los que ofician de educadores llegan a la altura de lo que Grasset, 
en un esquema demostrativo, denomina personalidad consciente. 

Personalidad consciente: he ahí lo que debe poseerse para 
acometer la obra real, determinante, de combatir y concluir con 
el analfabetismo. 

Domesticadas las fieras, son mejores. Las frutas mismas, 
modificadas por el cultivo, dejan su ancestral “analfabetismo” 
para darnos su sabor y su semblante de civilización, mediante 
selecciones escolásticas. El rigor de la ignorancia es la noche 
de las trincheras, burla de la Vida, fango que salpica la frente 
humana hecha para mirar a DIOS. 

Relacionado este problema a nuestra organización social, 
hurgando en sus motivos, hallamos enemigos que es preciso deve- 
lar, a fin de vencer, tras lucha pertinaz y desgarradora. Pero care- 
cemos del porcentaje de educadores capaces de la obra, y ésta es, 
para el esfuerzo de muchos aunados en aspiración común y con- 
comitante. 

El escollo mayor lo encuentra el Maestro Rural, quien 
termina por sucumbir, ya por que le falta carácter y condición 
mental, ya por que la tarea superior a sus fuerzas» domina su 
brío. Además creemos que un crecido número de maestros, por 
inopia, no es capaz de infundir en el espíritu del niño, esa 
idealidad balsámica, de la que es frecuente que también carezca 
el Maestro. De manera, pues, que el pequeño soberano, en su 
fugaz carrera escolar, ajustará sus criterios a la mínima idealidad 
aprendida de institutores roídos por el desgano y por las sordi- 
deces que crea el egoísmo, el cual da paso al interés personal, 
primero que al colectivo; al derrumbe que a la restauración. No 
es sólo el analfabeto del graficismo al que debe combatirse: 
están los analfabetos del sentimiento y del ideal que son los 
peores. Esos no tienen cura; si no se refina esa inmaterialidad 
interior que llamamos espíritu, poco habremos hecho con 
aprender las formas gráficas del alfabeto, que un antropos apren- 
dería con relativa facilidad a distinguirlas y puede ser que a tra- 
zarlas. . . 

Por eso aspiramos a más: a que el institutor no sea la mozuela des- 
pectiva pintarrajeada y ridicula, que irrumpe en expresiones diso- 
nantes cuando la abruma el trabajo frente a las humildes greyes 
que caen bajo su amparo, como la .¿imiente bajo el puñado de gle- 
ba que ha de nutrirla como la húmeda caricia de sus esencias ma- 

202 



témales; ni la jampna desgarbada que espera con enfado la hora 
de dar libre escape a la grey, ni el mozalbete enfatuado y granuja 
que mira a su alumno como a un ser inferior, ni al inspector ento- 
nado, petulante y torpe, incapaz de sembrar el consejo persuasi- 
vo y sabio, en el alma de sus colaboradores.- 

Cuando el mal del analfabetismo, se acentúa, la legión que 
debe salirle al paso ha de integrarla el carácter, el numen, y la 
ilustración. Son estas armas poderosas, las que pueden medirse 
eficazmente con el flagelo que da origen a estas líneas. Vayan 
esas frases, en obsequio del empeño que demuestra actualmente 
la Inspección de Escuelas, en vencer a un saldo de alta cifra de 
ñiños analfabetos, existentes en nuestro Departamento. 


203 



FUEGO FATUO 


El hijo de Facundo Sánchez, capataz éste de la estancia de 
Vergara, terminó su período liceal y no quiso título académico. 
—Hay mucho titulado-argumentaba- y no será raro que pronto no 
más, sean los médicos más que los enfermos y los abogados más 
numerosos que los pleitos. Yo quiero emplear mis adelantos -po- 
cos o muchos- en el trabajo material y convertirme en sensato 
productor. La tierra se brinda generosamente a nuestro brazo y 
nuestro brazo debe responderle con la misma altiva nobleza, cul- 
tivándola. Los demás seres que pueblan la tierra también necesi- 
tan nuestra inteligente colaboración para perfeccionarse. Que las 
investigaciones de gabinetes vayan a buscar más eficaz actuación 
en la historia viviente de las cosas. Yo, por mi parte, creo que de 
nada ha de servirme lo que he aprendido, si en el campo de la 
experiencia, no realizo lo que la teoría me enseñó en mis largas 
vigilias de estudiante... 

Y asi razonando, quiso el vástago de Facundo Sánchez, vi- 
vir la vida rural con sus pintorescas peripecias, en medio a su 
poesía dulce y pertinaz, contemplando la magna creación en el 
tímido esbozo vegetal, en el deslumbrante esplendor de los sig- 
nos zodiacales y en los admirables meteoros que transfiguran la 
expresión del infinito. 

Un día dijo Facundo a su hijo: Si se anima y quiere acompa- 
ñarme lo llevaré en el primer “arreo” al iniciarse la próxima zafra 
del ganado de consumo. Después de todo, cuarenta leguas a tran- 
co de caballo, no es tanto... 

Bueno repuso el joven Sánchez, ya que Ud. lo quiere, lo acompa- 
ñaré. 

Y el día llegó : la madrugada fría de final de Agosto, de limpidez 
augural, los tomó en marcha en el camino que costea las Sierras 
de Mahoma. En tanto los arrieros con silbidos largos, y al son del 
¡hopa!, ¡hopa!, llenaban los caminos (ruánicos caminos) usados 
desde la conquista hasta hoy, Facundo, el capataz, narra a su hi- 
jo “historias ciertas”, dice que le ocurrió a “un amigo”, a “un 
su pariente” o a un desconocido... 

Y a Ud. nunca le pasó nada?, preguntó el joven a su padre. 

Que no me va a pasar, hijo! -Siempre recordaré con un mie- 
do que no puedo evitar, lo que vi una noche —noche de ronda- 
cerca de un campo-santo que hay en esta misma sierra, pero del 
lado opuesto a este que “llevamos”. Conducíamos una novillada 
para “inveme”, la que teníamos que dejar en una gran estancia 
de Minas, e hicimos alto al margen de los monolitos de la exten- 
sa serranía. El cementerio quedó a una cuadra de nuestra esta- 
ción. Yo no podía dormir. Algo me anunciaba el corazón... 

De pronto, por las grietas de los cajones de muertos, veo salir co- 
mo un ancho relámpago. Me quedé helado. Se me endureció la 
mandíbula. No pude hablar. Me fué imposible pedir amparo. 

204 



Aquella ráfaga luminosa» imitaba dos alas ampliamente desplega- 
das. De improviso, el negro peón, encargado de la tropilla, desa- 
nudando su voz, me interroga: Bido, patrón es un alma en pe- 
na!... Sería güeno que nos levantáramos...! 

Más aliviado del imposible terror y con frase entrecortada, 
contesté al negro: —Encienda el candil y “prenda” fuego... 

Y esto que le cuento, hijo, no son bromas para que Ud. se ría. 
Eso lo vieron mis propios ojos. Ni es broma ni es mentira... 

No lo dudo papá, ni es broma ni es mentira... pero, es más men- 
tira que broma... 

Cómo?... 

Lo que Ud. vió es un fenómeno vulgar, vulgar como el ladrar de 
los perros o el gambetear del avestruz, eso que lo inundó de pa-, 
vor, lo lleva Ud. y lo llevamos todos en nuestro cuerpo; eso es luz, 
tiene Ud. razón, es luz que llevamos presa en nuestros huesos, 
porque ha de saber Ud. que nosotros llevamos un poquito de 
LUZ SOLIDA en nuestra materia, pero, cuando la muerte liberta 
al organismo de sus afinidades, las diversas sustancias, rompen sus 
íntimas dependencias, quiza para buscar una nueva integración, y 
se manifiestan “COMO ESA ANIMA EN PENA QUE UD. VIO”. 

El día que Ud. muera, no será extraño que le toque asustar a 
otro, como otro lo asustó a Ud., si, como Ud. es ignorante de los 
misterios de la transformación de la materia. Lo que Ud. vió se 
llama FUEGO FATUO, y no ANIMA EN PENA, como Ud. lo 
afirmó. 

Bueno, hijo: en adelante dormiré tranquilo y sabré que la ignoran- 
cia se combate con el estudio, con la atención y el noble esfuerzo 
que disipan el ALMA EN PENA de nuestra embrionaria educa- 
ción. 


205 



LA VIDA Y LA MUERTE 
Diálogo 

La Vida corría admirando las playas de un continente leja- 
no, -playas calcinadas por el sol, hirvientes de oleajes, festonadas 
de acantilados verde-gris y de caprichosas eminencias en la tierra 
circundante. 

Junto a una duna tersa y holgazana como el descanso de un ce- 
táceo, detuvo La Vida su inquieta planta, a fin de poder admi- 
rar cómo las olas rugientes, en escalonado tropel, avanzaban para 
liquidarse en amargas y turbias gotas, sobre la húmeda felpa de la 
mera. 

Debajo de un peñón monstruoso, la estatura enclenque, Z# Muerte 
atisba su inevitable presa. 

Frente a frente, míranse con decidió interrogante: 

¿Qué haces? pregunta la muerte con tono imperioso. 

Ambulo, replica La Vida . Quiero integrar en mí este inigualado 
panorama del Universo, pienso como todo responde a una armo- 
nía infinitesimal El desmesurado foco de las alturas, procedió de 
todo su poder, para que yo contemplara en fervorosa arrobación, 
el tímido esbozo que encierra en su trama, toda una ñora admira- 
ble, de formas, de coloración y de perfumes. 

Me enajena cuando veo desde este imperceptible punto del espa- 
cio. 

Todo eso es mío. Es la propiedad que no ha menester convencio- 
nalismos y de la cual me apodero por las ventanas de mi alma, pa- 
ra transfundirla en emoción y en vibración, lo que dará un deter- 
minado estado de conciencia. 

—Te encuentro como jamás, atrayente, rebozante de ener- 
gía, apetecible a mi vientre insaciable y misterioso... 

—Noli me tangere, que aún no he arribado a la margen 
opuesta de Aqueronto... 

¿Que no te toque?... Si estoy contigo desde el primer soplo 
que te animara... 
i— Cómo sueñas! — 

-No, no sueño. La Muerte es inseparable de laVida. Yo me 
inicié a la vida de La Muerte , al instante mismo que tu empiezas la 
vida. 

Voy contigo, soy tu sobra, duermo a tu lado y cuando reposas mi 
“relatividad” te permite imitarme. Te doy un poco de sepulcro 
diario, para que no extrañes mañana, el lecho definitivo en que he 
de operar tu tranaform ación. 

—Y, ¿qué seré después de esa transformación? interroga 
anhelante la Vida . .. 

—Serás energía moviéndote en un sentido de simplificación. 
La naturaleza, como un niño que rompe su juguete para^adquirir 
el misterio que lo mueve, y hace luego de sus partes otro juguete; 
destruye su obra para realizar con sus partículas admirables re- 
construcciones, donde nunca encontrarás una idéntica a la otra. 

206 



Y tú que todo lo puedes: ¿porque no has vencido al tiem- 
po? 

Tonto, no ves que yo soy el Tiempo , y que La Muerte es mi anti- 
faz?. 

Y la Justicia, exclamó sonriente La Vida , ¿qué es?... 

La Justicia filé úna vez creada en un momento de suprema sa- 
biduría, para ambaucar a los tontos. Parece que tú no me has 
comprendido... pero mi excentricidad me inhibe de explicaciones 
inútiles. Soy sustancial a pesar de esta envoltura incorpórea con- 
que aquí me conocen. 

Mato lo que debo matar. El equilibrio de lo creado así lo exige. 


207 



LA ACCION JUDAICA 


1932 años antes, las sociedades fueron entremecidas por la 
palabra y la acción de un hombre alucinado de Justicia y Amor 
El ensueño -forma de excelsa locura- se engastó en el alma purifi- 
cadora del judío trágico, que “suda sangre en el huerto”, durante 
las últimas horas que precedieron a su crucificción. 

La mortífera algazara de las turbas semibárbaras de Poncio 
Pilotos, fulminadas por el verbo acusador del mártir en hervores 
de rabia -abierta su llaga por el látigo de admoniciones delambu- 
latriz profeta, presionaron al Sanedrín, indeciso en sus resolucio- 
nes, respecto al personaje que levantaba los miserables hasta las 
dignidades de aquélla justicia y amor, abatidos por la soberbia, 
qie, desde su “augusto” trono, oprimía el más abominable dogal, 
puesto al cuello de los tristes esclavos. 

Desde entonces la conciencia humana empieza su carrera, 
chocando en los caminos inciertos, con opuestos criterios que la 
discusión de veinte siglos, parece hallar aún en pañales, respecto 
de la evidencia que el Semi— Dios del Gólgota, proclamó desde a- 
quella cumbre de la Tierra. 

El cristianismo celebra en esta semana un aniversario más, 
con lujo de rituales, en medio a sus penumbras, inciensos y flores, 
brotados al calor del inmanente manantial de la Vida... 

•Pero serán abatidos los tonsurados del incondicionalismo religio- 
so. 

Y penetrará el decálogo en las decadentes sociedades, cuando la 
conciencia encienda la flámula de una dignidad, fuera y por enci- 
ma de los epidérmicos prejuicios, que engrandecen la torpeza y el 
embuste de los “pecadores”, organizados en núcleos de clasisismo 
religioso. 

Y el amor eternizante y puro, triunfará. 

Y el simbolismo del sacrificio cristiano, marchará de con- 
sumo con la insignia científica. 

Y de las capas geológicas brotará la paz universal y no la 
guerra desgarradora. 

Y el infierno de los arsenales, pulverizado por la razón ad- 
monitiva del Nazareno, ha de trocarse en caudalosa emoción sin- 
fónica de dulce esperanza. 

Y las resurrecciones se multiplicarán, cuando, 
surjan las Marías de Magdafa al pié de los agonizantes... antes... 

No queda del Cedrón sino una leve cicatriz sobre la corteza te- 
rrena; no corre ya aquélla linfa que llevara en sus ondas las siete 
palabras del profeta; sepultas están por los siglos de los siglos, las 
huellas que marcara el pié del redentor en sus largos peregrinajes. 
Las raigambres del Monte de los Olivos , no han abandonado la . 
tierra de triste agonía. 

La acción judáica, como el oro, es tánto más pura, cuánto más se 
tamiza en las fraguas de la discusión. 

208 



Jesús inclinando su cabeza, al estremar su martirio, es más grande 
que la estirpe humana, irguiéndola con su estúpida soberbia. 


209 



LAS MEDITACIONES DE DON PATRICIO 


Don Patricio llegó a estas playas con plétora de anhelos no- 
bles y desencantado de la vieja Europa, donde sólo había presen- 
ciado horrores desde el 14 al diesiocho. Aquéllo fue la caída de 
sus ideales; palpó la mansedumbre ovejuna de los pueblos y los re- 
sortes ya gastados de una civilización en descendimiento moral, lo 
indignaron, desencantándole de cuánto argumento confortable 
extrajo de los libros gestados por pensadores de gabinete. 

No podía conformarse en su orgullo literario, conque fue- 
ran los escritores suficientes, vagabundos, de alcantarilla, los que 
mejor armonizaran con un espíritu de universalización del bien, 
de aminoración del mal, espíritu que plantea el problema de igual- 
dad relativa, de equilibrio humano, para reducir los términos ex- 
tremos de la lucha en que agotan la carne y el alma universal. 

¡Que vanga la renovación, predicaba don Patricio, La reno- 
vación!, pero no esa que pretende renovar dando vuelta lo viejo, 
ya herido, ya rancio de uso; que el renovador sea también flaman- 
te hacedor, exento de sugestiones que traen a la grupa vencidos 
prejuicios. Renovación de inquietudes espirituales, sin parpadeos 
de duda, algo así como un amanecer nunca visto luz que ilumina 
el hervor de las sociedades en decadencia, luz que infunda recato 
al desorbitado conflicto humano, llama que devore hasta los ves- 
tigios del ornato moral de los siglos decadentes.... 

En sus largas veladas meditativas, Don Patricio pensaba: no me 
explico como el mundo ha podido tejer en rueca de sus sordide- 
ces tánto disparate y tánta infamia. Cordillera de cadáveres, deja- 
dos a lo laigo de los campos de batalla, hacen exclamar a los gene- 
rales vencedores: ¡“bah”!. 

Esto se emplaza con una noche de Paris. “El barranco de 
Lacoste es un esquema, frente a la trinchera moderna. Waterloo 
una parodia ante Verdún. Atila un Santo , bárbaro y todo, junto a 
las cancillerías del ano 14. 

Engendro de la misma matriz son el progreso y el origen glorifica- 
dos en el mismo altar, donde se bebe de rodillas el vino que embo- 
rracha a los cancilleres, a los estadistas a los mandatarios libres de 
responsabilidad ante el dolor y la sangre de los pueblos. ¿Y son 
estos mediocres los que disponen del hombre como de una arista 
que alimenta hogueras...? 

Pero a veces me pregunto?: ¿Qué debilidad mora, qué in- 
comprensible miedo, qué materialización de obediencia ciega ata 
las masas al capricho de sus verdugos? -¿Cómo estos se ponen 
de acuerdo para ejercer la esclavitud de “aquelos” y “aquéllos” 
no aplastan a éstos?... 

Y ante la explosión de sus propias ideas, Don Patricio crispaba in- 
dignando sus dedos fuertes y ágiles. 

Huyendo al caos de aquéllos pueblos bárbaros -decía- azotados 
por la cobardía -el mayor de sus flagelos- planté mi tienda en 

210 



AMERICA y cuando nacía en mí la esperanza sublimada de paz, 
el riego inflamable de las luchas fraticidas cruza frente a mí, 
inspirándome pavor -el mismo asqueante pavor- que me causó la 
Europa entregada a su brutal hecatombe, harapo de una barbarie 
dormida en el alma vil de aquélla humanidad. 


211 



HISTORIAS DEL PAGO 


Pancho era largo y flaco como longaniza, arrugado como 
pata asada y más haragán que aquel Juan Malón de nuestras 
lecturas de niño. Tenía cuarenta otoños que parecían cincuenta 
inviernos. 

Habitué a la estancia de don Genaro, fuerte estanciero encha- 
pado a la antigua, caprichoso como oveja descarriada, honrado co- 
mo Catón, Pancho pretendía a una hjja de aquel -de nombre An- 
tonia-, moza regular de carnes, más bien bonita que fea, ágil y 
rosada, con frescura de capullo: para eso no tenía mas de veinte 
años. 

Anronia era la mayor de las hijas de don Genaro y el crédito del 
Yiejo estanciero; así lo decían todos y el mismo padre lo confir- 
maba. Pancho pretendía a la primogénita del hacendado, de oji- 
to y en silencio, un silencio que se tornaba elocuente, cuando 
el garfio de sus pupilas de indecisa colocación, buscaban los ojos 
de Antonia. 

Entonces quedaba como anestesiado en presencia de ella. 
Antonia aparentaba no entender el drama íntimo de Pancho. 
Por su parte, éste, temía avanzar demasiado, por comprender, a la 
indecisa luz de su cerebro, que aquella moza era “demasiado 
prenda” para él, -gauchito vagabundo, sin más bienes que el man- 
carrón overo azulejo y un conjunto de “pelegos”, atormentados 
por el uso diario y el mal trato. 

En aquel pago no abundaban los hombres, y Antonia acepta- 
ba aquellim como quien acepta una dádiva mezquina y de mal 
gusto, porque nunca le brindaron otra mejor. Es posible que tam- 
bién pudiera en ella un ansia que sentiía en el interior de sus ve» 
ñas, ansia cuyo origen ella misma no acertaba a explicarse... 

Un día, víspera de la iniciación de las esquilas, Pancho, aco- 
dado sobre el montante horizontal de. la tranquera que daba al 
patio de la vieja casona, entabló, con temor de apereá corrido por 
los ^perros, su primera plática con Antonia, pero resueldo a ser 
explícito. Su largo tórax se hizo arco de círculo, para acercarse 
mejor al órgano auditivo de su interlocutora, y sus palabras, de 
una sonoridad bajísima, temblantes, casi confusas, denunciaban 
la emoción incontenible que presionaba el ánimo de Pancho. 
Antonia escuchaba, dominando la escena, con esa displicencia 
en la que no asoma niguna resuelta determinación. 

Yo, sabe? -expresó Pancho- quisiera decirle ahora lo que hace mu- 
cho, sabe? quería decirle; pero Ud... no sé... se muestra, como si 
dijéramos arisca... yo no sé lo que parece que me dice su cara... 
Pero, Pancho, arguye Antonia, y que quiere que le diga mi ca- 
ra?... 

Pancho vacila. Sus traces se entrecortan... El sol va tirándose a 
muerto entre los edredones de nubes del poniente, eft tanto que el 
ajetreo de la estancia se aminora. La “comparsa” apresta sus tije- 

212 



ras para la próxima faena, y la “cancha” queda lista para el día si- 
guiente. La “madrina” “cencerra” anunciando que la tropilla se 
aleja, trás el perfume de las gramillas de los atardeceres, al mismo 
tiempo que la majada jadeante, menudea el triste balido, bajo el 
espeso vellón que la sofoca... 

“Cortado”, y por no saber cómo hilvanar su oración, Pancho 
enmudece, dejando vagar su pupila hacia el punto de donde parte 
el coro de los ovinos, para decir de pronto, tímidamente: “la ma- 
jada ta güeña y sana, eh?”. 

Sí expresa Antonia, la mayada, como los hombres, si se le 
cuida j, tiene mejor vellón... 

Amarga sonrisa fue la respuesta de Pancho. Miróse de abajo a 
arriba disimuladamente, y vió, a “su vellón”, que hacía mucho, 
pero mucho! que no lo “esquilaban”, y clavando sus pupüas en 
los ojos de Antonia, bruscamente, con asombro de parte de 
esta, desapareció, envuelto en las penumbras, trás del amplio gal- 
pón, refugio de muchas de las faenas campesinas... 

Al díia siguiente, uno de los peones, de vuelta de.su diariajEconi- 
da, contó, en medio del cloquear de las tyeras que aturdían el am- 
biente, que Pancho, el largo y simplote Pancho, boyaba, con 
los ojos abiertos, fijos y vidriosos, hinchado como sapo del dilu- 
vio universal, en las tersas aguas de la laguna grande, cerca del 
paso de los Judíos, del correntoso arroyo del Infierno. 


213 



HISTORIAS DEL PAGO 


Ignacio era lo que podría denominarse “gaucho en pueblo 
y cajetilla en campaña”. 

De su matrimonio con Robustiana naceron nueve hijos, de los 
cuales cinco mujeres. 

Como poseedor de algunas cuadritas de campo cerca del pueblo, 
las explotaba en el vidrioso negocio de lechería. El establecimien- 
to destinado a las tareas apropiadas al ramo, lo constituía un con- 
junto de ranchos de terrón, hecho con extrema incuria, tres ha 
bitaciones para la familia, la infaltable cocina, negra a ñierza de 
hollín y de humo, y el pozo de balde de agua más amarga que el 
dolor. 

Los años fueron corriendo, los muchachos crecían, y el 
negocio mal atendido, se desmoronaba como barranca socavada 
por las corrientes de las altas crecidas. 

Al presentir las primeras sensaciones de la ruina, el viejo Ignacio 
arrojaba sobre sus hijos la culpa de sus desastres y doña Robus- 
tiana, ya fuera porque tenía mayor comprensión del asunto, ya 
porque su amor de madre la colocaba frente a su consorte en de- 
fensa de sus hijos, el caso es que excalaraaba con pena no disimu- 
lada: “este INACIO culpa a los muchachos de nuestra mala 
suerte” y no ve que todo anda como el diablo poique él jamás pu- 
so afición a otra cosa que a las “cartas” y al “guesito”...“Nai* 
des” le decía más que yo lo que está pasando y por mis verda- 
des me ligué más de un bofetón de sus propias manos... Lo 
mesmo que lo que le ocurre a Pepa, la mayor... Yo sabía de los 
amores con el mulato Indalecio pero el padre no quiso creerlo. 
Ahora que el mal no tiene remedio,! qué se yo lo que va a pa- 
sar!... No me animo a decírselo y ya está cerca el día en que se 
conozca y...! pensar que la pobre Pepa es tan guapa... 

Los ranchos despeinados por los implacables pámperos, 
heridos por el abandono, sitiados por los desperdicios, circunda- 
dos de baches negros y pestilentes, rubricaban la idiosincracia del 
dueño, siempre junto al mostrador tapizado de la infaltable lámi- 
na de estaño, con la copeja delante, en mangas de camisa, calzan- 
do alpargatas y en actitud que trasunta molicie y que traduce al 
vencido por la mano despiadada del vicio. Tal el cuadro. 

— (Maldito ternero!, gritaba Pepa, al no serle posible man- 
tener en el corral a un becerro flaco y cascarriento que pugnaba 
por escurrirse por uno de los numerosos boquetes que enseñaba el 
desvencijado cerco. 

Hundida en el fango hasta las rodillas, calada por la lluvia 
fina y fría no pudo detener al anim alejo que ganó el campo, lo 
que dio lugar a que el viejo Ignacio descolgara el rebenque que 
pendía del cabo de la ancha cuchilla sujeta al cinto y con aquél 
aplicara sobre los lomos de Pepa, sufriente y mustia, todo el 

214 



ancho y el largo de la sotera con tal fuerza, que la pobre víctima 
rodó entre el fango del corral. . . 

Maltrecha y como pudo se levantó, cuando el viejo se aleja- 
ba tirando al infinito el más sabroso de sus ojos, empapado en el 
vinagre de su perenne mal humor, para terminar con un: “saban- 
dija, pa otras cosas tienen juerza. . ¡miren qué panza tiene. . . í” 

La madrugada era impresionante: el huracán sacudía hasta 
los postes de los alambrados, el agua llenaba los caminos, los re- 
lámpagos alumbraban a intervalos la sombría escena. . . 

Pepa cabalgando sobre el viejo petiso aguatero, mal ensilla- 
do, sin cojinillo, trataba, valiéndose de su técnica campera, de 
salvar “los arrecifes” de aquel improvisado mar y de acercarse 
presurosa al puente antes que la crecida lo impidiera, porque 
sentía urgencia en llegar al hospital del pueblo. 

La “madama” comentaba la fatalidad. . . ¡Vaya un antojo 

raro. 

Mire que nacer con un pie como pezuña de becerro. . .! ¡Qué 
antojo raro! 

Pepa despertando del sopor que sigue a tales percances y 
habiendo recogido las últimas palabras de la partera, expresó con 
firmeza y amargura: “ ¡Qué antojo ni antojo! Es que yo tenía en 
los sesos aquel ternero que al escaparse me pateó en el vientre, 
al mismo tiempo que el viejo me daba contra el suelo a fuerza de 
loqjaviva. . .! 


215 



HISTORIAS DEL PAGO 


Morador, el negro Agapo y An tonino, eran tres “moceto- 
nes” nativos de ias costas del Marín cho, sin más cultura ni conoci- 
mientos que los que proporcionaba una incompleta experiencia, 
en una incipiente República Sud- Americana, 

Muchachos sin vicios, aunque con todos los resabios del 
ambientó, eran demasiado buenos para la época. Trabajaban en lo 
único que distraía en aquel tiempo los años del campesino: doma- 
ban, esquilaban, tropeaban. . . 

Morador era el más garifo y por haberse criado entre perso- 
nas cultas, a las que sirvió en calidad de peón, poseía mayor aco- 
pio de conocimientos generales. 

Entre los tres, su opinión prevalecía. 

El negro era un verdadero caso de lucidez mental: guitarris- 
ta hábil y también despierto improvisador. 

An tonino era la antítesis de aquéllos: reservado, prudente, 
reflexivo y hasta daba la sensación de entender poco. Jamás ade- 
lantaba frase indiscreta. El menos sabio, pero el más filósofo del 
grupo. Terceto inseparable. Cada uno había llegado al convenci- 
miento de que aquello del haz de varas, era irrefutable y acorda- 
ron entre ellos mutualismo irreductible y, luego, reírse del res- 
to. . . 

-Me han desafiao -dijo el negro- a cantar por cifra y no 
reculo. . . 

— Hacés bien, —le expresó Morador— mientras el hombre 
mantenga su cabeza sobre el hombro, puede vencer. 

—Pero, pa eso —arguye An tonino— nada de pretensiones y 
mucho de voluntad. 

—Dejuro —dice el negro— iré a vencer si puedo y de no, pa- 
cencia. . . 

—Y ¿en dónde va a ser la payada? -interroga Morador. 

—En la estancia de Paz —contesta Agapo, ajustando la cin- 
cha de su flete overo colorado, casi pelo de novillo.- Ese día es el 
santo del patrón y habrá con cuero. Va toda la gente alta y hasta 
creo que habrá sortija. 

—¿Qué preguntas vas a hacer vos? —averigua Morador. 

—No tengo pensao.Uds. saben que en el contrapunto uno 
no sabe de antemano lo que va ni a contestar ni a preguntar. Por 
otra parte, según he oído, mi contrario es duro como cuero e’ga- 
to. 

La estancia de Don Valentín Paz es una de las de más fama: 
la bondad del patrón, las tropillas de un pelo, la novillada brava, 
la nidada de mejor lana, los baguales “reservaos”. . . Ese conjunto 


216 



realza el prestigio, que se concentra en el amplio caserón construi- 
do por los padres de Paz antes de la guerra grande. . . 

E:a un domingo del mes de noviembre del 82 . Un verdadero 
hervor humano parecía la estancia de Paz. Todos los comensales 
estaban tocados de ese entusiasmo estival que infiltran en el alma 
•las estancias renovadoras. . . 

Un observador hubiera podido anotar desde el indumento 
femenino del último figurín porteño, copiado de los más exigen- 
tes modistos de París, hasta el percal, soplado o escurrido, según 
la saturación de almidón de canutillo que le dio su dueña antes 
de plancharlo. Los hombres vestían bombacha y bota, o chiripá 
con bota de potro o alpargatas bordadas. Pocos de bombilla . . . 

Los asados vertían, hacia la hoguera, ríos de zumo vital; las 
pavas “bufando” exhalaban por sus cuellos “bocanadas”- de va- 
por. . . El cimarrón circulaba de mano en mano servido por alguna 
china con más “campañas que Napoleón” o por alguna mozaaper- 
calada y sonriente. 

Cuando Agapo y sus amigos llegaron, el “contrario” de éste, 
ya había templado su linda guitarra, coquetona con sus incrusta- 
ciones de nácar y sus condecoraciones de vistosas cintas. 

La presencia del negro fue esplendorosamente celebrada... 
Es que era mucho en aquellos tiempos, el hecho de que un negro 
se “topara” con un blanco; en “achaques” intelectuales... 

Juan Antonio Domínguez, el rival del negro, era mozo en- 
trerriano, bien plantado, con gran fama de payador y de hombre 
de mundo . . . 

Alguien procedió a las presentaciones. 

— Yo soy Domínguez. 

-Y yo Agapo. 

Después del ritual, se afinaron las guitarras. Punteo va y 
punteo viene... Por fin, Domínguez rompe el silencio de la in- 
mensa rueda humana de la que él y el negro forman el centro. Sa- 
luda a la Patria de Artigas y a todos los presentes, empezando por 
los dueños de casa . . . Termina, y el negro, en un sonoro bordoneo, 
inicia la improvisación en cuartetos saludando al patrón y a su ri- 
val lo mismo que a la Patria Argentina. Luego un momento de 
pausa... 

De pronto, en verso fácil, dice el negro que debe recordar 
que fue desafiado a cantar por cifra, corriendo presuroso a tomar 
alguna lección del hombre blanco, para terminar la primer inci- 
dencia con esta estrofa; que guardó la inigualada memoria del gau- 
chaje. y aqui estoy, negro por juera 

más, todo blanco por dentro, 
pa decir que en este mundo 
Al mas güeno no lo encuentro . . . 

El entrerriano “atuzó” la voz, enfiló un rasgueo, y replicó 
al negro con unos cuartetos de los cuales el final decía: 

217 



Tiene razón, negro sabio. 

Yo nunca encontré al más bueno . . . 

Y en donde he puesto mi labio 
Sólo he gustado veneno. 

La payada continuó sin tregua por espacio de horas. 

Un descanso al pedido del patrón, condujo a los cantores 
a platicar sobre diversos tópicos. 

Se postergó el canto para la noche. Se habló de la hacienda. 
De las conveniencias económicas que reportaría el cultivo de tal 
o cual lanar o vacuna, etc. 

De pronto, Antonino, en silencio hasta entonces, interviene 
para decir: 

— No hay como la oveja . .. 

- ¿Por qué? le preguntan. 

Porque da la lana, el estiércol que es oro’, el cordero y 
queda entuavía el vicho parao . . . 


218 



HISTORIAS DEL PAGO 


En las tardes tibias de otoño, veíasele frente al rancho con- 
templando los paisajes horizontales, mientras sorbía el amargo y 
desfilaba el enjambre de lanares del estanciero vecino, a quien Mu- 
niz le había prestado servicios como peón, durante media centu- 
ria. 

El recoi daba bien a don José María, dueño de veinte mil 
cuadras de campo, quien se había hecho rico mediante maniobras 
hábilmente consumadas. Como peón “supo” cumplir muchas ve- 
ces órdenes del patrón que él estimó poco honestas, pero como 
era obediente y no se internaba en lo que no veía muy claro y co- 
mo ni siquiera soñaba en actitudes dudosas, acataba de su parte, 
las órdenes y guardaba silencio. 

Aquella soledad le hacía hervir los sesos de recuerdos: los 
ganados que condujo a la tablada durante treinta años; las noches 
de marcha en los diciembres y en los eneros atormentadores de 
calor; las rondas al ganado arisco, bajo los soles aplastantes de la 
canícula o a la lluvia implacable de inviernos crueles; los rezongos 
inmotivados del capataz, y, ante este fardo de miserias, para ganar 
un mísero jornal, de donde, “deducido” los ‘Vicios apenas si le 
quedaban unos míseros reales. Así es que él “no podía ser” de los 
de la gran cadena de los adelantados humanos. . . 

El reuma lo inutilizó para el trabajo. Del mocetón vigoroso 
que domaba los mejores potros de Don José María, no quedaba 
más que la sobra haciendo espalda al rancho, rancho mísero, soli- 
tario, a la vera del camino que conduce a Cuchilla Grande, donde 
en tiempos un poco lejanos hubo encuentros sangrientos, que, na- 
rrándolos, ponían los pelos de punta .. . 

Las tropas que con frecuenica cruzaban frente a su tapera, 
renovaban las páginas de su pasada vida y hacíanle exclamar: Pu- 
cha digo: ya no valgo nada, y, después de todo que hice cuando 
vaha?... engordar a otros y para engordarlos, agarrarme este reu- 
ma y estar al borde de vivir de limosna... destino perro el de algu- 
nos cristianos...! 

Así esclamaba el indio Muniz cuando crujían sus articula- 
ciones mohosas por el atenaceante reuma que había postrado su 
humanidad, fuerte antes como tronco de viraró. 

Cuantas veces con el viejo Pacheco, su compadre de sacra- 
mento, se lamentaba de su vida “al santo cuete”, vida, según de- 
cía, sin resultado, sin misión, sin consecuencias, vida aporreada 
por la dura labor que iba a parar al bolsillo del opulento Don José 
María, para quien, y para su familia, él —el peón— había reventa- 
do diez lustros sin descanso ni otro aliciente que el de quedar 
siempre bien con el amo, el cual pagaba la mesada, convencido de 
que hacía mucho con darle un pedazo de “tumba” al peón fiel y 
tesonero en el trabajo, y un rinconcito, además, para tirar su cuer- 
po aplastado por el rudo ajetreo de la inmensa estancia... 

219 



Cuando somos muchachos, compadre solía decirle a Pa- 
checo—, la vida más “fuerte” se nos va en vanidades, en castillos 
en el aire, en creerse que el mundo es de uno y en dejarse “apro- 
vechar” por los más vivos... o por los más picaros...! Cuando me 
acuerdo que dejé mi mocedad sobre el lomo de cuanto sotreta me 
vino a mano o entre las guampas del ganado ajeno, comentando 
historias de guerras y puñaladas de pulperías en torno del fogón, 
pienso que esta vida de “eme”, merecía más no haberla vivido; 
cuando me hago cargo de lo que ha realizadcwp poco tiempo de 
trabajo inteligente y tenaz, el gringo Don Nicola en las cuadritas 
que a Ud. le compró, compadre, me da gana de dar vuelta, meter- 
me otra vez en el vientre de mi madre, para volver a nacer de nue- 
vo y emprender la lucha como Dios manda... En este paía y en 
otros es lo mismo: el gaucho no tuvo más destino que el de vagar 
sin ley ni señor o el de ser esclavo, y, siempre, en los dos casos, 
hombre sin rumbo; sin que el mismo supiera, cuando vagaba, por- 
qué vagaba, y cuando le tocaba cinchar, porqué lo hacía hasta ex- 
tenuarse. Vivir por vivir, sin finalidad, sin porqué ni para qué, 
como los peces, para que lo coman... 

Es que Ud. compadre, ni siquiera hizo nido y siempre fue 
como el tordo, dice Pacheco, arguyendo que todo eso es porque 
está aburrido de estar solo, sin compañera. . 

Qué esperanza, replica Muniz molestado: no se olvide del 
hijo de Don José María! Mire que matrimonio! Y tan linda moza 
ella...! 

- Pero, murmura Pacheco. 

— Nada, compadre Pacheco, nada! Si es linda se la codician 
y si es “fiera” para que la quiere? Nada compadre: déjeme volver 
a nacer, pero para laborar como el gringo Don Nicola; para arran- 
carle gloria a la tierra, para que la tierra dé raudales de abundancia 
protegida por brazo inteligente y perseverante, para que el reuma 
me tome rodeado de frutos y flores, y para que el blando saludo 
de las ramas, sea el vasallaje que nos brinde la vida, al iniciar el 
camino interminable de la muerte. 


220 



CHOCANO 


El ‘‘cantor salvaje, autóctono” de América, murió trágica- 
mente en Santiago. Dice la prensa que un paranoico le cercenó la 
vida a golpes de navaja. 

Como a cualquier transeúnte, como a un vulgar cualquiera! 

Como si la muerte hubiera querido nivelar con la de los de- 
más hombres, la altura genial del más profuso, exaltado y vibrante 
poeta de los mares, de las selvas, de las cumbres. 

Su musa multiforme, de áureas ensoñaciones, descriptiva, 
religiosa o apóstata, lo mismo se congracia con los tiranos, que 
canta himnos a la Libertad; musa que se yergue en los picachos, 
que es torrencial, que brama en la maraña de los bosques o sube 
con los cóndores arriba del Ande, para asombrarse de la epilepsia 
del mar y mostrarse esplendorosa del fuego interno que la anima. 

Fue un poeta trágico. Mata por una página de crítica y casi 
cae en el banquillo por impudores brindados al tirano Estrada. 

Huye de un país a otro. Va de un continente a otro. 

Canta al Redentor; ensalza a proceres, anima la estrella de 
los Pancho Villa y presta aliento a los extorsionistas. 

Este poeta enorme “gigantesco como un Tequendama y 
complicado como el hombre”, vierte versos, como el torrente 
linfas. 

Magnífico siempre, ampuloso aunque se arrastre, tornadizo 
y siniestro, Chocano es el hijo singular y portentoso del estro 
americano. 

Su armadura íntima posee las armas de todos los escudos, y 
su verso es verbo que resuena como el huracán o arrulla como la 
paloma; estremece como la tempestad o es blando como una 
ofrenda. 

Ha muerto esparciendo belleza en todo palmo de tierra que 

pisó. 

Su cerebro, que vivió ondeando entre dos eternidades -la 
del espíritu y la de la Vida— irá a secarse lejos del suelo que lo vio 
nacer: no quieren los suyos que la Patria que lo arrojó de sí, ate- 
sore sus despojos, aunque él haya cantado a los Incas de las mon- 
tañas de oro, y haya ardido en su pecho el fuego que estremece la 
entraña fabulosa del Ande Peruano. 


221 



DISCURSO SOBRE EL 25 DE AGOSTO 


Señoras, Señores, connacionales y extranjeros: 

Si el concepto “patria” no tuviera para mí otro sabor y otra 
devoción que aquéllos que triunfan en la noche $in auroras del 
instinto, no dirigiría a vosotros, señores oyentes, mi palabra cálida 
de sinceridad a pesar de su rudo desaliño, humilde en mi lengua, 
pero altanera vibrando en mi corazón. 

Si adelantáramos una línea en la intrincada maraña del pasa- 
do nuestro surgirían evocaciones lústrales, capaces de competir 
con aquéllas de los viejos pueblos ^B^llevan sobre sus hombros la 
gravitación histórica de los siglos. Como si el Dios de las epope- 
yas, como si el Dios de las leyendas, como si el Dios de lo épico 
hubiera arrojado en el vientre de cada mujer un héroe, un cruza- 
do, un libertador, aquéllos legionarios que brotaron como por sin- 
gular encanto en la mañana inmortal de la Calera, habrían de mul- 
tiplicar su número y su esfuerzo, para producir el grandioso esta- 
llido revolucionario que se gestaba en el alma de los proceres 
cuando más oprimía el dogal de la tiranía: Si, comprendo la idea 
de Patria, señores, en esta admirable trilogía: LIBERTAD, CIEN- 
CIA Y GLORIA. 

Cuando en las exaltadas imágenes del cerebro emerge el gau- 
cho de la edad pasada, percibimos a la clara luz del sol de su 
emancipación, su legendaria silueta, mostrando la vincha blanca y 
ancha como la pureza de la finalidad turbulenta y trágica de sus 
ideales, enseñando su lanza con un gesto de sangrienta admoni- 
ción en la moharra, y hendiendo el espacio con su boleadora, que 
aprisiona en sus flexibles tentáculos, al más brillante porvenir na- 
cional. 

Yo respeto y admiro esos símbolos del gaucho errante due- 
ño y señor de la vastedad pampeana, venero el sagrado amuleto 
que en los altares nacionales perpetúa la leyenda redentora, in- 
maculada y vidente, de nuestra nacionalidad. Y así me forjo la Pa- 
tria como hija de su historia, para la fecundidad, para el amor, 
para el trabajo heroico. Todos fueron hidalgos y caballeros: Argi- 
gas... Artigas es la diagonal de fuego del volcán de la democracia, 
tendida en el cielo infinito de la Patria! Lavalleja... Lavalleja es el 
huracán de Sarandí, que arrasa con la prepotencia del pabellón 
auri-verde. Rivera... es la babel que se desploma sobre las huestes 
atrevidas del invasor. Andresito... Andresito es la conmixtión del 
león ibero con la cetrina raza charrúa, trozando las cadenas del va- 
sallaje; así, señores, entiendo 1a Patria, engrandecida por la con- 
tienda. La sangre corre; por las venas abiertas, se aspira en el ester- 
tor, de la agonía patricia, el soplo de la redención que se acerca. 

Y la redención se plasma en un nuevo pueblo emancipado, 
rebelde, y por ser rebelde, libre; en un concierto armónico de cla- 
rines victoriosos cuyas notas pasan sobre los mares y las monta- 
ñas, sobre los torrentes y las selvas para llevar al Mundo, la buena 

222 



nueva de que en las tierras de América, se modelan los faunos 
de las libertades, con el mismo arte que en los pueblos milenarios, 
se les enfrena y esclaviza. 

El ideal del generoso Libertador Artigas, no demarca fronte- 
ras: su ensoñación, su fraterno abrazo comprende todo lo que 
puede abarcar la hora suprema que le arroja a defenderla integri- 
dad Cisplatina, penetra con su alma bíblica, el alma de sus pue- 
blos que le aclaman y le siguen como a Cristo los dolientes gali- 
leos; modela con sus ideas singulares el espíritu de sus hermanos; 
arroja todas las simientes del derecho, en el surco que abre el tajo 
de su espada, para que nazca y florezcan en él, las fuerzas que han 
de producir las patrias futuras, y... luego se hunde en las entrañas 
paraguayas para verter el bálsamo de su corazón, sobre los tacitur- 
nos desvalidos moradores de aquéllas soledades. 

Es la psiquis de este hombre grandioso la que grita sobre el 
dorso de la Piedra Alta, “Somos Libres”, y declara “írritos, nulos, 
y sin ningún valor”, todos los hechos de la tiranía, todos los avan- 
ces sin límites de los conquistadores. 

Sobre las márgenes de este mismo rio con neurastenias de 
plata, pero más hacia las nacientes-una gran piedra sirvió de tri- 
buna hace noventa años a los defensores del organismo demócra- 
ta en que debía engastarse el soberano pueblo y fue en aquella 
misma tribuna, donde Zorrilla de San Martín, el genial Poeta núes 
nuestro, ungió dé aromas y triunfos su inmortal leyenda “ES LA 
VOZ DE LA PATRIA, -PIDE GLORIA” 

Escuchemos: parece que desde el pasado remoto, un eco in- 
terminable repite: 1< PIDE GLORIA”. 

Démosle esa gloria, señores, regando el surco con la santa 
gota de agua de la frente, y labremos con el buril del trabajo, el 
engrandecimiento de lo que llamamos hogar, de lo que llamamos 
escuela, de lo que llamamos nación. He dicho. 


223 



LILY PONS 


Sea por Marconi, nuestra viva expresión de gratitud. Si él 
no hubiera captado la onda vagabunda, errante en el sutilísimo 
éter, nosotros no hubiéramos podido entregar nuestro espíritu a 
la emoción sugestionante que causan los cordajes singulares y ma- 
ravillosos de la estupenda garganta de la diva. 

Cuando la raíz emotiva se hunde en las profundidades del 
alma, huye impotente el vocablo, ante la imposibilidad de tradu- 
cir la íntima vibración que configura en nosotros un estado psí- 
quico extraordinario: lo qu^jü&bra nos ocurre. 

La disertación técnica en precisa escolástica musical, daría 
una “información” del arte que domina Lily; pero la sensación 
que se apodera del espíritu, la trasmigración poética, la escala de 
dulzuras infinitas que mueven las intangibles potencias que la Vi- 
da aprisiona, -ésas— no se diseñan con signos de pre— establecida 
convención, no se pintan con pinceles humanizados de tintes y de 
sombras, porque, lo que se refugia en las amplias praderas de lo 
inmortal, pertenece a Dios, como a Dios pertenece lo infinito y lo 
infinitesimal. 

¿Qué organización maravillosa, qué invisible orfebre, hicie- 
ron, por excepción, un órgano vital armonioso capaz de producir 
el éxtasis, el ensueño o la enajenación? ¿Qué sabio Hacedor, con 
el buril de lo imposible, modeló la divina gama de vocales sonori- 
dades? 

¿Para qué tejer parábolas con pájaros, fuentes y favonios? 
La que como Lily Pons, lleva en su garganta las armonías de todas 
las orquestas, la que aloja en su laringe todos los misterios del so- 
nido de la palabra humana, es superior a esa conciencia universal 
de las armonías sub— humanas, porque la cautivante hechicera, es 
una realización que se tuvo por imposible. Adelina Patti, cuyo 
arte vocal llevó en pos de sí las más inteligentes popularidades del 
Río de la Plata, no fue más grandiosa que Lily: Nellie Melva, que 
levantó una tempestad en medio a la desconcertante y perpetua 
tempestad newyorquina, no es mayor que la imponente diva fran- 
cesa, laureada por el público de Montevideo con la frenética locu- 
ra de su aprobación singular. Soprano de sopranos, Lily Pons, exi- 
mia mujer de origen catalán, extenderá sobre la tierra un hilo de 
armonías sutilísimas, como si quisiera ungir los pueblos de castas 
diversas, en la emoción virtual del talismán de su voz, frente al pu- 
rísimo cielo del arte, segunda naturaleza del hombre civilizado... 

Cuando la amarga onda del Océano empuje hacia remotas 
playas el navio de Lily, sean para ésta, salud y felicidad, a fin de 
que cante como las sirenas de las muertas mitologías, las leyendas 
del Mar y el cataclismo de Atlántida. 



EL MAESTRO 

FROILAN VASQUEZ LEDESMA 


De esto hace un año. 

Todo un pasado treintenario desfiló ante la visión cerebral: 
los cuadros escolares, el tiempo en que vivíamos, las horas alegres 
y soñadoras del primer amor, las rutas que el tiempo borra, la vi- 
brante juventud sin desencantos, confiada y feliz, todo, todo em- 
balsama de embriaguez aquel recuerdo que gira en tomo del maes- 
tro amado. 

Y ya hace un año. 

El amor de un pueblo grato, rodeó sus despojos y le acom- 
pañó hasta el borde de la tumba. El llanto de los buenos, la emo- 
ción fraterna, se vieron en los semblantes de jóvenes y viejos, de 
hombres y de mujeres: es que en aquellos legionarios del dolor, 
muchos habían forjado su espíritu en el espíritu del Maestro que 
entregamos a la eternidad. 

Como si hubiera sido el tronco inicial de una estirpe al que 
rodearan sus ramas frondosas, en vida le circundamos de afectos 
y consideraciones como al patriarca excelso que ganó el corazón 
de su pueblo volcando en él la copa del bien, exprimiendo el po- 
mo de sus esencias más deliciosas y sutiles frente al fecundo sol, 
risueño y puro, rendimos homenaje a su memoria. 

Su vida fue ejemplo de siembra intelectual, de hábil educa- 
dor, preparando a las generaciones para afrontar las “resonancias 
del camino”. 

La historia de Canelones llenará en sus tomos profusos una 
página emotiva, cálida de este institutor, poeta y escritor que 
terminó de magistrado sus funciones públicas, donde perdurará su 
ejemplar hombría de bien, jamás empañada en la ardua lucha. 



PERFILES 


MARGARITA FIGUEREDO 

La categoría de la actividad, 
depende de la vocación. 

Ruge aún el viejo método y parece que el “catón” será eter- 
no, que ha de reinar por mucho tiempo, como elemento primor- 
dial de los primeros principios del educando. La incredulidad, mi- 
croscópica fortaleza, contra la que se estrella el valor más puro y 
eficaz de la ciencia, reina aún ($pF£quél tiempo), en las filas de la 
enseñanza nacional. Es necesario que se aproximen a los exiguos 
legionarios de la reforma, nuevos abanderados, porque la vieja rai- 
gambre llega a las capas profundas del espíritu. 

La campaña —esas solitarias poblaciones de tierra adentro— 
sufre más que la ciudad, el peso de plomo de la vieja norma. Valo- 
res eminentes son llamados a las filas, a fin de ir sustituyendo al 
viejo dómine empotrado en la lección de memoria, en la fidelísi- 
ma repetición del texto. De esta región, se incorpora valiente y 
concientemente, MARGARITA FIGUEREDO, con las energías 
que da la juventud, y, desde sus primeros pasos, dio al nuevo pro- 
blema pedagógico, toda la importancia y trascendencia que son 
capaces de dar a los grandes gestos humanos, un ponderado cere- 
bro, y un gran corazón. Temperamento bien forjado, hijo de 
aquélla fragua en que se moldearon hombres y mujeres, para re- 
dimir la Patria, MARGARITA FIGUEREDO en su devoción sa- 
grada por el niño, fue esfoizado paladín de la gran cruzada. 

Nada amilana su decidida actitud frente a su grey. Su alma 
de mujer, con todas las humanas ternuras, no excluye tempera- 
mento enérgico, que afronta la dirección de escuelas difíciles, 
como fue por entonces, la de varones en Migues, localidad donde 
reinaba el caudillismo semi— bárbaro, cuyo cetro detentaba el ex- 
celebérrimo comandante Falero, espécimen famoso, célula male- 
volente que mantenían a flore, los mandatarios de la época. 

La Srta. de FIGUEREDO, no temió el medio en que iba a 
actuar, medio agresivo, donde ni los comisarios calentaban mucho 
el asiento. Y allí en Migues, hizo obra proficua, magnificando el 
templo de la educación pública, y, con frase persuasiva, despertó 
los cerebros infantiles de esa atonía en que otros los mantuvieron, 
y actuando de consejera en los numerosos asuntos que aparejan la 
intervención del Institutor. La época de su labor en Migues, fue 
continuación de una lucha anterior sostenida en esta misma ciu- 
dad, contra elementos adheridos al viejo modismo, como a la roca 
se adhiere la madrépora. Jamás ha decaído su empeño de luchado- 
ra. Aún hoy, vibra su alma ante los problemas escolares. Su actua- 
ción en exámenes, comisiones diversas dentro de las actividades 
de la Escuela Primaria, contribuyó y contribuye a plasmar con 
brazo fuerte, el noble empeño del Reformador. 

226 



Y ahí está, después de cuarenta anos de lucha, y con singu- 
lar clarovidencia, hablándonos de los problemas actuales, a los 
que destina preferencia, y pone en ellos amor como en sus mejo- 
res días de dinamismo pedagógico, cuando esparcía ejemplos de 
gran educadora, tantos como los que esparció y esparce, de acri- 
solada virtud. 


227 



EL COPETIN 


Para Américo del Cioppo 


En la farsa galante destilando humorismo 
Copetín transparente que serojas un ámbar. 

Entre locas historias y en absurda hecatombe 
Son tus lindos efebos, efebos que pasan . . . 

Copetines en torno del figón indecente. 

Cabe mesas pringosas, lagrimeando esperanzas, 
Copetín aristócrata, de elevados coturnos 
En los labios virgíneos de los “sangre más alta”. 

En los cielos lejanos de supremos deliros 

las montañas mayores en tus hombros cabalgan. 

Copetines suntuosos de los nobles señores. 

Que en las sirtes del vicio sus miserias arrastran . . . 

Copetines de fanto de la turbia marea 
De noctámbula gula, de noctámbula traza, 

Sois acaso los mismos que llegáis al palacio 
Y encontráis a la dueña, fatalmente borracha. 


228 



CANTAR DE LA ESTRELLA LEJANA 


A Don Ramón Cattorda y Díaz , 
en retribución a la gentileza 
de su ofrenda. 


España tiene tres Ramones, cualesquiera 
de ellos prestigiosos en extremo, a saber: 
Gómez de la Serna, Pérez de Ayala 
y Valle Inclán. Canelones tiene 
uno sólo, y se sobra. 


Leja estrella que miro 
y devuelvo mi mirar, 

Por lo mismo que suspiro 
Ella no suspirará? 

Estrellita en que la luz 
es tu razón de existir. 

Si vieras cómo me duele 
Estar tan lejos de tí! 

Pero se que tú me oyes, 
Como a tí te veo yo, 

Porque mi canto subía 
Cuando tu luz descendió. 

Tu luz que llegó cansada 
Como a ti llegó mi voz, 

Pero como eras mi hermana. 
Nos comprendimos los dos. 

Hermana mía lejana. 

Que negro es mi corazón ! 
Mas el tuyo es dulce y claro 
porque está cerca de Dios. 


lo. enero 1930 
“RUMBOS” 
Atahualpa del Cioppo 



ACADEMIA NACIONAL DE LETRAS 
SOLIS 1446 (Palacio Taranco ) 
Montevideo - Uruguay 


Montevideo, enero de 1978 

Señor Intendente Departamental de Canelones 

Don Gervasio González 

Canelones 

De nuestra m ayor considera ción : 

Tengo el agrado de comunicar al Señor Intendente que la 
Academia Nacional de Letras ha estudiado la obra del escritor y 
poeta Don Ramón Callorda y Díaz y por tal motivo ha resuelto 
dirigirse a las autoridades Departamentales de Canelones, con la 
intención de expresarle el beneplácito que le produciría la publi- 
cación de una obra anto lógica de la producción literaria del poeta 
de ese Departamento, de cuyo nacimiento se cumple un siglo el 
presente año. 

A tal efecto el Dr. Ildefonso Pereda Valdés, Miembro del 
Instituto, entrevistará en representación de la Academia a las 
autoridades Departamentales. 

Con tal motivo saludo a usted con la mayor consideración. 


Arturo Sergio Visca 
Presidente 


230 



RAMON CALLORDA Y DIAZ 
1878 - 1941 

Algunos datos biográficos 

Ramón Callorda y Díaz nació el 13 de noviembre de 1878 
en Las Piedras, departamento de Canelones, fueron sus padres 
Don José Callorda Zermeño y doña Angela Díaz de Callorda. Ca- 
sado en primeras nupcias con doña Elodia Verdaguer Vidal (tres 
hijos). Pasó su niñez en Las Piedras donde concurrió a la escuela 
Pública, trasladándose más tarde con sus padres a la estancia de su 
abuelo Juan Ramón Callorda que éste poseía en Cagancha, Depar- 
tamento de San José, donde se libró la célebre batalla del mismo 
nombre: Rivera contra Echagüe, el 29 de diciembre de 1839. Ahí 
aprendió las faenas del campo y a orientarse con psicología prácti- 
ca extraída de los usos y costumbres de la época. 

Siendo niño leía en voz alta, junto al fogón, “El Negro Ti- 
moteo” (diario de la época). 

Poseído de la febril autodidacia se graduó de Maestro en 
1898 ejerciendo el Magisterio Pos-vareliano en Santa Lucía, de- 
partamento de Canelones hasta 1912 en la única escuela pública 
de aquella localidad dirigida entonces por la prestigiosa figura de 
Don Luis Saqués y Molins. Desde 1913 a 1933 desempeñó el car- 
go de Secretario-Tesorero de Instrucción Pública. Hombre de múl- 
tiples facetas logró amalgamar sus inquietudes intelectuales y lite- 
rarias con sus diversas actividades profesionales y comerciales que 
le permitieron tranquilidad económica. 

Miembro de la Asamblea Representativa durante dos perío- 
dos, bajo la Constitución de 1918. 

Miembro durante tres períodos de la Junta Electoral de Ca- 
nelones. Corredor y Rematador de sostenida actividad en todo el 
ámbito departamental durante las décadas del 10, 20 y 30. 

En 1922 organizó un Curso Nocturno para Adultos en la 
ciudad de Canelones que tuvo singular éxito en aquella época, de- 
sempeñando personalmente las funciones docentes y administrati- 
vas en forma honoraria por espacio de varios años. 

Asumió defensas públicas y privadas de variada naturaleza; 
persuadido quizá de que el trazo viril de su pluma acusaba ostensi- 
blemente su presencia. 

Dentro del conjunto de múltiples tareas ejerció el periodis- 
mo en forma ininterrumpida por espacio de más de treinta años 
en revistas y periódicos del interior del país y de la capital; “La 
Democracia” diario montevideano, los periódicos “Surcos”, 
“Rumbos”, “Nuevos Rumbos” y “Espacio” de Canelones, “Los* 
Principios” y “El Pueblo” de San José, las revistas “Mundo Uru- 
guayo”, “Surcos” y “Delfos” nutrieron sus columnas con frecuen- 
tes colaboraciones, firmadas generalmente con el seudónimo de 
MAXIMO YUNQUE, sin que haya sido éste únicamente el seudó- 
nimo usado. 


231 



Su estilo, rápido, incisivo y picante, generalmente lleno de 
fuego e inspiración, pasa sucesivamente de la ironía a la elocuen- 
cia ardiente y sincera. Sus composiciones literarias o planteamien- 
tos sobre problemas regionales o departamentales, atrajeron la 
atención de la época durante las décadas del 20 y del 30. 

Autor de dos obras de extraordinaria originalidad, “Los Idi- 
lios de la Granja” sonetos inéditos de 1930, y “LO QUE DICEN 
LAS COSAS” obra inconclusa a raíz de su enfermedad. 


232 



NOTA NECROLOGICA 


Aparecida en el periódico “Nuevos Rumbos” del sábado 10 
de mayo de 1941 . 

RAMON CALLORDA Y DIAZ 

Ni alambicamientos, ni lentas maduraciones: escribimos 
bajo la inspiración del momento emocional que, repentinamente, 
vivimos. Y así nacen precipitadas, ardientes, las palabras, ante el 
sacudón de la realidad que es la materia vencida en Ramón Callor- 
da y Díaz. 

Personalidad singular, polifacética, fue maestro, periodista, 
literato. Bajo estos dos últismos aspectos, le conocimos. Poeta, se 
mantuvo ajenado a las nuevas escuelas; impresionaba con las imá- 
genes de oro que amonedaba én estrofas armoniosas. Prosista, vol- 
caba en páginas medulares, interesantes aportes culturales. 

Ramón Callorda y Díaz fue, en estos tiempos inciertos, de- 
mócrata sincero; defendió con la pluma sus ideas; “que también 
eso —como se dijo cuando el sitio de Montevideo— es lucha”. In- 
telectual másculo; polemista de innegable nobleza, hombre diná- 
mico, puso de relieve las calidades de su espíritu de selección. 

“Nuevos Rumbos”, que se honró con sus colaboraciones va- 
liosas. despide con emoción al amigo que se ausentó y trasmite a 
sus dignos familiares la expresión del sentimiento que tiene de su 
aflicción. 

Para un trabajo a dar en próxima edición, dejamos glosar, 
en más completa forma, la personalidad del intelectual desapare- 
cido. 

No podemos hacerlo, ahora, en el molde de una nota necro- 
lógica. No podemos hacerlo, ahora, que hemos de sentir... y ca- 
llar. El dolor empuja al silencio, al repliegue interior. De ahí, la 
falsedad de las pintifras, debidas a novelistas, de reacciones ante lo 
irreparable; de ahí, también, lo declamatorio, hasta resultar cho- 
cante, de los parlamentos de obras donde muchos autores hacen 
novelasen el teatro...” 


MI HOMENAJE 

(Del mismo periódico de 17 de mayo) 

Cayó como vivió; sin claudicaciones, con la altivez de su 
inmenso espíritu y la satisfacción de su conciencia pura. No supo 
de adulaciones, ni renunciamientos, aún en situaciones penosas. 
Conservó integral la hidalguía de su estirpe. Jamás se apartó de 
sus sentimientos de justicia y redención, por conveniencias perso- 
nales. Y como el ave, lanzó la verdad a todos los vientos, como 
un manto supremo de su propio ser. La arenga pública fué el ar- 
ma que esgrimió en las nobles luchas cívicas. Su voz que tenía la 
vibración del trueno, fué anatema contra los falsos apóstoles. Su 

233 



pluma de fuego, fustigó a los politiqueros, señalándole el verdade- 
ro camino del bien. Y fué antorcha en medio de la borrasca, que 
marcó derroteros a los hombres de sanos propósitos. Pudo llegar 
a las alturas, por sus vietudes y su extraordinaria capacidad, pero 
prefirió al halago material, conservar intactas sus virtudes persona- 
les natas. Fué un sembrador de ideales puros, que no recogió en 
estos tiempos de tanta venalidad, el fruto deseado, pero cuando 
madure más el espíritu de los que conocieron la obfa civilista y 
ciudadana de este gran corazón, irán a su tumba apretadas colum- 
nas a rendirle el homenaje de admiración y respeto que no reci- 
bió en vida, por la falta de comprensión de sus conciudadanos. 
Su obra olvidada en los archivos de tantas corporaciones guberna- 
mentales y partidarias, servirá algún día de ejemplo orientador a 
los ciudadanos íntegros e idealistas, que la República anhela pa- 
ra su salvación moral y reconstructiva. No pudo la envidia ni la 
calumnia roer en su espíritu de bronce. Fué en la adversidad más 
fuerte que nunca; sus pasos más firmes y su frente amplia más er- 
guida al sol. Podía decir como el poeta: “La adversidad podrá 
quitarme el triunfo, pero la gloria no”. 

GIL CASULLO. 

Del número 27 de diciembre de 1941 

UN HOMENAJE A DON RAMON CALLORDA Y DIAZ 
Fué un hombre poético. Se distinguió como institutor de 
vocación cardinal, de orientación noble; como orador, y fué dis- 
tinto al espécimen superficial de largos períodos sonoros y va- 
cíos; como poeta, apegado a lo clásico dominador de lo clásico, 
dominador de la forma, creador de la imágen que se daba, subir 
ta y bella, como una llama. En el periodismo se reveló como la 
antítesis del cultivador de lo anodino, del ente de flexibilidades 
cortesanas: en ésta actividad fué también maestro, cuya labor fué 
seguida con atención y respeto. Ramón Callorda y Díaz no fué 
de aquéllos que “mueren para ser enterrados”. Dejó una obra her- 
mosa hija de su espíritu, prolongación suya como prolongación 
suya son sus descendientes que nos dan, triplicada, una imágen 
juvenil, como una restauración milagrosa. Fué de los hombres 
con quienes 9e podía conversar en Canelones. “Parleur” intere- 
sante, hábil en la esgrima verbal, acusaba un espíritu inquieto, 
desvelado por la pasión del arte . 

Parte de su obra la dió a conocer en publicaciones como “Nuevos 
Rumbos”, que se honró con su colaboración sostenida. 

Pero lo más valioso de esta obra, permanece inédito, escondida 
al conocimiento público, rico mineral de sus minas interiores. Pa- 
ra dentro de breve lapso, se proyecta rendirle un homenaje. En su 
tumba será colocada una placa. Varios oradores interpretarán la 
oración de sus amigos. Las contribuciones espontáneas para este 
acto, puede enviarse a los Clubes Sociales. Será una ceremonia 
sencilla de gran valor espiritual. 

234 



Juicio crítico de Antonio Nicolás Pascal publicado en 
“Nuevos Rumbos’’ de fecha 17 de mayo de 1941 

RAMON CALLORDA Y DIAZ 
Su obra multiforme y Fecunda 

Bajo la tarde de mayo, de belleza vulgar. Unos cientos de 
personas congregadas en el Cementerio de Santa Lucia. Mirando 
el acompañamiento y recordando el público que va a la Necrópo- 
lis, con el cadáver de algún figurante de la política o del deportis- 
ta cargado de elogios, se pensaba en una disminución y, eso, por 
aquéllo de que: selección-reducción, se consideraba como algo 
lógico. Se iba a dar sepultura a Ramón Callorda y Díaz, al hombre 
que era uno de los representantes de la jerarquía intelectual de 
Canelones. No se trataba del versificador, que el vulgo categori- 
za como poeta; del chafandín de los triunfos ruidosos y la obra 
vacía. Imágen del artista auténtico, de multiforme obra y fe- 
cunda, no otra cosa significaba Ramón Callorda y Díaz de quién 
alguien, de pronto, comenzó a hacer resaltar los méritos. Un hom- 
bre eiyuto, encanecido, parecía merced a ciertos movimientos 
nerviosos de la boca, repetir las palabras del orador a cuyo frente 
estaba situado. Observándole, dimos en pensar que allí donde 
Ildefonso Pereda Valdés, Meló, etc. no faltaban, todos se encon- 
traban repitiendo mentalmente las palabras de exaltación y des- 
pedida, como en una oración-colectiva- que nuestro personaje 
hacía evocar. 

Callorda y Díaz fué maestro. Estaba retirado de las acti- 
vidades docentes, cuando le conocimos. En verdad nunca dejó de 
ser maestro. Más que la influencia de lá propia función, la voca- 
ción pdría explicar la persistente tendencia a doctrinar, que es 
una de las características de su labor de periodista, colaborador 
de distintas* publicaciones. No fué el periodista “standard”, orien- 
tado hacia la caza ávida de la noticia y la inflación de su bulto; 
perspicuo y pulcro, rebelde a las concesiones al gusto público, no 
desmereció ni aún en los momentos de apasionada polémica que 
sostuvo con otros colegas y con nosotros mismos: el expediente 
lamentable, la burla bufonesca, tenían que ser desconocidos de 
quien no había menester intentar rebajar, para encumbrarse. 
Veámosle bajo otros aspectos: 

“El necio charlatán nos fastidia -escribió Barret-, no con- 
cibiendo el talento egoísta; el sabio que calla nos roba”. Hemos 
recordado esas palabras del articulista admirable, a propósito de 
“Máximo Yunque” -Ramón Cllorda y Díaz— cuya despreocupa- 
ción por reunir en un libro su producción literaria, deploramos 
siempre. En distintos órganos de la prensa nacional, ha publica- 
do innumerables artículos, muchas poesías de corte clásico. Pe- 
ro quienes lo hayan tratado y penetrado, esas elucubraciones no 
dan la medida exacta de su inteligencia, como algo incompleto, 
diríamos, mutilado. Porque el maestro de conocimientos sóli- 

235 



dos, el “causseur” interesante al que, sin duda, le pesa, como una 
cruz, la chatura del medio-fisgoneo, humorismo grueso, días y 
días que son, en su vida, como reproducciones de una estampa 
incolora -no na dado a conocer sus verdaderas creaciones litera- 
rias. Mario Méndez, más sintético, inclinado a la descripción, re- 
sulta discreto en su “Arca Nativa”. Callorda y Díaz como cantos 
folklóricos, aporta algo excelente con “Los Idilios de la Granja”, 
donde se observa una asociación entre el paisaje y los animales 
que, así aparecen en un escenario especial. Por varios motivos 
esa obra del intelectual de Canelones tendría vida robusta, a nues- 
tro juicio: El autor, como en un deseo de aumentar las dificul- 
tades, se ha sometido a rigores de perspectiva: sin descuidar la for- 
ma, y logrando sorprender con la musicalidad de sus versos, ha 
huido del arte demasiado dicho - a que se refirió Clemente Esta- 
ble, en un artículo interesante- “pedagogizando por explicativo”, 
prefiriendo sugerir, sugerir siempre, ideal moderno; haciendo una 
labor en que la falta del don de observación condenaría al fracaso, 
ha demostrado reunir cualidades preciosas para ün artista. Ade- 
más de “Los Idilios de la Granja”, Callorda y Díaz ha escrito 
“Lo que dicen las cosas” prosas rítmicas donde el estudioso que 
hay en él tiene oportunidad de manifestarse. 

El buen estilo, la visión sagaz, los toques filosóficos, ava- 
laron los trabajos reunidos en su último libro que hace deplorar, 
una vez más, la ausencia de editores nacionales y el descrédito en 
que han caído los incalificables torneos literarios organizados 
aquí. Su condición de obras inéditas, explica que no nos ocupe- 
mos de “Los Idilios de la Graiya” y “Lo que dicen las cosas”, 
con la extensión que merecen, yendo a disecarlas prolijamente. A 
éllas nos referíamos, cuando expresábamos que Callorda y Díaz 
no había publicado sus verdaderas creaciones, resistiéndonos a 
juzgarlo, tomando en consideración su producción más conoci- 
da, dispersa. Tal el juicio que, hace años, escribimos sobre el in- 
telectual auténtico que ha perdido Canelones. 


236 



Artículo aparecido en “EL NOTICIOSO” 
de fecha 23 de febrero de 1978 

NUESTRO EDITORIAL DE HOY 

Ha trascendido que la Academia de Letras del Uruguay, 
por ponencia de su integrante el escritor y profesor Doctor Il- 
defonso Pereda Valdes, acordó gestionar ante el Ministerio de 
Educación y cultura la creación de dos premios estímulos para 
escritores del interior exclusivamente; uno para obras éditas y 
otro para las inéditas. Propuso también el mencionado profesor 
y fue aprobado por la Academia, que ésta realice un acto en ho- 
menaje a los escritores del interior incluyendo, la ponencia, los 
lugares donde se realizaría el hecho: Paraninfo de la Universi- 
dad, Auditorio Vaz Ferreira o Palacio Taranco. 

Interesa o no interesa para el espíritu que inspira esta no- 
ta editorial el lugar que se designe, que indudablemente, jerarqui- 
zaría el mismo la sola mención de los lugares escogidos; lo que 
interesa sí, de nuestro punto de vista, es la iniciativa de ese al- 
tar del saber que es la Academia de Letras del Uruguay v la sen- 
sibilidad del Prof. Dr. Pereda Valdes, para ese recuerdo a los escri- 
tores del interior no porque hayan sido olvidados, sino porque 
ese reconocimiento, salda (también existen “saldos” en las co- 
sas del intelecto) de alguna manera, el déficit de silencio en que 
descansa la obra que dejaron los que se fueron de la vida, la 
que requiere estímulo de este origen y naturaleza. 

Al mismo nivel y altura de la iniciativa, en sí, se inclu- 
ye por parte del proponente, un hecho cocreto que tiene rela- 
ción con Canelones que “El Noticioso” aprueba y apoya: 

La edición por parte de la Intendencia Municipal del De- 
partamento, con la intervención de su Departamento de Cultura 
denominado “Eudoro Meló”, de una antología poética del ex- 
tinto don Ramón Callorda y Díaz fallecido hace 38 años. Re- 
cordamos el título de uno de los libros: “Los Idilios de la Gran- 
ja” tenía, si no lo recordamos mal, material para otro libro 
que ordenaba cuando lo sorprendió la muerte. 

Algunos de los poemas y sonetos incluidos en el mensio- 
nado título fueron publicados en el periódico “Nuevos Rumbos” 
que dirigía por aquel entonces Antonio PascaL aue anarte de ha- 
ber sido un hombre culto y de fina sensibilidad, filé su gran admi- 
rador y el que junto al poeta Carlos María del Cioppo y a Leopol- 
do Torterolo Lumaca propietario del periódico fueron los que 
más se ocuparon de la obra de Callorda y Díaz y de sus altos 
valores intelectuales. La edición de la antología poética del desa- 
parecido intelectual, recupera de alguna manera olvidos de valo- 
res que, por distintas circunstancias, permanecían en la silencio- 
sa oscuridad de la biblioteca o en polvoriento cajón del viejo es- 
critorio que fuera confidente del soñador aue se ocultara b^jo el 
seudónimo vigoroso de “Máximo Yunque”. De ahí que la propo- 

237 



sición del académico y profesor que desempeñara una cátedra en 
el viejo Liceo de Canelones hoy elevado a la categoría de Institu- 
to “Tomás Berreta”, señor Pereda Valdes, corrige de alguna ma- 
nera el olvido en que vivió don Ramón luego de su merte. Maes- 
tro vareliano, poeta, periodista, orador de su tribuna política y 
del acto literario, esta iniciativa a tan alto nivel, lo reiteramos, re- 
cupera a un valor olvidado y le daría a canelones la oportunidad 
de incluir en su acervo bibliográfico una obra de positivos valo- 
res literarios. 

La iniciativa que la Academia de Letras ha hecho suya, 
motivará la visita del Dr. Pereda Valdes y del Académico Barrios 
Pintos de otro integrante de la misma que, conjuntamente con al- 
gunos vecinos de esta ciudad y representantes de las instituciones 
culturales y sociales del medio, constituirán una Comisión para 
visitar al señor Intendente e informarlo de la iniciativa y finalmen- 
te la propia Academia de Letras oficializaría la solicitud de la 
Antología poética del recordado vate: un hombre noble, humano 1 
y de espíritu amplio. 

De ahí el apoyo que “El Noticioso” brinda y ofrece a la 
feliz iniciativa del Prof, Dr. Pereda Valdes, con la aprobación uná- 
nime de la Academia de Letras del Uruguay. 



ARTICULO APARECIDO EN EL DIARIO “EL PAIS 
EL 21 DE ABRIL DE 1978 -(Pag. No. 11)- 

LA ACADEMIA NACIONAL DE LETRAS SE INTERESA 
POR LA OBRA DE DON RAMON CALLORDA Y DIAZ 

Gestión ante la Intendencia de Canelones. 

En el correr de estos días una Comisión del Instituto en- 
trevistará a las autoridades departamentales de Canelones, a fin 
de expresarles el beneplácito que le produciría la publicaciín de 
una antología de la obra inédita del escritor y poeta de Canelones, 
de cuyo nacimiento se cumple un siglo el presente año. 

En efecto; Don Ramón Callorda y Díaz educacionista 
Pos-vareliano, entregó sus intensas inquietudes al periodismo y 
a la cultura regional. Revistas y Periódicos del Interior del País 
“NUEVOS RUMBOS” y “ESPACIO” de Canelones, “LA DEMO- 
CRACIA” diario Montevideano, nutrieron sus columnas con fre- 
cuentes colaboraciones, ya de composiciones literarias o planea- 
mientos sobre problemas regionales o departamentales que atraí- 
an la atención de la época durante las décadas del 20 y del 30. 

Obra de justicia, ésta que emprende el Instituto de las le- 
tras al exhumar memorias que dejaron huellas de alto valor en el 
pensamiento y en la belleza literaria de tierra adentro. 

Estamos seguros que miembros de la sociedad de aquélla 
época pondrán atención a esta actitud enaltecedora de la Acade- 
mia Nacional para coadyuvar en una expresiva y elocuente re- 
cordación. 


239 




SEUDONIMOS UTILIZADOS POR 
DON RAMON CALLORDA Y DIAZ 


De 1898 a 1907 - VECTOR 
De 1908 a 1922 - FRAY GERUNDIO 
De 1923 a 1940 - MAXIMO YUNQUE 




INDICE 

Dedicatoria 1 

Prólogo 3 

Para el lector 7 

LOS IDILIOS EN LA GRANJA 

En la granja 1 1 

La vaca 12 

La ratonera 13 

La piara 14 

La paloma 15 

El colibrí 16 

El canario 17 

El perro 18 

El cocuyo 19 

El caballo 20 

El conejo 2 1 

Las abejas 22 

El gallo 23 

El gato 24 

El gorrión 25 

El pato 26 

Mangangaes y mariposas 27 

La lechuza 28 

Lamula 29 

El teru-tero 30 

El hornero 31 

La hormiga 32 

La calandria 33 

La liebre 34 

Las cabras 35 

El burro 36 

La gallineta 37 

El buey 38 

Los pavos 39 

La granja 40 

CANTOS DE AMERICA Y CANTOS PATRIOTICOS 


Vuelo de cóndores 
Homenaj? 

12 de Octubre - América 


43 

44 

45 



Pampas y montañas 47 

Playas de América 48 

CantoaZabala 50 

A Mayo de 1810 54 

25 de Agosto - Grito de Redención 55 

La batalla de Sarandí 57 

1811 -La Calero - 1930 59 

Relación 60 

Soneto patrio 62 

Recuerdos patrios 63 

Bronces de gloria 64 

OTROS POEMAS 

A Julio Herrera y Reissig (en la eternidad) 67 

Florencio 68 

A Delmira 69 

Al mirlo muerto 71 

A una muñeca de confituras 72 

En el cementerio mirando la muerte 74 

Cristo redentor 76 

Lo que se esfuma 77 

Adriana 78 

La ermita 80 

Anhelo 8 1 

Estival 82 

Gavroche 83 

De mi pasado 84 

El membrillero 85 

Mi canario 86 

El nardo 87 

Rosario (el rancho del domador) 88 

El ciego Santos 9 1 

Pancho 93 

Jesús 94 

Asonancias 95 

En la roca inaccesible 97 

Quisiera 98 

Psíquicas 99 

Convicciones 100 

Invernal 101 

El enjambre 102 

Resurrección 1 03 

Invocación 104 



Rumores 105 

Golondrinas que llegan 1 06 

Se van 107 

Cuadro 108 

Flor de Boulever 109 

El prisma de la pampa 1 10 

La violeta 112 

Lo que se esfuma 1 13 

En invierno 114 

Soneto 115 

Emoción playera 1 16 

lo. de Mayo 117 

José Pedro Varela 118 

Versos a mi amigo Eugenio Casanova 119 

Viejo sillón 121 

Cuadros 123 

Anatema terato lógico 1 24 

Carta en verso a Bernardo Pérez de los Campos 125 

A una máscara 127 

A mi padre 128 

Salmo a la torta frita 129 

Disculpe 130 

Amistad 131 

Veinte años 132 

La misión 134 

Miserias 135 

Himnos del río 136 

Mis canciones 137 

Al pasar 138 

Consonancias 1 39 

Rosa de octubre 140 

Ayer 141 

Paisajes 142 

El sapo y la rana 143 

La perdiz y la paloma 144 

El león 145 

El zorro y la comadreja 146 

La comadreja 147 

El cerdo y el pato 148 

Al claro de luna 149 

Claro de luna 150 

Estival 151 

En la playa 152 

Tres eminencias 153 



Rubén Darío 

154 

Ensueño 

155 

Muñeca linda 

156 

En invierno 

157 

Oración 

158 

Con el ala rota 

159 

Tu piano 

160 

Habla un muerto de hace cien años 

161 

Tiempo 

162 

Primavera 

163 

La primavera 

164 

Improvisación ante la carreta de Belloni 

165 

El borracho 

166 

Gris perla 

167 

Ayer 

168 

Soneto (A Ramón y Cajal) 

169 

Divino jardinero 

170 

Mi rosal 

171 

Tu florero 

172 

Fugaz 

173 

Sient Nubes 

174 

La tisis 

175 

Carnaval * 

176 

Los pinos 

177 

Lirio enfermo 

178 

Evocación 

179 

Al señor soneto 

180 

Al ocaso 

181 

Crisálida 

182 

Cantares 

183 

LO QUE DICEN LAS COSAS y PAGINAS EN PROSA 

Yo y mi bufete 

187 

La péñola y el tintero 

190 

El perro y la cadena 

193 

La golondrina la antena y el mástil 

195 

El oro y las arenas 

197 

El árbol y la hoja 

200 

Viejo reloj de Nuestra Señora 

201 

Analfabetismo 

202 

Fuego fatuo 

204 

La vida y la muerte 

206 

La acción judaica 

208 



Las meditaciones d e Dn. Patricio 210 

Historias del Pago 212 

Historias del Pago 214 

Historias del Pago 216 

Historias del Pago 219 

Chocano 221 

Discurso sobre el 25 de agosto 222 

Lily Pons 224 

El maestro (Froilán Vásquez Ledesma) 225 

Perfiles (Margarita Figueredo) 226 

El copetín 228 

Cantar de la estrella lejana 229 

Academia Nacional de Letras (Nota) 230 

Ramón Callorda y Díaz (Algunos datos biográficos) 231 
Nota necrológica / o > i_ 233 

Nota necrológica 234 

Juicio crítico de Antonio Nicolás Pascal 235 

Artículo Editorial de “El Noticioso^ 237 

Artículo del diario “El País” de fecha 2 1 de abril de 
1978 239 


* • • 




Se termino de imprimir 
el 30 de Noviembre de 1980 
en los talleres gráficos 
de Impresora Mineplan 
de Díaz y Neves S.C. 

Depósito Legal No. 158.437/80 

Comisión del Papel 
Art. 79 Ley 13.349 






104/296 


RAMON CALLORDA Y DIAZ. 1878 


Sus primeras composiciones 
datan de 1898. La inspiración no conoce límites y se lanza libremente a través de 
los campos del ensueño y de la fantasía que constituyen la esencia medular del 
romanticismo. 

El fuego de inspiración y el entusiasmo vuelven a aparecer en él tanto en la 
poesía romántica como en la épica. La sensibilidad es despertada por lo particu- 
lar y lo concreto, observa preferentemente los rasgos característicos que separan 
los hombres de las cosas y tiende al color y a la diversidad apasionándose tam- 
bién de lo pintoresco y humano del ámbito local La naturaleza, entra en comuni- 
dad con él, presta a ésta sus emociones que cree volver a encontrar en ella y la 
naturaleza, a su vez, se insinúa en él por medio de mil voces secretas, meciéndole, 
controlándole, tranquilizándole e inspirándole el olvido y la resignación. Tenía la 
inquietud ardiente de saber lo que somos, a donde vamos, y de penetrar el enig- 
ma del mundo y al misterio del destino. Su inspiración espiritualista y cristiana 
se manifiesta en cantos de fe y de reconocimiento, blasfemia o desesperación. 
Descender al fondo del corazón y poner enfrente de nuestras pobres y cortas 
alegrías las amarguras, la desilusión y las decepciones; interrogar lo infinito, de- 
mandarle el secreto de la vida y de la muerte y acabar de convencerse de este 
modo de lo incompleto de nuestro destino, es más de lo que necesita para llenar 
el alma de tristeza y alimentar en ella esa melancolía, que fue la vibración perma- 
nente del poeta en el deambular de hondas reflexiones.